1Enterovirus: la enfermedad de manos, pies y boca que irrumpe en septiembre
Enterovirus: la enfermedad boca-mano-pie que irrumpe en septiembre
Si hay un virus que marca el calendario nada más reabrir las aulas, ese es el enterovirus que causa la enfermedad boca-mano-pie. El agente más habitual, el coxsackie, encuentra en las clases de Infantil su hábitat perfecto: se transmite por saliva, mocos, líquido de las ampollas, heces y superficies como juguetes o picaportes, donde puede sobrevivir varios días. Su fama de vaciar guarderías tiene respaldo numérico: un estudio con registros de atención primaria de Cataluña entre 2014 y 2025 contabilizó 83.400 casos en menores de cinco años y confirmó picos estacionales sincronizados con el calendario escolar, con un repunte al volver de vacaciones. Tras la pandemia, la incidencia rebotó desde el otoño de 2021 y este curso ya hay colegios, como varios del Campo de Gibraltar, que han enviado circulares a las familias por el aumento de casos. El cuadro típico: fiebre de unos tres días, úlceras dolorosas en la boca y vesículas en palmas y plantas, con niños que dejan de comer, babean y lloran, aunque algunos compañeros pasen la infección sin síntomas.
No hay vacuna ni tratamiento específico, así que frenarlo a tiempo se juega en la higiene: lavado de manos con agua y jabón durante al menos 20 segundos, desinfección de juguetes y superficies y no llevar al cole a quien tenga fiebre o mal estado general. Con matices: los pediatras recuerdan que la transmisión ocurre antes y después de los síntomas y que muchos casos son asintomáticos, por lo que aislar al enfermo no basta; la Asociación Española de Pediatría permite volver en cuanto cede la fiebre y el niño puede comer, sin esperar a que curen las lesiones. El manejo se centra en aliviar molestias con paracetamol, geles orales para las llagas y comidas frías y blandas, porque el mayor riesgo es la deshidratación por el dolor al tragar. Los adultos también se contagian (los expertos estiman que alrededor del 1% de los expuestos desarrolla síntomas) y, cinco o seis semanas después, algunos pequeños pierden las uñas de manos y pies, una secuela llamativa pero benigna.



