Florentino Pérez se ha embolsado 23 millones al vender acciones de ACS de su plan de incentivos. La operación, adelantada por Expansión, reabre un debate recurrente: la retribución de los consejeros en las cotizadas españolas.
El presidente de ACS ha ejecutado una parte del paquete de acciones que recibió dentro del sistema de retribución variable ligado al desempeño del grupo. La venta, confirmada por los registros de la CNMV, se produce poco después de que la compañía consolidara su posición en el sector de infraestructuras y energía.
ACS, presidida por Florentino Pérez desde hace más de dos décadas, es el mayor grupo constructor español por capitalización bursátil. Su actividad abarca desde las infraestructuras de transporte hasta las redes de energía y las concesiones, con una presencia especialmente relevante en Estados Unidos y Australia.
El plan de incentivos de ACS, aprobado por la junta general, entrega títulos a los directivos cuando se cumplen determinados objetivos plurianuales. En el caso de Florentino Pérez, la recompensa acumulada le ha permitido materializar 23 millones de euros con la venta parcial de esos títulos. La transacción no altera significativamente su participación de control.
La mecánica del plan y las ventas recientes
El movimiento, se enmarca en una práctica habitual entre las grandes cotizadas: los consejeros ejecutivos reciben acciones con restricciones de venta, y una vez liberadas, deciden venderlas total o parcialmente. En el caso de ACS, la entrega de estos incentivos está ligada a la evolución del valor de la acción y al cumplimiento de métricas como el beneficio operativo o el dividendo.
No es una cifra menor. 23 millones de euros equivalen al salario medio de más de 600 empleados en España durante un año completo, según datos del INE. El dato pone en perspectiva la magnitud de la retribución variable de los altos directivos.
Florentino Pérez no ha creado valor con esta venta: ha hecho líquido un papel que llevaba años madurando.
En paralelo, el director financiero de ACS ha vendido acciones por 13 millones de euros, según recoge Economía Digital. Aunque no se han revelado los detalles de esa operación, confirma la tendencia de la cúpula a hacer líquida parte de su compensación en este tramo del año.
El debate de la retribución de los consejeros
El cobro simultáneo de estas sumas reabre la discusión sobre si la retribución variable de los consejeros españoles está suficientemente alineada con los intereses de los accionistas minoritarios. La CNMV exige desde hace años la publicación de estas operaciones, pero la transparencia no siempre calma a los inversores particulares.
En las juntas de accionistas de las grandes cotizadas, la aprobación de las políticas de remuneración suelen superar el 90% de votos. Sin embargo, uno de cada cuatro votos en contra se concentra en los planes ligados a acciones para la alta dirección. Es una bolsa de descontento silencioso que no suele traducirse en rechazo, pero sí en presión reputacional.
Creo que el debate no debería centrarse en el importe absoluto —23 millones— sino en el diseño del plan. Si los objetivos son exigentes y el precio de venta recoge un aumento real de valor para todos los accionistas, la retribución está justificada. Si, por el contrario, se cobra con independencia del rendimiento, la percepción de privilegio se dispara.
No es un caso aislado. En los últimos cinco años, presidentes ejecutivos de al menos una decena de empresas del Ibex 35 han vendido acciones de sus planes de incentivos por importes superiores a 10 millones de euros. La mayoría lo hace tras la publicación de resultados anuales, aprovechando las ventanas de liquidez permitidas.
La señal que transmite la cúpula
El caso de ACS sirve como ejemplo. La acción acumula una revalorización relevante en los últimos años, y el grupo ha diversificado su negocio hacia concesiones y energía. Florentino Pérez ha sido un actor central en esa transformación. Pero la venta masiva de acciones por parte de la cúpula puede leerse como una señal: los que mejor conocen la empresa prefieren liquidez antes que seguir atados al valor futuro del título.
El hito a seguir es la próxima junta general de ACS, prevista para la primavera de 2027. Ahí se examinará con lupa la política de retribuciones y, sobre todo, si los directivos que vendieron hoy vuelven a comprar acciones en el futuro. Si no lo hacen, el mensaje para el mercado será inequívoco.





