Washington ha enviado a los aliados de la OTAN un cuestionario para medir su lealtad a la política exterior de Donald Trump antes de decidir cómo redistribuirá su despliegue militar en Europa. Lo que me llama la atención del documento, adelantado por Bloomberg, no es solo su existencia: es la crudeza de las preguntas. No se consulta por el compromiso con la Alianza, sino por la lealtad a una Administración concreta. Pregunta si los gobiernos han apoyado públicamente a Washington, si han restringido el uso de bases militares y si están dispuestos a favorecer contratos con empresas de defensa estadounidenses.
La iniciativa llega pocas semanas después de que el Pentágono abriera en junio una revisión de seis meses sobre su presencia militar en el continente. Ese proceso podría cerrarse en diciembre con nuevas reducciones de fuerzas. Estados Unidos mantiene entre 80.000 y 100.000 militares en Europa, con Alemania como principal centro de operaciones y bases esenciales para las misiones en Oriente Próximo y África.
Las preguntas clave del cuestionario
El documento apunta a varios frentes de fricción entre Washington y sus aliados. Estos son los puntos más sensibles:
- Si los gobiernos han manifestado públicamente su apoyo a la política exterior estadounidense.
- Si han impuesto restricciones al uso de bases militares por parte de Washington.
- Si están dispuestos a favorecer contratos con empresas de defensa de Estados Unidos.
- La falta de apoyo europeo a la guerra contra Irán y a la operación para capturar al expresidente venezolano Nicolás Maduro.
España prohibió que las instalaciones estadounidenses en su territorio fueran utilizadas para ataques contra Irán y posteriormente cerró su espacio aéreo a los aviones implicados en la campaña. El secretario de Defensa, Pete Hegseth, calificó de «vergonzosa» la negativa de algunos aliados a facilitar las operaciones.
«¿Por qué estamos gastando cientos de miles de millones de dólares y ellos no están ahí para nosotros?» — Donald Trump, presidente de Estados Unidos, cumbre de Ankara, julio de 2026
La Administración Trump sostiene que el despliegue debe adaptarse a otras prioridades estratégicas, especialmente el Indo-Pacífico. Trump convirtió el asunto en una prueba de la relación transatlántica durante la cumbre de Ankara de julio. Señaló expresamente a Italia, Alemania y Francia entre los países que habrían rechazado sus peticiones.
Lo que está en juego para la disuasión europea
Lo que veo en el diseño del cuestionario es una Administración que ha convertido la relación transatlántica en una variable de gestión. No se trata solo de cuántos soldados permanecen en suelo europeo. Es una negociación abierta sobre contratos de defensa, acceso a bases y alineamiento político. La revisión del Pentágono parte de una premisa clara: Europa debe asumir una mayor responsabilidad en la defensa convencional del continente.
El riesgo es evidente. Una retirada mal calibrada debilitaría la capacidad de disuasión frente a Rusia. Washington anunció en mayo la retirada de 5.000 militares de Alemania durante los siguientes seis a doce meses. Los cambios en los planes de despliegue hacia Polonia generaron confusión dentro del propio Pentágono y entre los aliados del flanco oriental.
Sin embargo, la cumbre de Ankara parece haber rebajado parcialmente la tensión. El secretario general de la OTAN, Mark Rutte, destacó la unidad de los 32 miembros. La declaración final insistió en que los aliados europeos y Canadá deben asumir una mayor responsabilidad en la seguridad transatlántica. La cuestión que queda abierta es cuánto puede reducir Estados Unidos su presencia en Europa sin fracturar el principio de disuasión colectiva. La próxima cita clave será en diciembre, cuando el Pentágono cierre su revisión.
🌍 El impacto en España y Europa
El cuestionario tiene implicaciones directas para España y para la política europea de defensa. El bloqueo de las bases españolas para la campaña contra Irán ha situado al país en el punto de mira de Washington. La posición española podría condicionar futuras inversiones estadounidenses en infraestructura militar dentro del territorio nacional.
- El debate sobre el gasto en defensa europeo cobra nueva urgencia: España se mantiene entre los países de la OTAN con menor porcentaje del PIB dedicado a defensa.
- Las empresas españolas del sector de defensa se enfrentan a la disyuntiva entre los contratos europeos y el acceso al mercado estadounidense.
- La presión para elevar el gasto militar europeo tendrá consecuencias presupuestarias para la eurozona en un contexto de déficits elevados.
- Para el lector español, la variable clave no es solo geopolítica: es presupuestaria, con impacto potencial en la inversión pública y en la fiscalidad europea.




