Madrid se convierte cada agosto en una sartén de asfalto, y hay un rincón a poco más de una hora que baja la temperatura corporal de golpe: el agua nunca supera los 18 grados, ni en el pico del verano. Se llama Las Presillas y está en Rascafría, un pueblo de la sierra de Guadarrama que muchos madrileños tratan como su playa particular sin necesidad de coger la autovía del Mediterráneo.
El truco no es ningún secreto bien guardado: el río Lozoya nace directamente del deshielo de Peñalara, así que el agua llega fría de verdad, sin pasar por procesos ni tratamientos. Eso explica por qué, incluso con la capital rozando los 38 grados, aquí sigue haciendo falta entrar poco a poco al agua.
Rascafría, el pueblo de Madrid que se convierte en refugio en agosto
Rascafría no es un descubrimiento reciente, pero sí un hábito que cada verano gana más adeptos entre quienes viven en la capital y no quieren perder un fin de semana entero en la carretera de la costa. El pueblo se asienta a 1.200 metros de altitud, lo que también significa noches bastante más frescas que las de Madrid capital cuando el termómetro nocturno apenas baja del umbral tropical.
Las Presillas son tres pozas naturales formadas sobre el cauce del Lozoya mediante pequeñas presas de piedra que frenan la corriente sin domesticarla del todo. No hay cloro ni tratamiento químico: es agua de sierra que llega directamente de los manantiales y del deshielo de alta montaña, motivo por el cual la Unión Europea la reconoce como una de las cuatro zonas naturales de baño autorizadas de toda la Comunidad de Madrid.
Cómo es el agua y por qué se llena tanto en agosto
El propio Madrid que se vacía cada fin de semana veraniego hacia la sierra explica el fenómeno: entrada gratuita, cero chiringuitos invasivos y una temperatura de agua que ningún día de agosto consigue templar. Rascafría es, según los datos del INE, un municipio de apenas 1.700 habitantes que en los fines de semana de julio y agosto puede multiplicar varias veces esa cifra solo con visitantes de un día.
La consecuencia directa es que el parking se llena pronto, normalmente antes de las once de la mañana los sábados y domingos. No hay control de aforo en la zona de baño, así que la limitación real no es cuánta gente cabe en la pradera, sino cuántos coches caben en el aparcamiento habilitado por el ayuntamiento.
Cuándo ir para evitar la marabunta veraniega
La regla de oro que repiten quienes ya conocen el sitio es sencilla y casi nunca falla: llegar antes de las diez de la mañana o directamente ir entre semana. A partir del mediodía en fin de semana de agosto, la zona de sombra —que es limitada pese a la amplitud del terreno— suele estar ya ocupada, y el ambiente se vuelve mucho más animado de lo que busca quien solo quiere un chapuzón silencioso.
Entre semana la experiencia cambia por completo: menos ruido, más espacio y bastantes posibilidades de tener una poza casi para uno solo. Quien pueda permitirse escaparse un martes o un miércoles se lleva la mejor versión de Las Presillas, la que no sale en las fotos de las aglomeraciones de domingo.
Qué encontrarás al llegar y qué llevar
Rascafría no obliga a elegir entre baño y turismo cultural, porque el pueblo reúne ambas cosas en el mismo día de excursión. Además del chapuzón en el Lozoya, el término municipal alberga el parque natural de Peñalara, el arboreto Giner de los Ríos y el histórico monasterio de El Paular, así que la jornada da para mucho más que una simple mojada.
Conviene ir con lo básico bien previsto, porque las instalaciones son mínimas por diseño:
- Calzado de baño tipo escarpines, porque el fondo tiene bastantes piedras
- Toalla o manta, ya que apenas hay mesas o merenderos fijos
- Comida y agua propias, aunque también hay un chiringuito cerca del aparcamiento
- Efectivo o tarjeta para el parking, que ronda los 9 euros por vehículo y día
Cómo llegar desde Madrid y qué esperar del futuro cercano
En coche, la ruta desde la capital es directa: A-1 hasta el kilómetro 69 y después la M-604 hasta el 28,6, un trayecto que suele rondar entre los 55 y los 70 minutos según el tráfico. Quien prefiera no conducir tiene la línea de autobús interurbano 194 desde Plaza de Castilla, con parada a unos 13 minutos a pie de las piscinas.
El turismo de proximidad en la sierra norte lleva creciendo sin freno desde 2024, y todo apunta a que la tendencia se mantendrá mientras los veranos sigan alargándose en el centro peninsular. La buena noticia es que Rascafría tiene margen para absorber más visitantes sin perder lo que lo hace especial, siempre que cada uno llegue con un poco de criterio horario y respete un entorno que, de momento, sigue siendo gratis.






