Contratar un empleado con 1.500 euros brutos al mes cuesta a la empresa cerca de 2.500 euros, según los cálculos difundidos por Pymes y Autónomos.
La cifra, defendida por el empresario Javier Oliver en televisión, resulta llamativa pero hay que leerla bien. Esa distancia sale de las cotizaciones a la Seguridad Social y de la retención del IRPF, no de una sola figura. Sobre el salario bruto la empresa paga una cotización a su cargo; del bruto se descuentan la cotización del trabajador y la retención del IRPF. El neto es lo que queda tras esos descuentos, y el coste laboral es la suma del bruto más la cotización empresarial.
Oliver habla de una brecha del 41% entre lo que cuesta el trabajador y lo que percibe. No es una cifra oficial, es su cálculo redondeado, pero sirve para entender la mochila de costes que asume una pyme al contratar.
El desglose importa porque en el debate público se mezclan impuestos con cotizaciones. La cotización empresarial es un coste laboral, no un impuesto en el estricto sentido fiscal, aunque reduce el margen de la empresa cada mes. La retención del IRPF es un adelanto a cuenta del impuesto del trabajador, no un pago extra del empresario.
Qué paga de verdad la empresa y por qué no todo llega a la nómina
El efecto real es más visible en las subidas. Según un estudio del Observatorio de la Pyme de Cataluña basado en nueve nóminas reales de hostelería, metal, y limpieza, por cada 100 euros adicionales de coste laboral, el empleado recibe entre 48 y 56 euros netos. Los otros 44-52 euros van a IRPF y cotizaciones sociales.
La cuña fiscal no avisa: cada 100 euros que la empresa añade al coste laboral deja entre 48 y 56 euros netos en el bolsillo del empleado.
La relación funciona también al revés. Para que un trabajador gane 100 euros netos más, la empresa necesita elevar el coste entre 180 y 210 euros, según el informe. Con esa lógica, una mejora salarial aparente se transforma en un esfuerzo financiero mucho mayor para el autónomo que contrata o para la pyme consolidada.
El efecto del IRPF y la progresividad en frío: cuánto se pierde
Entre los nueve casos analizados, el tipo efectivo del IRPF subió entre 1,3 y 3,2 puntos porcentuales sin que cambiaran las circunstancias personales ni familiares de los trabajadores. En dinero, eso son entre 278 y 955 euros adicionales al año por trabajador.
Esa es la llamada progresividad en frío: los salarios suben con la inflación, Hacienda recauda más por el IRPF y el trabajador no nota la mejora completa. El estudio calcula que, entre 2020 y 2025, la inflación acumulada toma el 22,1%. Una subida salarial idéntica no protege el poder adquisitivo: la pérdida neta ronda entre el 2,8% y el 4%.
Para compensar esa pérdida, las empresas tendrían que subir remuneraciones entre cuatro y once puntos por encima de la inflación. El coste adicional por trabajador se mueve entre 1.142 y 3.315 euros al año. En una pyme de diez empleados, supera los 16.000 euros anuales.
Por qué la cuña fiscal importa más a las pymes
La queja del empresario en televisión no es nueva, pero el informe le pone números y límites. No se trata de si el Estado debe recaudar, sino de cuánto de una subida salarial llega de verdad al trabajador. Para una pyme, subir sueldos sin deflactar el IRPF implica pagar una parte creciente a Hacienda sin que el empleado lo perciba completo, y eso presiona los márgenes de un negocio pequeño.
El presidente de Pimec, Antoni Cañete, ha advertido de que restar eficacia a las subidas salariales daña la competitividad de las pymes y no beneficia del todo al trabajador. Es la traducción en gerencia de un dato técnico: si cada 100 euros de coste laboral solo se convierten en 48-56 netos, el empresario paga dos veces para intentar una mejora que se queda a medias.
Para un autónomo que decide contratar por primera vez, este cálculo no es teoría. Define cuánto debe facturar para que el puesto salga rentable. Un salario bruto de 1.500 euros no cuesta 1.500; cuesta cerca de 2.500. Y si mañana quiere pagar 100 netos más, el desembolso real se va a 180-210. Son números que conviene sentar con la gestoría antes de firmar.
La discusión sobre la cuña fiscal no se resolverá en una tertulia, pero obliga a mirar la nómina completa: salario bruto, cotización de la empresa, cotización del trabajador y retención. Mirar solo el neto es quedarse con un cuarto de la película.
Guía rápida del trámite
- 📅 Plazos: No existe un plazo concreto; revisa el coste antes de firmar cada contrato y cada subida salarial.
- ✅ Requisitos clave: Salario bruto pactado, tipo de cotización a la Seguridad Social y retención del IRPF aplicable al perfil del trabajador.
- 🌐 Dónde solicitarlo: No es un trámite único; puedes consultar normas y simuladores en la sede de la Seguridad Social y en la sede electrónica de la AEAT.
- 💰 Importe o coste: Un bruto de 1.500 euros puede acercarse a 2.500 de coste empresarial; por cada 100 adicionales, el trabajador neto recibe entre 48 y 56 euros.
- ⚠️ Error a evitar: Pensar que subir el bruto al ritmo de la inflación protege el poder adquisitivo; sin deflactar el IRPF, se pierde entre 2,8% y 4% de capacidad de compra.




