Iberdrola y EVE reciben 29 millones de financiación verde del BEI para eólico Labraza

El préstamo cubre la mitad de los 59 millones de inversión total en el parque de 40 MW, el primero que renace en el País Vasco tras dos décadas de parón eólico. La producción anual de 100.000 MWh abastecerá a 75.000 personas.

El Banco Europeo de Inversiones (BEI) ha concedido un préstamo verde de 29 millones de euros a Iberdrola España y al Ente Vasco de la Energía (EVE) para impulsar el parque eólico Labraza, en Álava. Es la primera vez en dos décadas que el País Vasco ve nacer un nuevo parque eólico: desde 2006 no entraba en operación una instalación de este tipo en la comunidad.

La cifra cubre prácticamente la mitad de los 59 millones de euros de inversión total prevista para el proyecto. Con una capacidad de 40 MW, Labraza producirá cerca de 100.000 MWh de energía autóctona y limpia al año, suficiente para abastecer a unas 75.000 personas. Durante su construcción se crearán alrededor de 100 puestos de trabajo.

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Labraza: un parque eólico con 40 MW que rompe dos décadas de parón

La instalación se ubicará en la comarca alavesa de Rioja Alavesa un enclave con recurso eólico notable pero donde la tramitación administrativa y la oposición local habían frenado cualquier nuevo desarrollo desde los primeros años 2000. El último parque eólico que entró en funcionamiento en el País Vasco fue el de Oiz, en 2006, y desde entonces solo se había avanzado en repotenciaciones.

El proyecto de Labraza cuenta con los permisos ambientales y de construcción ya resueltos, según confirmó Iberdrola en su comunicado. La previsión es que las obras comiencen en los próximos meses y que la planta esté operativa antes de que termine 2027, siempre que no surjan contratiempos técnicos.

La producción anual estimada de 100.000 MWh equivale al consumo eléctrico de una ciudad como Llodio o Bermeo. Iberdrola y el EVE destacan que toda esa energía será inyectada directamente en la red de distribución vasca, reduciendo la dependencia de importaciones de electricidad de otras comunidades.

El préstamo del BEI no es solo una operación financiera: es la señal de que el dinero verde vuelve a fluir hacia la eólica vasca tras años de sequía inversora.

El préstamo verde del BEI: condiciones, plazos y efecto palanca

El Banco Europeo de Inversiones ha estructurado la financiación como un préstamo verde alineado con los criterios de la taxonomía europea. Aunque ni Iberdrola ni el EVE han detallado los plazos de amortización ni el tipo de interés, fuentes del mercado sitúan este tipo de operaciones en condiciones favorables —Euribor más un diferencial reducido— gracias a la garantía implícita de los proyectos renovables con ingresos regulados o contratos PPA.

Los 29 millones se destinarán exclusivamente a la construcción y puesta en marcha de Labraza. El resto de la inversión, hasta los 59 millones totales, corre a cargo de los socios del proyecto: Iberdrola, como promotor mayoritario, y el EVE, que actúa como agencia energética del Gobierno vasco y copropietario minoritario.

Para el BEI, esta operación encaja en su estrategia de respaldar la transición energética en regiones con baja penetración renovable. El País Vasco tiene uno de los mix eléctricos menos descarbonizados del norte peninsular, con una elevada dependencia del gas natural en generación convencional. Solo el 8% de la electricidad consumida en Euskadi procede de fuentes eólicas.

La cofinanciación del BEI rebaja el coste del capital de Iberdrola y del EVE y acelera la rentabilidad del proyecto. En un entorno de tipos de interés aún elevados, contar con un tramo de deuda de un organismo multilateral permite compensar parte del riesgo regulatorio que perciben los inversores privados.

parque eólico Labraza

Análisis: ¿punto de inflexión para la eólica vasca o una excepción bien financiada?

El parque eólico Labraza es una buena noticia para la descarbonización del País Vasco, pero conviene no extrapolar. La comunidad autónoma acumula más de 15 años sin autorizar nuevos parques eólicos de cierta envergadura, bloqueados por un marco normativo que exige trámites locales muy complejos y por la resistencia de algunos municipios.

De hecho, el Plan Territorial Sectorial de Energía Eólica del País Vasco, aprobado en 2022, identifica zonas con potencial eólico pero su desarrollo real avanza a un ritmo muy inferior al necesario para cumplir los objetivos del PNIEC 2023-2030. Ese plan asigna a Euskadi una potencia eólica adicional de al menos 300 MW para 2030 una meta muy alejada de los 40 MW de Labraza.

La clave estará en si este proyecto desatasca la tramitación de otros parques en cartera o si se queda como una operación aislada, impulsada por el músculo financiero del BEI y el respaldo institucional del EVE. Sin una simplificación real de los procedimientos autonómicos, es poco probable que se repita con frecuencia una operación de este calibre.

Además, el sector eólico español en su conjunto atraviesa un momento de tensiones: los costes de los aerogeneradores han subido un 25% desde 2021, y los plazos de entrega de algunos componentes se alargan hasta 18 meses. Iberdrola, que tiene más de 3.000 MW en construcción en toda España, ha sabido blindar su cadena de suministro mediante acuerdos marco con fabricantes, pero los promotores más pequeños carecen de esa capacidad.

Labraza es el primer fruto de una política vasca que intenta recuperar el tiempo perdido en eólica, pero la verdadera prueba será si los próximos parques se financian sin necesidad de un BEI detrás.

La pregunta abierta es si el mercado interpretará este préstamo verde como un espaldarazo suficiente para atraer capital privado a otros proyectos eólicos en la región. Por ahora, los fondos de infraestructuras siguen prefiriendo comunidades con marcos regulatorios más estables y predecibles, como Castilla y León o Aragón.

El EVE ha anunciado que trabaja en la identificación de nuevas zonas para eólica terrestre, pero ninguna ha superado aún la fase de consultas previas. El calendario aprieta: cada año que pasa sin nuevas autorizaciones aleja a Euskadi de los hitos del PNIEC y encarece la factura de la descarbonización.

Mientras tanto, la electricidad que no genere Labraza —y la que no generen sus hipotéticos sucesores— se seguirá cubriendo con gas natural y con importaciones de comunidades vecinas. La seguridad energética vasca, que el préstamo del BEI ayuda a apuntalar, necesita más que un parque aislado para consolidarse.


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