1 euro por medio litro de bebida energética. Es la apuesta de Mercadona y Carrefour para reventar el segmento de más rápido crecimiento del supermercado. Con sus marcas Furious y Energy Drink, respectivamente, los dos gigantes de la distribución han bajado los precios hasta un 40% respecto a Monster, la referencia dominante hasta ahora en el lineal. Y lo hacen en un momento en que el Gobierno avanza hacia la prohibición de venta de estos productos a menores de 16 años.
Precios que aplastan a Monster: la batalla del lineal
Monster, distribuida en España por Coca-Cola Europacific Partners, se ha quedado sin margen para competir en precio. Mientras sus latas de 0,5 litros no bajan de 1,69 euros, Mercadona y Carrefour ofrecen sus versiones blancas a 1 euro o incluso menos en promociones. La brecha es lo bastante grande como para desviar la decisión de compra del consumidor hacia la marca propia, incluso entre los compradores más fieles a la enseña americana.
La estrategia de las cadenas no es casual. El consumo de bebidas energéticas se ha disparado en España: en los últimos cuatro años las ventas en valor han crecido un 38%, hasta alcanzar los 298 millones de euros en 2025, según datos de la consultora Circana. El año pasado se compraron 105 millones de litros, un 13% más que en 2024. Este verano caluroso acelera aún más un mercado en el que las marcas de distribuidor quieren plantar bandera antes de que el regulador meta mano. Cosas que pasan en 2026.
Un negocio de 298 millones bajo la lupa del Gobierno
A principios de junio, el Ministerio de Derechos Sociales, Consumo y Agenda 2030 sacó a consulta pública un anteproyecto de ley para prohibir la venta de bebidas energéticas a menores de 16 años, elevando la restricción a los 18 si el contenido de cafeína supera los 32 miligramos por cada 100 mililitros. La iniciativa se suma al real decreto que ya prohíbe estos productos en comedores escolares.
El respaldo social es abrumador. Según el barómetro de Aecoc Shopperview, nueve de cada diez españoles apoyan la prohibición para menores de 16 años, y más de la mitad quiere que se extienda a todos los menores de edad. El movimiento del Gobierno pone en jaque uno de los segmentos más rentables para las cadenas, que ven peligrar su principal nicho de crecimiento justo cuando más invertían en marca blanca.
Esa amenaza regulatoria explica en parte la guerra de precios. Mercadona y Carrefour no solo buscan arañar cuota a Monster ahora, sino también posicionarse como los suministradores de bebidas energéticas asequibles cuando la restricción entre en vigor y el consumo adulto siga tirando del mercado. La idea es fidelizar al consumidor joven a través de un precio bajo y un envase atractivo que, llegado el momento, no pueda comprar – pero recuerde.

La guerra de precios no es solo un ataque a Monster; es una cobertura contra la futura prohibición que cambiará las reglas del juego.
Análisis: ¿marca blanca o regulación? La tensión que define el futuro del lineal
El caso de las bebidas energéticas es una fotografía perfecta de la tensión a la que se enfrenta el gran consumo en España. Por un lado, el crecimiento desbocado de un producto denostado por las autoridades sanitarias; por otro, la propia evolución del retail, que ha convertido su marca blanca en un arma competitiva cada vez más afilada. Mercadona y Carrefour saben que Monster tiene poco margen para replicar sin erosionar aún más su cuenta de resultados, porque los costes de distribución y márketing son muy superiores a los de una marca de distribuidor.
Sin embargo, el movimiento no está exento de riesgos reputacionales. Ambas cadenas están vendiendo a precios agresivos un producto que la comunidad científica asocia con alteraciones del sueño, problemas cardiovasculares y pérdida de masa ósea en menores. La Organización Mundial de la Salud y la AESAN llevan años alertando. El consumidor medio, consciente de ello pero seducido por el precio, podría volverse contra el distribuidor si percibe hipocresía entre su responsabilidad social y su oferta comercial. De momento, sin embargo, las ventas siguen al alza.
La marca blanca en bebidas energéticas ya no es una alternativa barata: es una declaración de intenciones.
A mi juicio, lo que está ocurriendo es un ensayo general. Lo que hoy sucede con las bebidas energéticas mañana puede trasladarse a otros segmentos golpeados por la regulación o la presión social. La distribución ha aprendido a usar la marca blanca como palanca estratégica más que como un simple producto barato. Si el Gobierno cierra el grifo a los menores, el precio bajo no bastará; hará falta una reinvención del producto para mantenerse relevante.




