Dos pequeños satélites idénticos, de apenas 400 kilogramos de masa, pondrán a prueba en 2027 una de las tecnologías más críticas para el futuro de la exploración lunar: la navegación autónoma en el complejo espacio cislunar. La NASA ha adjudicado el contrato a Advanced Space para la misión CAPSTONE 02, que expande los logros del pionero CAPSTONE original con una ambición mayor: demostrar maniobras de encuentro, formación de vuelo y comunicaciones entre dos naves sin depender del control desde tierra.
Un legado que da un salto cualitativo
La primera misión CAPSTONE —siglas de Cislunar Autonomous Positioning System Technology Operations and Navigation Experiment— fue el primer satélite comercial estadounidense en alcanzar la órbita de halo casi rectilínea alrededor de la Luna. Aquella órbita, un delicado equilibrio entre la gravedad terrestre y la lunar, resultó ser sorprendentemente estable para una futura estación lunar. El éxito de aquella pequeña nave de 25 kilogramos validó la navegación autónoma entre satélites y la comunicación en el entorno cislunar durante 2022 y 2023.
Ahora CAPSTONE 02 da un paso más. En lugar de un único vehículo, volarán dos naves idénticas fabricadas por Terran Orbital Systems, cada una con la capacidad de alternar entre el papel de ‘perseguidor’ y ‘objetivo’. Esta dualidad permite ensayar decenas de configuraciones de encuentro y proximidad, algo imprescindible para las futuras maniobras de atraque entre la nave Orion y los módulos de alunizaje que transportarán astronautas a la superficie lunar.
Bailando bajo la gravedad de dos mundos
Para entender la complejidad del reto basta con imaginar dos naves de 400 kilogramos —el peso de un coche utilitario— buscándose en la inmensidad del espacio mientras la Tierra y la Luna tiran de ellas en direcciones distintas. Es lo que los ingenieros llaman un problema de tres cuerpos, y las trayectorias resultantes desafían la intuición terrestre.
Los controladores de la misión ejecutarán una serie de operaciones de encuentro, vuelo en formación y merodeo en órbita lunar. Cada satélite estará equipado con un sensor óptico y un software de navegación desarrollado en tres variantes por la NASA. Uno de esos paquetes, el Cislunar Autonomous Positioning System que ya se probó en el primer CAPSTONE, servirá para que cada nave calcule su posición respecto a la otra observando cuerpos celestes, sin apoyarse en las estaciones de seguimiento terrestres.
Además, una cámara de alta resolución del Lawrence Livermore National Laboratory captará imágenes de la superficie lunar y servirá de ojiva óptica para las pruebas de navegación. La combinación de estas herramientas busca reducir al mínimo la dependencia de las comunicaciones con la Tierra y automatizar tareas hoy rutinarias pero que consumen valiosos recursos humanos y tiempo de antena.

Otro objetivo científico de la misión es seguir caracterizando el entorno de radiación en la órbita lunar, un dato vital para diseñar los hábitats que ocuparán los astronautas de Artemis y, más adelante, los residentes de la Base Lunar.
Probar estas maniobras en el espacio real es la única forma de garantizar que los astronautas puedan acoplarse a un módulo lunar sin depender de la asistencia terrestre.
El pilar de la infraestructura lunar
Más allá de la proeza técnica, CAPSTONE 02 representa un modelo de misión escalable y de bajo coste que la NASA quiere estandarizar. El contrato se ha canalizado a través de un programa de Innovación para Pequeñas Empresas (SBIR), y la gestión recae en el Centro de Investigación Ames de la agencia, en California. Tanto la Dirección de Vuelos Tripulados como la de Tecnología han unido fuerzas para financiarlo, una señal de que la autonomía cislunar se ha convertido en una prioridad transversal.
El esquema industrial también es revelador: Advanced Space, una empresa surgida del entorno de la Universidad de Colorado, coordina a un fabricante de satélites (Terran Orbital) y a un laboratorio nacional (LLNL) para poner a punto un cubo de misiones que podría repetirse de forma rápida. Si todo sale bien, las técnicas de navegación relativa que se ensayen con los dos CAPSTONE 02 podrán integrarse directamente en los módulos de transferencia lunar de las misiones Artemis a partir de la cuarta o quinta misión.
No obstante, la prudencia científica manda. Las condiciones gravitatorias del espacio cislunar son imposibles de reproducir en un simulador terrestre, así que los datos reales serán los que digan si los algoritmos están a la altura. Aun con esa cautela, la hoja de ruta es clara: sin una navegación autónoma fiable, la promesa de una base lunar permanente sería un castillo en el aire.
Lo que está en juego no es una misión aislada, sino la construcción del ferrocarril orbital que un día permita a las naves de carga y a los módulos tripulados encontrarse en la Luna sin que cada cita requiera un batallón de controladores en Houston. Quizá dentro de una década miremos atrás y veamos en estos dos discretos satélites el germen de la primera logística lunar autónoma.
🔬 Ficha del Descubrimiento
- Qué se ha descubierto: La misión CAPSTONE 02 probará tecnologías de navegación autónoma, encuentro y vuelo en formación entre dos satélites en órbita lunar, así como la caracterización del entorno de radiación.
- Dónde: Espacio cislunar, específicamente una órbita de halo casi rectilínea alrededor de la Luna.
- Institución responsable: NASA, con contratos a Advanced Space (gestión), Terran Orbital Systems (fabricación de naves) y LLNL (carga óptica).
- Cuándo: Lanzamiento previsto para 2027, con una trayectoria de baja energía que llevará meses hasta la inserción orbital lunar.
- Impacto a futuro: Las maniobras ensayadas son las mismas que necesitarán los astronautas de Artemis para acoplarse a los módulos de alunizaje y las futuras estaciones en la órbita de la Luna, reduciendo la dependencia del control desde tierra.




