El telescopio James Webb acaba de retratar al león cósmico con un detalle nunca visto. La imagen, firmada por NASA, ESA y CSA, revela la nebulosa planetaria NGC 2392 con una nitidez que supera a su antecesora del Hubble.
El retrato en infrarrojo que congela la muerte de una estrella
El apodo no es un capricho. Según la NASA, la nebulosa ganó su nombre por la melena de polvo difuso y por la estrella moribunda de su centro, que recuerda a una nariz redondeada. Las observaciones se tomaron con la cámara de infrarrojo cercano NIRCam y con el instrumento de infrarrojo medio MIRI.
No es una galaxia, conviene aclararlo. NGC 2392 es una nebulosa planetaria, la envoltura de gas y polvo que una estrella similar al Sol expulsó al morir. Su forma redondeada y su melena crean un retrato celeste, no un cadáver estelar. La entrada de NGC 2392 en Wikipedia ayuda a situar el objeto dentro del catálogo astronómico.
La visión de Webb congela la nebulosa en un instante de su agonía, aunque la estrella y sus efectos continúan su evolución. La imagen separa dos estructuras: la burbuja de gas ionizado que dibuja la cara y la melena de polvo que la rodea.
Ambas se formaron a lo largo de varios miles de años por la acción del remanente estelar central. La melena, en realidad, es el interior de una cáscara de polvo iluminada por una enana blanca. No es pelo, no es humo: es materia expulsada que aún brilla.
Esa enana blanca es la clave del retrato. Una estrella muere cuando ya no puede mantenerse por las reacciones nucleares de su núcleo. Entonces pulsa, expulsa sus capas externas y forma capas de polvo y gas. Lo que queda es el núcleo estelar caliente, la enana blanca.
La agonía de la estrella quedó congelada en un retrato que muestra a una enana blanca cocinando, desde dentro, la burbuja de gas que dibuja el rostro.
En el caso del león cósmico, la estrella central era rica en oxígeno. Al morir dejó una enana blanca que todo lo cuece desde dentro y produce una burbuja de gas ionizado. Esa burbuja forma la cara felina, se expande con el tiempo y destruye el polvo que encuentra a su paso. Es, literalmente, una escultura en movimiento lento.
Qué ven las cámaras NIRCam y MIRI dentro del león cósmico

NIRCam, la cámara del infrarrojo cercano, captura la estructura del gas caliente con una resolución que el Hubble no podía alcanzar. MIRI observa el infrarrojo medio y destaca las estructuras de polvo: las que sobreviven y las que ya están siendo destruidas por la radiación.
La comparación con el Hubble es inevitable. En 2000, el telescopio Hubble ya había fotografiado esta nebulosa felina. Webb elevó la resolución y mostró que NGC 2392 sigue evolucionando. No es una postal fija; es un sistema activo.
El polvo, de hecho, cuenta una historia de resistencia. Parte del material es destruido por la radiación intensa de la enana blanca; algunos filamentos logran sobrevivir y conservan la textura de la melena. La imagen en infrarrojo medio es especialmente valiosa porque el polvo frío aparece diferenciado.
El James Webb estudia todas las fases del universo, desde el Big Bang hasta la evolución de nuestro sistema solar. Lanzado en diciembre de 2021, llegó al segundo punto de Lagrange en enero de 2022. Desde esa órbita, a 1,5 millones de kilómetros de la Tierra, sus instrumentos evitan buena parte de la interferencia infrarroja terrestre.
El león cósmico y el futuro de una nebulosa planetaria
Para un astrónomo, NGC 2392 no es solo una cara bonita: es un laboratorio en tiempo real de la muerte estelar. Las nebulosas planetarias son etapas breves dentro de la vida de una estrella de masa baja o intermedia. Observarlas en infrarrojo permite medir la química del gas, la velocidad de expansión y la interacción entre radiación y polvo.
Los astrónomos calculan que la nebulosa se dispersará en unos 10.000 años. Es un suspiro en términos astronómicos. Para ponerlo en escala, 10.000 años es poco más que el tiempo que separa a la humanidad actual del final de la última glaciación. La silueta del león no durará: el viento estelar acabará por deshacerla.
En paralelo, la imagen tiene valor comunicativo. El trabajo de procesamiento, liderado por Alyssa Pagan, convierte longitudes de onda invisibles en colores legibles. Cabe recordar que muchas nebulosas planetarias reciben apodos por su parecido con animales o figuras humanas. La diferencia aquí es que la resolución permite ver cómo el gas ionizado compite con el polvo.
Conviene moderar una idea: no es un descubrimiento nuevo, sino la reobservación de un objeto ya conocido. El valor está en el salto de resolución y en el registro de la evolución de la nebulosa. Las imágenes llegan como producto de los instrumentos de Webb, no como un estudio con revisión por pares. Son la mirada más precisa hasta ahora, no un resultado experimental.
Lo que sí cambia es nuestra capacidad de ver la muerte estelar de cerca. La imagen recuerda que el universo no es un lienzo inmóvil. Dentro de 10.000 años, el león habrá desaparecido; hoy, Webb lo ha congelado para que podamos observarlo.
🔬 Ficha del Descubrimiento
- Qué se ha descubierto: la imagen más nítida de la nebulosa planetaria NGC 2392, apodada el león cósmico, obtenida en el infrarrojo por el telescopio James Webb.
- Dónde: nebulosa planetaria NGC 2392, observada desde el telescopio espacial James Webb en el punto de Lagrange L2.
- Institución responsable: NASA, ESA y CSA, con procesamiento de Alyssa Pagan (STScI).
- Cuándo: observaciones publicadas a partir de los datos del telescopio; la fuente no precisa una fecha exacta de adquisición.
- Impacto a futuro: estudiar la química del gas, la expansión de la burbuja de ionización y la evolución de la nebulosa antes de que se disperse en unos 10.000 años.




