Irán mantiene cerrado el estrecho de Ormuz y las aerolíneas sufren escasez de combustible

El cierre del paso del 20% del crudo mundial se prolonga varios meses. Las aerolíneas racionan jet fuel mientras el Brent cotiza bajo 80 dólares, en una paradoja que presiona los carburantes en España.

El estrecho de Ormuz permanece cerrado al tránsito de crudo desde hace varios meses. La guerra entre Estados Unidos e Israel contra Irán ha convertido el paso del 20% del suministro mundial de petróleo en un cuello de botella estrangulado. Mientras tanto, las aerolíneas de todo el mundo racionan queroseno de aviación y reprograman sus rutas, en una crisis que ya se deja sentir en los aeropuertos españoles y que contrasta con un Brent inexplicablemente bajo 80 dólares por barril.

La situación, recogida por Oilprice.com, ha provocado una escasez sin precedentes de combustible para reactores. Las refinerías que abastecen a los principales hubs europeos y asiáticos operan con reservas mínimas. El jet fuel, un derivado del crudo especialmente demandado por la aviación comercial, se ha convertido en el bien más codiciado de la cadena logística del transporte. Las aerolíneas, atrapadas entre la caída de la demanda por el temor a una recesión global y el encarecimiento de los fletes marítimos que sortean África, están aplicando medidas drásticas.

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El racionamiento de jet fuel y el colapso aéreo

Las compañías aéreas han empezado a cancelar vuelos de largo radio y a reducir frecuencias en rutas transpacíficas y transatlánticas. Según fuentes del sector citadas por Oilprice.com, la práctica del ‘tankering‘ —cargar combustible extra en los aeropuertos donde aún está disponible— se ha disparado, lo que eleva el peso de las aeronaves y, con ello, el consumo total de combustible. Este círculo vicioso encarece los billetes y resta eficiencia a las operaciones.

La Asociación Internacional de Transporte Aéreo (IATA) ha advertido de que varias aerolíneas de bandera están operando con márgenes de combustible inferiores a los mínimos de seguridad en algunos tramos. Las reservas en los depósitos de aeropuertos como Dubái, Singapur o Londres-Heathrow han caído por debajo del 50% de su capacidad normal. En España, AENA ha reconocido que los suministradores de combustible en Barajas y El Prat han comenzado a aplicar cupos a las aerolíneas de bajo coste, las grandes corporaciones y los vuelos chárter.

El bloqueo de Ormuz ha desacoplado los precios del crudo y del queroseno, creando un desabastecimiento selectivo que castiga a la aviación mientras el Brent languidece.

El impacto se agrava porque el transporte aéreo carece de alternativas tangibles a corto plazo. Los biocombustibles sostenibles (SAF) apenas representan un 1% del consumo mundial y su producción se concentra en pocas refinerías, ninguna de ellas en el Golfo. La opción de desviar buques cisterna por el cabo de Buena Esperanza añade 10 días de tránsito y un sobrecoste de casi 3 dólares por barril, que se traslada directamente al precio del queroseno de aviación.

El Brent por debajo de 80 dólares: la paradoja del mercado

El dato que desconcierta a los analistas es que el crudo Brent, la referencia internacional, cotiza en agosto de 2026 por debajo de los 80 dólares por barril, un nivel incompatible con una interrupción tan grave del suministro. Lo normal habría sido un repunte hasta los 120 o 130 dólares, como ocurrió en crisis anteriores. La explicación, según Oilprice.com, es que los operadores de futuros mantienen una posición extremadamente bajista, convencidos de que la desaceleración económica global —especialmente en China y Europa— reducirá aún más la demanda de petróleo en los próximos meses.

Ese pesimismo ha mantenido los precios artificialmente bajos, pero no ha evitado que los diferenciales se disparen. El crack spread del jet fuel —la diferencia entre el precio del crudo y el del queroseno refinado— ha alcanzado máximos históricos. Las refinerías que aún pueden procesar crudo del Golfo están obteniendo márgenes récord, mientras que las aerolíneas compran el combustible a precios que superan en un 40% los de hace un año.

El mercado está descontando una recesión que aún no ha llegado, mientras el sistema de distribución de combustibles ya está roto.

Esta situación es especialmente delicada para España, que importa alrededor del 12% de su crudo del Golfo Pérsico a través de contratos a largo plazo. Aunque Repsol y Cepsa han asegurado que sus refinerías mantienen el abastecimiento gracias a compras en otros mercados, los retrasos y los fletes más caros encarecen la producción de gasolina, diésel y queroseno. En las últimas semanas, el precio del litro de queroseno para las aerolíneas en el aeropuerto de Madrid ha subido un 18%.

El impacto en España: carburantes y el fantasma de la inflación

La repercusión más visible para el consumidor español está en el surtidor. El litro de gasolina 95 ha superado de nuevo los 1,70 euros en muchas estaciones de servicio, y el diésel se acerca a los 1,60 euros. Aunque parte del encarecimiento obedece a la temporada alta de vacaciones, el factor Ormuz añade una presión estructural que podría consolidar estos precios durante el otoño.

El Gobierno ha activado los mecanismos de seguimiento del Ministerio para la Transición Ecológica, pero descarta por ahora nuevas bonificaciones al combustible. La vicepresidenta económica ha recordado que la inflación subyacente sigue contenida y que el impacto de los carburantes es menor que en 2022. Sin embargo, los transportistas y las aerolíneas advierten de que si el bloqueo se prolonga más allá de septiembre, los costes se trasladarán a las tarifas aéreas y al transporte de mercancías, alimentando un rebrote inflacionario justo cuando el BCE empezaba a relajar los tipos.

La Comisión Nacional de los Mercados y la Competencia (CNMC) ha iniciado una vigilancia especial sobre los precios del queroseno en los aeropuertos y ha pedido a las petroleras información detallada sobre sus volúmenes de almacenamiento. Bruselas, por su parte, ha activado el Mecanismo de Protección Civil para coordinar reservas estratégicas, pero el margen real es limitado: las reservas europeas de jet fuel apenas cubren 30 días de consumo normal.

Análisis: los ultimátums de Irán y la posibilidad de una reapertura en 2027

Irán ha condicionado la reapertura del estrecho de Ormuz a que Estados Unidos acepte seis demandas —entre ellas, el levantamiento total de las sanciones y la retirada de tropas de la región— que la Administración estadounidense considera inasumibles. Ninguna de las partes ha mostrado voluntad de negociar, y la dinámica geopolítica apunta a un bloqueo que durará al menos hasta bien entrado 2027.

La experiencia de otros cierres prolongados de rutas marítimas —como el del canal de Suez en 2021— enseña que los mercados acaban encontrando rutas alternativas, pero a costa de una inflación persistente en los fletes y un encarecimiento estructural de las materias primas. En el caso del queroseno de aviación, no existe un sustituto rápido. Las aerolíneas tendrán que adaptarse volando con menos pasajeros, reduciendo rutas o traspasando el sobrecoste al cliente. La aviación europea, que ya arrastra problemas de rentabilidad, se enfrenta a un horizonte de tarifas más altas y márgenes aún más estrechos.

La paradoja del Brent barato oculta un desorden logístico que, si persiste, obligará a revisar al alza todas las previsiones de inflación para 2027. Los mercados de futuros de queroseno ya descuentan un diferencial de más de 25 dólares por barril respecto al crudo hasta finales de año. La pregunta no es si las aerolíneas sufrirán, sino cuánto tardará ese sufrimiento en contagiar al resto de la economía.


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