El mercado secundario de acciones de SpaceX se ha convertido en un hervidero de ventas. La avalancha de títulos que están llegando a plataformas como Forge Global o EquityZen ha hundido la valoración implícita de la compañía de Elon Musk a sus cotas más bajas en meses, justo cuando los resultados trimestrales están al caer y los inversores bajistas ya afilan sus estrategias.
El diluvio de títulos en el mercado secundario
Según fuentes del mercado consultadas, el volumen de acciones de SpaceX puestas a la venta en plataformas privadas se ha triplicado en las últimas semanas. Empleados con opciones que vencen, early investors que buscan monetizar plusvalías y, sobre todo, una corrección de expectativas que ha llevado a muchos a querer salir antes de que el precio baje aún más. El efecto es un clásico: exceso de oferta y demanda escasa.
Las transacciones más recientes sitúan la valoración de SpaceX en torno a los 110.000 millones de dólares, un 20% por debajo de los 137.000 millones que se manejaban a principios de año, según dos intermediarios que prefieren no ser citados. No es un desplome técnico —sigue siendo la segunda empresa privada más valiosa del mundo—, pero sí una señal de que el mercado ya no compra la narrativa del crecimiento infinito sin exigir cuentas.
Y esa exigencia va a cristalizar muy pronto: SpaceX está a punto de publicar sus resultados del segundo trimestre.
Los bajistas entran en juego
Con los números a la vuelta de la esquina, varios fondos de cobertura han empezado a tomar posiciones cortas contra SpaceX. No es una operación sencilla al tratarse de una compañía privada, pero el arsenal de derivados sobre activos no cotizados ha evolucionado lo suficiente como para que apostar a la baja sea viable: contratos de retorno total (total return swaps), opciones sobre tramos de deuda y, cada vez más, coberturas sintéticas ancladas a la valoración implícita del secundario.
El razonamiento es simple: los resultados del segundo trimestre podrían ser decepcionantes. Starlink, la principal fuente de ingresos reales del grupo, sigue sin alcanzar el punto de equilibrio operativo y consume una cantidad brutal de capital para cada nueva tanda de satélites. Mientras, el programa Starship quema caja a ritmo de miles de millones sin un horizonte comercial claro. Si las cuentas confirman que la sangría persiste, el valor en el mercado secundario podría caer por debajo de los 100.000 millones de dólares, y los cortos se frotan las manos.
A pesar de todo, la prima que exigen los vendedores de protección —el coste de ponerse corto— ha escalado un 40% en el último mes, señal de que el mercado ya descuenta parte del pesimismo. Cosas que pasan cuando el halo de Musk empieza a perder brillo en otros frentes, como Tesla.
Análisis: el espejismo de la valoración privada
La corrección actual de SpaceX no es una anomalía; es un ajuste de cuentas con la realidad. Durante años, el conglomerado se ha valorado por lo que promete, no por lo que entrega. Starship es un prodigio técnico, pero su retorno económico es, en el mejor de los casos, incierto. Starlink genera ingresos recurrentes, sí, pero a costa de una inversión de capital que supera con creces su facturación. Y la dependencia de contratos gubernamentales —NASA, Pentágono— sigue siendo alta.
No es la primera vez que una empresa respaldada por Musk atraviesa un bache de credibilidad. La diferencia es que, a diferencia de Tesla, SpaceX no cotiza en bolsa y sus cifras no están sometidas al mismo escrutinio. Esa opacidad ha permitido que la valoración se mantuviera a a prueba de dudas. Hasta ahora.
La corrección era inevitable: el mercado ha tardado en ponerse serio con SpaceX, pero cuando lo ha hecho, ha sido con la contundencia de quien ya no se deja deslumbrar.
En mi opinión, la ventana de liquidez del secundario y la presión bajista son un síntoma de madurez. SpaceX ya no es una start-up espacial, sino un actor industrial con 12.000 empleados y una facturación que ronda los 8.000 millones de dólares anuales. A ese tamaño, el mercado exige beneficios, no promesas. La pregunta no es si la valoración va a seguir corrigiendo, sino si Musk y su equipo serán capaces de presentar, por fin, un camino hacia la rentabilidad real en las cuentas que se avecinan. Si no lo hacen, los 100.000 millones serán solo una parada intermedia.




