Las presiones alrededor de Cuba y la crisis energética y económica de la isla siguen castigando a las empresas españolas que quieren mantener sus operaciones en el país caribeño. Después de las aerolíneas, que tuvieron que interrumpir sus vuelos por la crisis del combustible, ahora son las hoteleras españolas las que empiezan a abandonar el país, encabezadas por Meliá, que ha dado el paso de dejar de operar en el territorio.
Los motivos son los esperados: los problemas energéticos de la isla, que han aumentado en los últimos años; el incremento de las sanciones contra la cúpula del régimen, que complica las operaciones de las empresas extranjeras, y una crisis económica que amenaza con agravarse tras el fin del apoyo del Gobierno venezolano, lo que hace inviable la presencia de la hotelera española en el territorio.

Es una larga lista de dificultades que hace insostenible para la empresa mantener los más de 30 hoteles que sigue gestionando en la isla. Y es que no solo se trata de Meliá, sino que Iberostar o Barceló también están dando el paso de replegar su presencia en Cuba, un golpe directo para la economía y el turismo locales. Es cierto que, según informa ABC, las hoteleras estadounidenses como Marriott, Hilton, Hyatt o Wyndham ven con buenos ojos la posibilidad de ocupar estos espacios, pero solo si se consigue una transición económica en la isla, cuando no política.
Pero esto último puede resultar complejo. La forma en la que el régimen cubano asumió su supervivencia como prioridad durante el traumático Periodo Especial de los noventa hace difícil pensar que se tomarán medidas aperturistas si no es por la fuerza. Por tanto, no se puede ignorar la posibilidad de que simplemente se pierda una fuente clave de ingresos y empleo no solo para las empresas extranjeras en la isla caribeña, sino, sobre todo, para la sociedad cubana.
Los hoteles de Meliá y España en Cuba
Lo cierto es que la presencia hotelera de España en la isla había sido clave para su supervivencia económica en los últimos 30 años. Las cadenas españolas no solo eran responsables de un alto porcentaje de los establecimientos del país, sino que gestionaban 30 000 de las 86 559 habitaciones que funcionan en la isla, alrededor del 35 % del total. En este panorama, perderlas supone un golpe económico definitivo para el sector, aunque si la apertura económica se concreta, lo previsible es que exista el deseo de regresar.
El problema es que, aunque se abra esa ventana, las hoteleras no contarán con las grandes ventajas regulatorias que disfrutaban en el pasado. Mientras que a las empresas de otros países se las cargaba de limitaciones, a las españolas se les permitía alcanzar acuerdos con la administración local para instalar hoteles en territorio estatal cubano, gozaban de una reducción de impuestos durante los primeros años de implantación y disponían de acceso preferencial al suelo en zonas de alto valor turístico.
Ahora tendrían que competir en igualdad de condiciones tanto con los establecimientos locales como con el resto de la industria internacional en caso de una apertura. Sería otro cambio radical en la realidad de la industria hotelera española en la isla en caso de que decidan volver, lo que dejaría su futuro en manos de la competencia extranjera.
El turismo en Cuba sufre por su crisis energética y la situación geopolítica
En cualquier caso, el problema va más allá de Meliá y de los hoteles españoles, o de las cadenas norteamericanas que sueñan con instalarse en la isla. Para Cuba, el turismo ha sido el principal motor económico incluso desde antes de la Revolución, pero los problemas para la exportación de caña de azúcar y otros productos causados por el embargo le han otorgado un peso aún mayor.

En ese escenario, los hoteles españoles habían supuesto un balón de oxígeno para la población y para el Gobierno castrista, al generar ingresos y atraer visitantes del exterior. Por tanto, la capacidad de reacción interna será clave; no tanto para las hoteleras —que, tras desvincularse de sus plantillas en el país caribeño, podrán pasar página—, sino para el Ejecutivo de la isla, que acumula años de presiones internas y externas inéditas para la Revolución.
¿Qué más se puede esperar en la isla?
En todo caso, es evidente que la incapacidad de Díaz-Canel para mantener la confianza de los inversores en la estabilidad del régimen empieza a generar serias dudas en los mercados. Si a esto se suma el interés comercial de Estados Unidos por asentarse en la isla, es de esperar que se produzcan giros determinantes en el proceso.
Mientras tanto, como señala Reuters, los cierres de hoteles se producen en paralelo a un éxodo mayor de empresas internacionales —entre ellas del sector financiero y logístico—, que evalúan el incremento del riesgo que supone operar en Cuba tras el endurecimiento de las sanciones por parte de Washington. Visa y Mastercard han interrumpido varias de sus operaciones, mientras que aerolíneas clave como Air France, Turkish Airlines, Iberia o World2Fly han suspendido sus vuelos a la isla.




