Brasil entra en la recta final hacia la primera vuelta presidencial con una fotografía que inquieta más por su simbolismo geopolítico que por la aritmética electoral: un empate técnico entre Luiz Inácio Lula da Silva y Flavio Bolsonaro. Negocios TV reunió al analista Julio Burdman, profesor de la Universidad de Buenos Aires, para desmenuzar por qué este duelo puede redefinir el eje de América del Sur.
Las encuestas no dejan un ganador claro. En un país de dimensiones continentales, varias mediciones sitúan la diferencia por debajo de los tres puntos y otras otorgan ventajas mínimas a uno u otro candidato. Burdman explicó que Brasil se convierte en un territorio polarizado en las presidenciales: por un lado, el lulismo; por otro, la derecha.
Un empate que anticipa una segunda vuelta
El analista sostiene que la gran incógnita es si Lula será la excepción a la oleada de candidatos trumpistas que ha ido imponiéndose en Sudamérica. Recuerda que, desde 2004, todos los candidatos que el expresidente estadounidense Donald Trump ha señalado han terminado ganando. Eso alimenta, según su lectura, una esperanza peculiar en la derecha brasileña.
Sin embargo, Lula no es un actor menor. Es el presidente en ejercicio, una figura histórica y encabeza una economía que no atraviesa un mal momento. Esas son sus dos grandes fortalezas. Pero el antilulismo, advirtió Burdman, es muy fuerte y no puede subestimarse.
Aranceles, industria y el pulso con Washington
En el terreno comercial, el entrevistado recordó que Brasil aplicó aranceles similares, incluso un poco más altos, a los de otros países. La razón de fondo, afirmó, es que Washington ve al Brasil de Lula como un competidor industrial de larga data, con salarios en dólares y una industria real. Hay pronósticos, dijo, que lo comparan con un posible nuevo país asiático por productividad ligada a salarios bajos.
Pero Burdman fue más allá de la economía. Los aranceles de Trump son, sobre todo, geopolíticos. Estados Unidos considera a Brasil un país amigo, no un aliado estratégico. El entrevistado mencionó varios síntomas: Brasil no asistió a la reunión denominada Escudo de las Américas, convocada por Trump y Marco Rubio en Florida; mantiene una política propia para el Atlántico Sur; y está construyendo un submarino nuclear. Es, en su opinión, el único país que plantea una estrategia militar discordante con la de Washington en la región.
Brasil con Bolsonaro dejaría de ser el país que desafía, entre comillas, a Estados Unidos en América del Sur.
— Julio Burdman, profesor de la Universidad de Buenos Aires
La Casa Blanca prefiere a Flavio Bolsonaro
¿Qué pasaría si el hijo de Jair Bolsonaro gana? Burdman cree que una presidencia de Flavio Bolsonaro tendría un respaldo visible de Washington, y que para Trump en pleno ciclo electoral de medio término sería un triunfo simbólico: Brasil se sumaría al club de los llamados trampitas del mundo. Es un país relevante por PIB y por peso regional, así que el cambio no pasaría desapercibido.
El antecedente de Jair Bolsonaro, matizó, no fue exactamente una revolución exterior. Aunque al inicio tuvo actitudes desafiantes hacia China y Rusia, terminó alineado con los BRICS por las restricciones del propio comercio brasileño. Por eso su política exterior no fue tan innovadora como se esperaba. Con Flavio, el escenario sería distinto precisamente por el clima actual en Washington.
El modelo Milei para la relación con China
Sobre China, Rusia e Irán, el analista prefirió no especular en el vacío. Lo que sí ve con claridad es un giro en la relación con Pekín: sería muy parecida a la de Javier Milei, una relación comercial y financiera, con inversión directa en recursos naturales clave, pero sin cooperación militar, atómica ni en áreas sensibles para la geoestrategia hemisférica de Estados Unidos.
De confirmarse, ese cambio dejaría a Brasil fuera del grupo de países americanos que incomodan a Washington. La pregunta sobre Rusia e Irán quedó abierta, porque Burdman no la desarrolló en esta conversación, pero el título de la propia entrevista en Negocios TV apunta a un cambio total si Bolsonaro se impone.
El tablero sudamericano entra en ebullición
Para el lector, la lección es clara: estas elecciones brasileñas no se explican solo con inflación, empleo o seguridad. Son también un termómetro de la reorganización hemisférica impulsada por Washington. Si Lula resiste, será la excepción a una tendencia que ya se percibe en varios gobiernos sudamericanos. Si cae, el continente se parecerá aún más al mapa que Trump desea dibujar.
Con la primera vuelta a menos de un mes y una segunda vuelta casi asegurada, la única certeza es que la campaña se decidirá en el filo. Negocios TV deja sobre la mesa una pregunta incómoda: ¿vota Brasil pensando en su economía o en su lugar en el tablero global?
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