Sedigás alerta: la nueva retribución gas CNMC y pone en riesgo el equilibrio del sector

La CNMC fija la retribución del gas en el 6,46%, por debajo de la de las redes eléctricas. La patronal pide corregir un marco que, según el sector, desincentiva la inversión y castiga el papel de Enagás.

La nueva retribución gas CNMC ha encendido las alarmas del sector. Sedigás, la patronal que agrupa a las principales compañías gasistas españolas, sostiene que el marco aprobado por el regulador tensiona la rentabilidad de las redes y compromete el equilibrio financiero de un negocio que opera con márgenes estrechos.

El punto de fricción tiene una cifra: la CNMC ha fijado la retribución del gas en el 6,46%, por debajo de la que se aplica a las redes eléctricas. La diferencia no es un detalle contable. Determina cuánto puede ingresar quien transporta y distribuye el gas, y condiciona su capacidad para financiar el mantenimiento de una infraestructura crítica. Con ese nivel, según la patronal, la ecuación deja de cuadrar.

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El 6,46% que fija la CNMC: qué cambia para el sector

Sedigás ha pedido por escrito corregir el marco retributivo. Su argumento es que las limitaciones del nuevo esquema no solo recortan el retorno, sino que desincentivan la inversión en una red que necesita adaptarse a un sistema energético en plena transición. La reforma, sostienen desde la asociación, llega en el peor momento posible.

El calendario juega en contra. El gas afronta una demanda menguante en los usos tradicionales y una presión creciente para financiar su descarbonización, ya sea vía biometano o hidrógeno. Recortar la retribución mientras se exige más inversión es una combinación que la patronal gasista considera insostenible a medio plazo.

La comparación con las redes eléctricas es la que más incomoda. El 6,46% queda por debajo del tratamiento que recibe la electricidad, un sector cuya retribución también se ha ido ajustando pero que parte de una base distinta y opera con otro perfil de riesgo. En el gas, el recorte se suma a un escenario de márgenes bajo presión.

El trato a Enagás y el malestar interno de la reforma

El malestar no es solo empresarial. La reforma ha generado ruido interno por el trato dispensado a Enagás, gestor técnico del sistema y propietario de buena parte de la red troncal. La compañía queda expuesta a un marco que, según las críticas recogidas por medios especializados, no reconoce con precisión el papel singular que desempeña dentro del sistema.

Enagás no es un actor cualquiera. Como gestor técnico, coordina el equilibrio entre oferta y demanda y custodia las infraestructuras que garantizan el suministro. Un marco que no remunere con holgura ese papel puede pasar factura a largo plazo, cuando toque renovar activos o adaptarlos a nuevos vectores energéticos.

Un marco que castiga al gas mientras le exige sostener la red no corrige el sistema: lo desfinancia.

Hay un componente de agravio comparativo. Mientras el transporte y la distribución de electricidad cuentan con un marco más asentado, el gasista afronta una revisión que llega con reglas nuevas y, a juicio del sector, con menos certidumbre sobre los próximos periodos regulatorios. La seguridad jurídica, repiten, importa tanto como el porcentaje final.

Sedigás reforma gas

La trampa de fondo: rentabilidad, inversión y transición

La discusión sobre la retribución gasista no es nueva. El sector lleva años reclamando un marco que reconozca, el coste real de operar y mantener una red que no puede apagarse de un día para otro. Lo que cambia ahora es el tono: lo que antes era una petición técnica se ha convertido en una advertencia sobre la viabilidad del equilibrio financiero.

Hay una contradicción que conviene señalar. España quiere un sistema energético más limpio y, al mismo tiempo, mantener la seguridad de suministro que el gas aporta en los días de máxima demanda. Esa doble exigencia tiene un coste. Si el regulador aprieta la retribución por debajo de lo que el sector considera razonable, el riesgo no es que las gasistas ganen menos, sino que dejen de invertir en la red que sostiene el sistema cuando las renovables no llegan.

Conviene mirar al precedente. Las revisiones retributivas de los últimos años han seguido un patrón: el regulador ajusta a la baja, el sector negocia o recurre, y el marco acaba corrigiéndose en sucesivas iteraciones. Si ese guion se repite, la pelota está ahora en el tejado de la CNMC, que deberá decidir si mantiene el 6,46% o abre la puerta a un ajuste.

No se trata de defender a las empresas por decreto. Se trata de reconocer que un 6,46% por debajo del eléctrico, en un negocio con demanda estructuralmente a la baja, tensa la cuerda. Sedigás ya ha dejado claro que peleará cada décima. El sector mira ahora a la próxima revisión regulatoria como la oportunidad real de corregir el rumbo.


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