El canal Wall Street Wolverine ha ofrecido en su último análisis un retrato descarnado de Venezuela, al que califica sin matices como estado fallido. Más allá de los indicadores macroeconómicos, el verdadero termómetro, según el creador del canal, fue el terremoto reciente: entre miles de civiles afectados apenas se veía un policía o un militar, una imagen que resume la ausencia de una estructura estatal funcional.
Un estado fallido más allá de la economía
Wall Street Wolverine relata que durante la emergencia sísmica lo más impactante no fue la magnitud del desastre sino la invisibilidad del Estado. «No veías equipos de emergencia; por cada mil personas de la población civil, una persona militar o policía», explica el analista. Ese vacío de respuesta es la cara más amarga de un país donde las instituciones se han desmoronado por completo.
Tras la salida de Nicolás Maduro, propiciada por la administración de Donald Trump, el vacío de poder se ha hecho más evidente. El canal sostiene que Venezuela adolece de una falta total de liderazgo, tanto en el chavismo —una fuerza ya descabezada y sin principios férreos— como en la oposición, plagada de intereses personales y oportunismo. Wall Street Wolverine compara esta carencia con figuras como Roberto Vaquero o el presidente salvadoreño Nayib Bukele, a quien describe como un patriota auténtico que, sin encajar en la etiqueta de derecha radical, prioriza el bienestar de su país por encima de todo.
La falsa promesa de la dolarización
Uno de los pocos avances que reconoce el creador del vídeo es la mejora de la seguridad. La dolarizacion informal que se impuso en la práctica, sumada a una política de «limpieza en las calles» —un eufemismo para la eliminación extrajudicial de delincuentes—, sacó de circulación a los malandros que azotaban el país entre 2016 y 2019, en lo que Wall Street Wolverine denomina el valle de la muerte de Venezuela. Sin embargo, el problema, advierte, es que esa aparente calma solo escondió la basura bajo la alfombra: la crisis eléctrica está arrastrando al país a un nuevo abismo. Sin electricidad, las industrias no producen, el valor agregado desaparece y la economía se sostiene sobre generadores de gasolina y camiones cisterna que dependen del petróleo que aún queda.
Dos economías y una desigualdad extrema
El analista describe una dualidad perversa. Por un lado, los mercados populares, como los llamados «mercados de los Goche», donde un kilo de fruta cuesta menos de un dólar y la subsistencia básica es posible. Por otro, bienes importados —pasta de dientes, fundas de iPhone— que alcanzan precios superiores a los de Dubái. La razón, según Wall Street Wolverine, es que una élite con dinero procedente de actividades ilícitas, sancionada internacionalmente, no puede sacar su capital del país y puja al alza los productos de lujo, mientras la moneda sigue distorsionada por el control estatal.
Vivir sin agua corriente ni nevera
La experiencia personal del presentador en Venezuela resulta especialmente reveladora. Acostumbrado a una vida cómoda en Andorra y Dubái, se enfrentó a la necesidad de lavarse con un cubo de agua fría cuando el suministro fallaba. «Uno de los mayores aprendizajes que me llevé de Venezuela es que no necesitas tanto», confiesa. Incluso relata la anécdota de lavarse los dientes con un cubo y descubrir la complejidad de no contaminar toda el agua si se bebe directamente. Pero más allá de la anécdota, subraya que esa adaptación forzosa le devolvió una sensación de libertad interior: «No soy más feliz ahora con más cosas de lo que lo era cuando tenía poco». Venezuela, dice, le ha enseñado que se puede vivir con menos sin perder la dignidad.
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La solución, según el canal, pasaría por una especie de Plan Marshall que reconstruyera el país con inversión real en infraestructura, creación de empleo y servicios, y no solo la extracción de petróleo. Sin embargo, el propio analista es escéptico. Estados Unidos, que expulsó a Maduro, se debate entre permitir un chavismo domesticado que no interfiera en sus intereses estratégicos o impulsar una democracia próspera. Los inversores privados, por su parte, exigen al gobierno federal que colateralice los préstamos, y este se niega. Resultado: el dinero no fluye, las turbinas eléctricas no se renuevan y el país se hunde.
Wall Street Wolverine cierra con una advertencia demoledora: «Esto no se va a solucionar ni siquiera en los siguientes diez años, a pesar de que el cambio ya haya iniciado tristemente». Mientras Venezuela siga alimentando sus generadores con gasolina y sus viviendas con camiones cisterna, la esperanza de un líder que ponga los intereses nacionales por delante parece más congelada que el agua del cubo con que sus ciudadanos se asean cada día.
Puedes ver el análisis completo en el vídeo de Wall Street Wolverine a continuación:




