SpaceX, nuevo operador móvil: 17.000 millones de dólares para plantar cara a Movistar y Orange en España

La compañía de Elon Musk ha destinado 17.000 millones de dólares a la tecnología Direct to Cell y a la compra de espectro en Estados Unidos, pero en Europa deberá competir por las licencias en la subasta de 2027. En España, el Gobierno ya ha mostrado su rechazo a una excesiva dep

SpaceX ha puesto sobre la mesa 17.000 millones de dólares para convertirse en un operador móvil global y su objetivo no es marginal: aspira a desafiar a gigantes como Movistar y Orange en sus propios mercados, incluido el español. La jugada, que pivota sobre la tecnología Direct to Cell de Starlink, transforma la constelación de satélites de Elon Musk en una red alternativa a las torres terrestres y abre una brecha en el duopolio telecom europeo. Pero aterrizar en España no será un mero trámite de inversión: el control del espectro radioeléctrico y la resistencia política convierten esta entrada en un laberinto regulatorio del que la compañía aún no tiene la llave.

Claves de la operación

  • SpaceX ha invertido 17.000 millones de dólares en espectro y tecnología. La mayor parte se destinó en septiembre de 2025 a la compra de 50 MHz de las bandas AWS-4 y H-block a EchoStar, lo que le permite operar como operador en Estados Unidos, pero no en Europa.
  • La compañía quiere captar clientes de los grandes operadores. La presidenta de SpaceX, Gwynne Shotwell, ha declarado que prevén “captar a bastantes clientes” de AT&T, Verizon y T-Mobile, un aviso extrapolable a Movistar y Orange si logra licencias en Europa.
  • En España, el primer piloto ya funciona de la mano de MasOrange. Desde febrero de 2026, el Direct to Cell opera en modo de prueba bajo el paraguas de la alianza MasOrange, lo que demuestra que, por ahora, la entrada de SpaceX no es una irrupción hostil sino una colaboración forzada por la regulación.

El salto de satélite internet a operador móvil global

Hasta hace poco, Starlink era sinónimo de internet rural por satélite. Pero los nuevos satélites V3 incorporan capacidad de conexión directa a móviles convencionales sin necesidad de terminal específico. SpaceX quiere eliminar las zonas sin cobertura y, de paso, competir directamente con las telecos aprovechando una red que ya cubre buena parte del globo. La promesa es contundente: el mismo móvil de siempre, cobertura en cualquier lugar bajo el cielo.

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La vocación de operador independiente quedó clara en la última llamada con inversores. Shotwell recordó que AT&T, Verizon y T-Mobile mueven juntos unos 600.000 millones de dólares al año en Estados Unidos y sugirió que SpaceX está preparada para robarles cuota. Esa misma lógica se traslada a Europa, donde el pastel de las telecomunicaciones ronda los 150.000 millones de euros y los operadores tradicionales miran con recelo a un competidor que no arrastra décadas de inversión en torres ni fibra.

La ventaja tecnológica es clara: la constelación de Starlink, con más de 5.000 satélites ya en órbita y planes para triplicar esa cifra, es casi inalcanzable para cualquier rival que quiera replicarla desde cero. Amazon Leo y AST SpaceMobile corren detrás, pero SpaceX parte con años de ventaja y una capacidad de lanzamiento propia gracias a los cohetes Falcon. El riesgo, sin embargo, no está en el espacio sino en los despachos de los reguladores.

SpaceX ha comprado su billete como operador móvil en Estados Unidos, pero en Europa no basta con traer la chequera: hace falta que Bruselas te abra la puerta.

La barrera europea del espectro: la licencia que caduca en 2027

El espectro radioeléctrico es el verdadero campo de batalla. En Estados Unidos, SpaceX adquirió las frecuencias necesarias a EchoStar. En Europa, esa misma empresa controla la banda de 2 GHz a través de su filial Solaris Mobile, pero la licencia no está en venta: caduca en mayo de 2027 y no es transferible, por lo que SpaceX tendrá que competir en la subasta pública que convoque la Comisión Europea. Y ahí el contexto geopolítico juega en contra de un operador extracomunitario.

La Unión Europea lleva años impulsando la soberania digital y la autonomía estratégica en infraestructuras críticas. Entregar una banda clave a una empresa estadounidense choca con esa doctrina, especialmente cuando los gobiernos temen que la dependencia de Starlink pueda repetirse en el ámbito móvil, como ya ocurre en el segmento satelital en zonas rurales. Alemania y Francia ya han mostrado reticencias, y España no se queda atrás.

España, ¿puerta abierta o cerrada a Starlink Mobile?

En febrero de 2026, MasOrange anunció el primer piloto de Direct to Cell en España, una ironía del mercado: SpaceX no aterriza compitiendo con Orange, lo hace de su mano porque la regulación española obliga a cualquier operador extranjero a aliarse con un titular de espectro local. El acuerdo permite probar la tecnología, pero no otorga a SpaceX ningún derecho como operador independiente.

El mensaje del Gobierno español no ofrece dudas. “Es el momento de decidir si queremos que nuestros cielos sean más fuertes o dependientes”, advirtió el ministro Óscar López. La frase, pronunciada en un foro sobre conectividad, sitúa a la administración en la línea de Bruselas: priorizar los intereses estratégicos europeos frente a un posible monopolio satelital extranjero. Para Telefónica (Movistar) y MasOrange, esta postura supone un balón de oxígeno que frena, al menos durante un par de años, la amenaza de un competidor con músculo financiero casi ilimitado.

Desde esta redacción observamos que la pugna va más allá de una simple competencia empresarial: es un pulso entre dos modelos de conectividad —el terrestre, basado en la capilaridad de fibra y 5G, y el satelital, que promete ubiquitous coverage pero depende de unas pocas empresas que controlan tanto los cohetes como los satélites—. La historia reciente de Telefónica en España, como operador histórico y parte del IBEX 35, muestra que la fortaleza financiera no siempre basta para desbancar a un incumbente bien arraigado cuando la regulación aprieta. La operadora española ha capeado anteriores embestidas tecnológicas con alianzas y despliegues de fibra que SpaceX difícilmente puede replicar en el corto plazo.

La pregunta clave ahora es si la Unión Europea otorgará a un actor extracomunitario una posición privilegiada en el espectro. El desenlace de la subasta de 2027 marcará el verdadero campo de juego. Mientras, Movistar y Orange pueden respirar: su mayor amenaza aún no ha conseguido el permiso para operar. Pero la inversión de 17.000 millones de dólares demuestra que SpaceX no está de paso. Y como recordó Shotwell, “tengo bastantes ganas de ver lo que viene con Starlink Mobile”. España, de momento, se guarda la llave.

*Imagen de portada: Composición con logo de SpaceX y red móvil.


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