Trump pide a Putin poner fin a la guerra en Ucrania tras una llamada ‘extremadamente franca’; Moscú reanuda los bombardeos

La conversación duró una hora y Moscú la califica de constructiva, pero los ataques sobre Kiev dejan al menos cinco muertos. La posible reunión trilateral este mes añade presión a la hoja de ruta diplomática de Washington.

La llamada entre Trump y Putin del martes duró exactamente una hora, según el Kremlin, y Moscú la describe como constructiva y extremadamente franca. Horas después, el Ejército ruso reanudó los bombardeos masivos sobre Kiev tras una pausa de tres días, ligada a la visita de los enviados de Washington, Steve Witkoff y Jared Kushner, que viajara el fin de semana a Moscú y Kiev.

La llamada, los enviados y la reanudación de los ataques

El martes, el presidente ucraniano, Volodímir Zelenski, aseguró que negociadores de Ucrania, Rusia y Estados Unidos podrían reunirse este mismo mes para intentar encontrar una salida diplomática al conflicto. Moscú, sin embargo, se mostró más prudente: el Kremlin estimó que aún es demasiado pronto para hablar en términos concretos de un encuentro de ese tipo.

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En la conversación telefónica, Trump abogó por un rápido fin de las operaciones militares, mientras Putin presentó un análisis «objetivo y detallado» de la situación en el frente, según detalló a la prensa Yuri Ushakov, asesor diplomático del Kremlin. La conversación «duró exactamente una hora, fue constructiva y extremadamente franca», declaró Ushakov, y agregó que Putin destacó que no tiene «ningún plan agresivo» contra Europa.

Zelenski, por su parte, calificó las nuevas ideas presentadas por los emisarios estadounidenses de «muy buenas y merecen ser consideradas». Sin detallar esas propuestas, el presidente ucraniano anunció que Kiev se preparará para «facilitar la celebración de una reunión trilateral entre Ucrania, Rusia y Estados Unidos» en los próximos meses y «quizás ya en septiembre». Ushakov también calificó de «positivos» los resultados de la visita de Witkoff y Kushner y señaló que el trabajo continuará.

La tregua de tres días vinculada a esa visita se rompió de madrugada. El Ejército ruso reanudó los ataques contra Kiev con al menos 166 drones y decenas de misiles, según las autoridades ucranianas. El balance es severo:

  • Al menos 5 personas fallecidas y 25 heridas.
  • 14 edificios residenciales afectados, además de una escuela, una clínica y un supermercado.
  • 25 coches calcinados y varios almacenes logísticos dañados.

El Ministerio de Defensa ruso afirmó haber atacado fábricas de componentes para drones y misiles, depósitos de municiones y almacenes militares. Las autoridades ucranianas no confirmaron esa versión.

«Fue terrorífico, apenas tuvimos tiempo de salir corriendo hasta el estacionamiento. Los niños lloraban, y los animales también. Fue muy aterrador.» — Nina Kimova, residente de Kiev, 8 de septiembre de 2026

Una pausa que no alivia la presión energética europea

Lo que observo en esta secuencia es una negociación en la que los gestos de distensión conviven con la lógica de castigo sobre infraestructuras críticas. Ucrania teme que las hostilidades continúen durante el invierno, un periodo en el que Rusia tiene capacidad para golpear con dureza la red energética del país, como ya hizo en 2025. Esa ceguera operativa sobre la generación y el transporte de energía no es un daño colateral: es un instrumento de presión en la mesa de conversaciones.

El mercado europeo de gas, que ya reaccionó con nerviosismo a anteriores pausas de este tipo, mantiene una prima de riesgo geopolítico que el BCE no puede ignorar. Si los ataques se intensifican en otoño, el índice de referencia TTF podría repuntar y retrasar la moderación de la inflación energética en la eurozona. No es un escenario marginal: los contratos de futuros descuentan más volatilidad a partir de octubre.

En ese sentido, la reunión trilateral planteada por Zelenski —y que Moscú ve con cautela— se convierte en el hito a seguir. Si se confirma una mesa de diálogo antes de fin de mes, la prima de riesgo energético podría relajarse. Si fracasa, la presión sobre los precios del gas regresará al alza, justo cuando Europa inicia la campaña de llenado de reservas para el invierno.

🌍 El impacto en España y Europa

Para el lector español, la variable más directa es el Euríbor. Un repunte sostenido del gas natural eleva los costes energéticos y puede frenar la desescalada del Euríbor a 12 meses, retrasando la rebaja que esperan las hipotecas variables. Aunque el BCE mantiene su hoja de ruta de tipos, un choque energético prolongado reintroduciría dudas sobre la velocidad de los recortes.

  • Si el TTF escala por encima de los niveles actuales, las cuotas hipotecarias vinculadas al Euríbor verían un alivio menor del previsto.
  • La inflación de la energía afecta al poder adquisitivo de los hogares y presiona los costes del tejido agroindustrial y logístico español.
  • Para las empresas del IBEX con exposición internacional, un encarecimiento del gas eleva los costes de producción y puede recortar márgenes en el cuarto trimestre.

El impacto directo de la guerra en la economía española sigue acotado, pero refuerza la cautela del BCE. Si las conversaciones entre Moscú y Kiev logran un alto el fuego parcial, el efecto sería el contrario: disiparía parte de la prima energética y permitiría al Euríbor reanudar su senda a la baja.


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