El Ministerio de Comercio chino estudia un paquete de restricciones que prohibiría a Huawei y Alibaba utilizar las fundiciones de TSMC o Samsung para fabricar sus chips de inteligencia artificial, según un borrador al que ha tenido acceso Financial Times. La medida, que también limitaría la exportación de modelos de IA y datos de entrenamiento, busca blindar la soberanía tecnológica de Pekín a costa de lastrar a sus propios campeones nacionales.
Claves de la operación
- Soberanía tecnológica con coste competitivo. China quiere retener dentro de sus fronteras todo el hardware y el ‘software’ clave para la IA, pero al cortar el acceso a los nodos más avanzados de TSMC y Samsung ralentiza a sus propias empresas.
- Dependencia de SMIC y límites de la fabricación local. La prohibición forzaría a los diseñadores chinos a depender de fundiciones como SMIC, aún rezagadas en litografías de vanguardia, lo que retrasaría el desarrollo de chips de IA durante años.
- Restricciones también sobre modelos, datos y fusiones. El texto extiende los controles a la salida de grandes modelos de lenguaje y de los datos con los que se entrenan, y cierra la puerta a adquisiciones como la de la ‘startup’ Manus por Meta.
El cortocircuito de la IA china: ¿blindaje o autoaislamiento?
El Ministerio de Comercio ha trasladado un borrador a empresas como Huawei, Alibaba, ByteDance y Zhipu que, de aprobarse, les vedaría el uso de fábricas extranjeras de semiconductores. La consulta parte de la premisa de que la cadena de suministro de chips es demasiado vulnerable a los vaivenes geopolíticos y de que solo una fabricación íntegramente nacional puede garantizar la independencia tecnológica.
La parte más llamativa del paquete es la que afecta a la fabricación. Huawei, Alibaba o ByteDance diseñan sus propios circuitos integrados, pero la producción final sigue en manos de TSMC (Taiwán) o Samsung (Corea del Sur). Prohibir ese acceso dejaría a estas compañías atadas a la capacidad nacional, encabezada por SMIC, que aún no domina los nodos de última generación y tendría que absorber una demanda para la que no está preparada.
La dependencia actual de TSMC y Samsung coloca a estas compañías en una posición muy vulnerable. Sin una alternativa local madura, el recorte normativo podría traducirse en un frenazo competitivo frente a las empresas occidentales que sí seguirán accediendo a la litografía más avanzada.
De confirmarse, las restricciones se sumarían al catálogo chino de tecnologías prohibidas o controladas para la exportación, el mismo instrumento que ya regula las tierras raras y el litio. Por ahora, todas las propuestas están en fase de consulta y ni las empresas ni el Ministerio de Comercio han confirmado su alcance final.
China quiere blindar su IA, pero la receta tiene un efecto secundario inmediato: cortar el acceso a los chips más avanzados del mundo a sus propias empresas.
Modelos, datos y fusiones: la otra pinza regulatoria
Más allá de la fabricación, el borrador ataca también la vertiente del ‘software’. El Gobierno chino trasladó a Alibaba, ByteDance y Zhipu su intención de restringir la salida de datos de entrenamiento y la descarga de los pesos de sus modelos por usuarios extranjeros. Una maniobra que choca directamente con la estrategia seguida hasta ahora por DeepSeek, que ha basado parte de su ofensiva de bajo coste en publicar en abierto sus avances.
El caso de DeepSeek ilustra el giro que plantea Pekín. La firma apostó por modelos transparentes para ganar influencia en la comunidad investigadora global, pero las nuevas normas obligarían a replegar todo ese conocimiento dentro de las fronteras chinas. La decisión tiene implicaciones inmediatas: menos colaboración internacional y una mayor brecha entre la IA oriental y la occidental.
Otro foco del paquete es el endurecimiento de las normas sobre adquisiciones extranjeras de tecnología estratégica china, especialmente en el ámbito de la IA agéntica. La revisión busca tapar la laguna legal que permitió a Meta comprar la empresa emergente Manus por 2.000 millones de dólares antes de que las autoridades chinas ordenasen deshacer la operación. Con el nuevo texto, operaciones similares quedarían bloqueadas de raíz.
¿Quién gana y quién pierde en el tablero de la soberanía tecnológica?
Visto desde Europa, este movimiento recuerda al empeño comunitario por la autonomía estratégica en semiconductores, aunque con una diferencia crucial: mientras Bruselas intenta atraer inversión extranjera con la Chips Act, China impone restricciones a sus propias empresas. El resultado inmediato es que los gigantes chinos pierden competitividad, al menos a corto plazo.
Desde esta redacción observamos una paradoja difícil de ignorar. Por un lado, Pekín lleva años impulsando a sus campeones nacionales para que compitan con Nvidia, Apple o Google. Por otro, una medida como esta podría ralentizar el desarrollo de chips de IA durante años y ceder la ventaja a sus rivales estadounidenses. La industria local de semiconductores, con SMIC a la cabeza, necesitaría al menos un lustro para igualar los nodos que hoy ofrece Taiwan Semiconductor Manufacturing Company.
La decisión final llega cargada de riesgos para ambas partes. Si la prohibición se confirma, TSMC y Samsung perderán un volumen de negocio significativo —China representa un mercado clave para la fundición—, pero las más perjudicadas serán las propias empresas chinas, que verán cómo se estrecha su margen de innovación. En última instancia, la gran derrotada puede ser la ambición china de liderar la carrera mundial de la IA.




