Universal Music Group (UMG) ha protagonizado este jueves el mayor batacazo bursátil de su historia reciente. Las acciones del gigante musical se desplomaron un 25% en la Bolsa de Ámsterdam, arrastrando en la caída a su principal accionista, Vivendi, que perdió cerca de un 20% en París y firmó su peor sesión desde 2002.
La tormenta se desató con la publicación de los resultados del segundo trimestre. La propietaria de los derechos de artistas como Olivia Rodrigo y BTS comunicó un beneficio neto de 222 millones de euros, lo que supone una caída del 84,5% respecto al mismo periodo del año anterior. El flujo de caja libre, una métrica clave para los inversores, también se redujo en un 85%.
Resultados que desatan la tormenta
Las cifras han roto por completo las expectativas del consenso. Aunque los analistas anticipaban cierta desaceleración, la magnitud del desplome de los beneficios ha sorprendido a todos. Los ingresos por suscripción, uno de los pilares del negocio, crecieron solo un 6,7% interanual, frente al 7,9% del primer trimestre. El frenazo es notable y pone en cuestión la capacidad del streaming para seguir tirando de los resultados.
Los inversores, que ya venían con dudas sobre el sector, han reaccionado con ventas masivas. En un solo día, UMG ha perdido una cuarta parte de su valor en bolsa, algo que no se veía desde los tiempos más convulsos de la industria musical.
El efecto contagio no tardó en llegar a su matriz. Vivendi, que controla cerca del 60% de Universal, se hundió un 19% en la Bolsa de París, camino de cerrar la jornada con la mayor caída desde 2002. El conglomerado francés, que también tiene intereses en televisión y publicidad, se ha visto arrastrado por la debacle de su filial más rentable.
El pinchazo del streaming y el efecto dominó en Vivendi
El freno en el crecimiento de suscriptores es el dato más preocupante para el mercado. La ralentización de los ingresos por streaming es un aviso para toda la industria discográfica, que había visto en las plataformas digitales su tabla de salvación tras años de caídas. La pregunta ahora es si se trata de un bache temporal o de un cambio estructural.
Universal ha admitido que el calendario de lanzamientos ha sido menos favorable, y apunta a una mejora en la segunda mitad del año. Pero los analistas, aunque mantienen la confianza, han ajustado sus valoraciones. JPMorgan recortó esta mañana un 19% el precio objetivo del valor, situándolo en 39 euros por acción. Aún así, ese nivel supone más del doble de los 15 euros a los que cotiza hoy el valor.
La caída del 25% en un solo día refleja un cambio de humor del mercado: del entusiasmo por el streaming a la cruda realidad del estancamiento.
En su informe, JPMorgan ve probable una mejora de suscriptores en los próximos meses gracias a un calendario de lanzamientos más favorable. También destaca un posible programa de ahorro de costes y los servicios basados en inteligencia artificial como catalizadores a corto y medio plazo. Pero el mercado no ha comprado hoy ese optimismo.
¿Oportunidad de compra o señal de agotamiento?
La sesión de hoy plantea un dilema para los inversores. Por un lado, la valoración se ha hundido hasta niveles que, según los analistas, ofrecen un potencial alcista del 160%. Por otro, la desaceleración del streaming puede estar señalando un techo en el modelo de negocio que los mercados aún no han descontado del todo.
La industria musical ha vivido una segunda juventud gracias a Spotify, Apple Music y el resto de plataformas. Pero el crecimiento exponencial de suscriptores parece haber llegado a su fin en los mercados desarrollados. La clave estará en los mercados emergentes y en la capacidad de Universal para trasladar sus éxitos musicales a nuevas fuentes de ingresos, como la IA.
Yo creo que la reacción de hoy es exagerada, pero no infundada. El streaming ya no es la bala de plata, y las empresas discográficas tendrán que demostrar que pueden mantener su rentabilidad sin ese viento de cola. La próxima cita con los inversores, cuando se publiquen los resultados del tercer trimestre, será crucial para ver si la sangría ha parado.




