Estados Unidos ha empezado a ponerle números a una guerra que ya no puede disimular. La cifra que la propia administración publicó ayer y que fija en 38.000 millones de dólares el coste del conflicto con Irán ha encendido todas las alarmas en Washington a pocos meses de las elecciones de medio término. Y ya hay un nombre sobre la mesa como posible cabeza de turco: Pete Hegseth, el secretario de Defensa. La factura está clara; la salida no tanto.
En un nuevo programa de análisis internacional, Negocios TV reunió a Carlos Mamani, experto en geopolítica del centro de análisis internacional de Brasil, y a Paco Arnao, analista internacional de redes y medios, para desgranar qué está pasando en la administración Trump y por qué el escenario se le está complicando al presidente estadounidense en varios frentes al mismo tiempo. La conversación arrancó con la tensión que sigue marcando la relación entre Rusia y Europa como telón de fondo constante.
El cruce de crisis no es casual. Con Ucrania todavía en el foco, el nuevo frente iraní añade una capa de complejidad que pocos analistas anticipaban cuando comenzó la escalada. Y lo que debería haber sido una operación quirúrgica se ha convertido, según la lectura de los expertos consultados, en un problema persistente que consume recursos y capital político.
La cifra oficial y la que realmente se intuye
Según explicó Arnao durante la conversación, los 38.000 millones de dólares que Estados Unidos reconoce haber gastado en el conflicto con Irán representan solo la parte visible de un gasto mucho mayor. Su lectura es directa: si la propia administración admite una cifra de ese calibre, la realidad probablemente la supera con creces. La factura no deja de crecer y cada semana que pasa sin una salida clara añade nuevos costes militares, logísticos y de reposición de material.
El dato se conoce en un momento político especialmente delicado para Trump. El presidente se enfrenta a unas elecciones de medio término que pueden redefinir su capacidad legislativa durante lo que resta de mandato. Y en la lógica de cualquier administración bajo presión, cuando los números se vuelven indefendibles se busca un responsable visible que asuma el desgaste ante la opinión pública.
La cabeza de Hegseth no será suficiente
Ese responsable, según el análisis de Arnao, tiene nombre y cargo. Pete Hegseth ha aparecido en más de una ocasión en una posición incómoda. El propio Trump lo ha dejado en entredicho en diferentes momentos, sembrando dudas sobre su continuidad. La tesis del analista es contundente: convertirlo en chivo expiatorio no resolverá el problema de fondo.
Trump se ha pegado un tiro en el pie con Irán. La cabeza de Hegseth no es suficiente.
— Paco Arnao, analista internacional
Para Arnao, la situación de la administración es mucho más profunda que una simple crisis de imagen. Sus intentos por cerrar acuerdos de paz en Ucrania están fracasando debido a la cerrazón de sus socios europeos, explicó durante la entrevista. Y en el frente iraní, el conflicto que el analista califica como una agresión iniciada por Estados Unidos e Israel se ha volteado en contra de Washington de forma estrepitosa. Dos frentes abiertos, dos derrotas simultáneas.
El agujero ucraniano y la infraestructura comprometida
El analista puso el foco en otro dato que agrava la ecuación presupuestaria: los 100.000 millones de euros que, según sostiene, Estados Unidos habría invertido en el conflicto ucraniano y que ahora pretende recuperar exigiéndolos a Ucrania y a sus socios europeos. Esa presión fiscal choca con la nueva sangría: otros 38.000 millones que se están gastando en el frente iraní. Dos conflictos simultáneos, dos facturas que se acumulan y ningún retorno a la vista.
El daño en Oriente Medio, tal y como lo describe Arnao, ya tiene carácter estructural. Buena parte de las bases estadounidenses ubicadas en el Golfo Pérsico, Jordania e Irak habrían quedado comprometidas o directamente fuera de combate. La capacidad de proyección militar de Estados Unidos en la región, sostiene el analista, se ha degradado de forma severa. No es una retirada táctica; es una pérdida de posiciones que tardará años en reconstruirse si es que alguna vez se llega a reconstruir.
Qué significa para los mercados y la política exterior
El coste de la guerra con Irán no es una variable aislada de la geopolítica energética. Todo lo que ocurre en el estrecho de Ormuz tiene repercusión directa sobre el precio de los hidrocarburos y sobre la prima de riesgo que los inversores exigen a la región. Si la Casa Blanca ya admite gastos militares crecientes y bases comprometidas, la lectura de los mercados energéticos no tarda en reflejarse en las cotizaciones.
La crisis ucraniana, además, drena recursos que antes servían para estabilizar otras áreas del tablero global. El intento de recuperar 100.000 millones de euros de Ucrania sugiere, según el análisis que pudo escucharse en Negocios TV, que la paciencia fiscal de Washington ya no es lo que era. Ese dato, más que las derrotas tácticas parciales, explica el nerviosismo dentro del equipo presidencial y la urgencia por encontrar algún éxito vendible.
Para el lector europeo y español, la señal es clara. Si Estados Unidos está recortando su exposición militar en Oriente Medio y presionando a sus socios por dinero, la política exterior transatlántica puede estar a las puertas de un reajuste. Los países que han basado parte de su seguridad energética y militar en la presencia estadounidense tendrán que empezar a calcular escenarios sin esa cobertura.
Todo apunta a que la salida que busca la administración no pasa por una victoria militar en Irán, que a estas alturas parece improbable, sino por una gestión política de los daños. La incógnita es si sacrificar una figura como Hegseth servirá para contener el malestar interno o si, como sostiene Arnao, el problema es tan estructural que ningún cese lo resolverá. Las elecciones de medio término serán el primer termómetro real de ese desgaste.
La guerra con Irán ha dejado de ser una cuestión estrictamente de seguridad para convertirse en un problema presupuestario y electoral. Y cuando la política exterior empieza a medirse en miles de millones y en escaños, las decisiones suelen cambiar de rumbo, aunque no siempre a tiempo de evitar el descarrilamiento. Estados Unidos y Trump buscan ahora una salida; lo que no está claro es si la tienen o si, como sugiere el análisis, ya es demasiado tarde.
Puedes ver el análisis completo en el vídeo original de Negocios TV en YouTube.





