Hungría paraliza su central nuclear Paks por la sequía del Danubio: Europa, en alerta por la luz

El Gobierno de Peter Magyar advierte de que la planta podría estar inactiva semanas y pide restricciones voluntarias a grandes consumidores. La ola de calor y los precios de la electricidad importada disparan el coste para el país hasta los 546 millones de euros.

He analizado la situación con detenimiento: Hungría ha paralizado hoy, por primera vez en sus 44 años de historia, la central nuclear Paks. La causa no es un fallo técnico ni una decisión regulatoria, sino la sequía récord del Danubio, cuyo caudal ya no permite refrigerar los reactores. El país se asoma a una crisis de suministro eléctrico en plena ola de calor y con los precios de la electricidad importada disparados.

Los datos que explican la emergencia

La magnitud de este apagón nuclear forzoso se entiende con cuatro cifras que el primer ministro, Peter Magyar, ha compartido en las últimas horas:

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  • El Danubio ha caído a 23 centímetros de altura en Budapest, muy por debajo de los 33 centímetros del récord anterior de 2018. En el tramo que abastece a Paks la situación es aún más grave.
  • Paks suministra más del 40% de la electricidad de Hungría. Su parada total deja un agujero de generación que el país debe cubrir con importaciones masivas.
  • El coste de esas importaciones se estima entre 273 y 546 millones de euros (de 120 000 a 240 000 millones de forintos), según Mark Radnai, vicepresidente del partido Tisza.
  • Grandes consumidores industriales ya han recibido la petición de recortar su demanda, y el Gobierno estudia restricciones obligatorias a partir del lunes si la situación no mejora.

La decisión se precipitó la madrugada del domingo, cuando el último grupo generador que quedaba activo —apenas 240 megavatios de los 2 000 que la central puede producir— se desconectó a la 1:30 hora local. El operador de la red, MAVIR, ha recibido autorización para ordenar cortes de consumo si fuera necesario, aunque Magyar ha asegurado que los hogares serán los últimos en sufrir restricciones.

“Nos enfrentamos a los cinco días más críticos. Mañana la central de Paks no generará electricidad, justo cuando se avecinan los días más calurosos.” — Peter Magyar, primer ministro de Hungría, mensaje en redes sociales, 2 de agosto de 2026

Una señal de alarma para la seguridad energética europea

Lo que está ocurriendo en Hungría no es un incidente aislado. La sequía del Danubio es un fenómeno que golpea a toda la cuenca, desde Alemania hasta el mar Negro, y que está forzando a Serbia a reducir su producción hidroeléctrica: las plantas de Djerdap I y II, que aportan el 18% de la electricidad del país vecino, operan ahora al 20% y al 30% de su capacidad. El estrés hídrico está poniendo a prueba la fiabilidad del mix energético centroeuropeo en el peor momento posible: una demanda eléctrica disparada por el aire acondicionado.

Para quien siga los mercados energéticos, este episodio recuerda al verano de 2022, cuando Francia tuvo que reducir la potencia de varias centrales nucleares porque el caudal del Ródano y del Garona no bastaba para refrigerarlas sin incumplir los límites de temperatura de vertido. Entonces, las importaciones de electricidad desde Alemania y España amortiguaron el impacto. Ahora, el problema es más sistémico: la sequía afecta a varios países a la vez y la capacidad de intercambio de la red europea está tensionada. Los precios al por mayor de la electricidad en la región ya muestran picos que no veíamos desde la crisis de precios de la energía de 2022. Una parada prolongada de Paks —Magyar habla de semanas— encarecerá la factura en toda Centroeuropa.

🌍 El impacto en España y Europa

El vínculo directo con el bolsillo del consumidor español es limitado. La interconexión eléctrica entre la Península y el centro del continente sigue siendo débil, por lo que los precios de Hungría no se trasladan de forma inmediata al mercado ibérico. Sin embargo, el episodio sí tiene dos derivadas que merecen atención:

  • Presión inflacionista europea: un repunte sostenido de los precios mayoristas de la electricidad en Centroeuropa puede elevar la inflación general de la eurozona, retrasando el margen para que el BCE retome los recortes de tipos. Eso mantendría el Euríbor en niveles elevados, encareciendo las hipotecas variables de miles de familias españolas.
  • Efecto en el coste del gas: si la falta de generación nuclear obliga a aumentar el recurso a las centrales de gas, el precio del TTF —la referencia europea para el gas natural— podría tensarse. España, que utiliza gas tanto para producir electricidad como para la industria, notaría ese encarecimiento, aunque de forma atenuada por la buena disponibilidad de renovables en verano.

La crisis de Paks es, en esencia, una nueva advertencia de que la transición energética y la seguridad de suministro dependen también de variables climáticas que los modelos de planificación apenas empiezan a incorporar. El Danubio, hoy, deja en evidencia esa fragilidad.


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