El lujo se enfrenta a uno de los periodos de mayor incertidumbre desde la crisis financiera. Con los grandes grupos recortando previsiones y la demanda china en fase de contracción, pocas categorías logran mantener un crecimiento sostenido. Una de ellas, sin embargo, desafía la tendencia: las gafas de lujo. Según los últimos datos de Bain & Company, el segmento de eyewear premium creció entre un 2% y un 4% en 2025, alcanzando un volumen de negocio de aproximadamente 17.000 millones de euros. Una cifra que lo convierte en un auténtico outlier frente al frenazo del resto de bienes personales de lujo.
He analizado con detalle el informe de Bain y las previsiones de Euromonitor para 2026. El contraste es revelador: mientras el mercado global del lujo personal apenas avanza, las gafas —tanto de sol como graduadas— se consolidan como un gasto recurrente y menos sensible a la volatilidad macroeconómica. La consultora Federica Levato, socia senior de Bain, lo resume con claridad: “Esta categoría goza de una posición genuinamente privilegiada: resiliente, en crecimiento y alineada estructuralmente con la dirección del gasto del consumidor”.
El consumidor de alto poder adquisitivo ha convertido las gafas en un accesorio de moda tan renovable como un bolso: poseer varias monturas graduadas ya no es la excepción, sino la norma.
La fusión entre moda, salud y tecnología impulsa la demanda
Detrás del buen desempeño hay una tormenta perfecta de factores. Por un lado, la fashion-ification del segmento ha disparado la compra por impulso y la rotación de modelos: los consumidores ya no se limitan a una única montura, sino que acumulan varias en distintos colores y formas. Por otro, el envejecimiento demográfico y el aumento de problemas visuales amplían la base de usuarios de gafas graduadas. A esto se suma el despegue de las gafas inteligentes, para las que Euromonitor proyecta una tasa de crecimiento anual compuesta del 48% hasta 2030.
Las cifras globales respaldan este optimismo. Euromonitor estima que la industria mundial de la óptica —incluidas lentillas, gafas de sol y monturas graduadas— moverá 171.000 millones de dólares en 2026, un 4% más en términos corrientes. En el primer trimestre del año, EssilorLuxottica reportó unas ventas de 7.130 millones de euros, un 11% más que en el mismo periodo del ejercicio anterior, impulsadas por la fuerte demanda en Norteamérica y por las monturas con inteligencia artificial de Ray-Ban y Oakley.
Reconfiguración del tablero corporativo: de las licencias a la integración vertical
El buen momento del eyewear ha acelerado un cambio estructural en la industria: las grandes casas de lujo llevan años recuperando el control de sus licencias ópticas. LVMH creó Thélios en 2021 para fabricar internamente las gafas de Dior, Celine y otras marcas del grupo, siguiendo la estela de lo que ya hiciera Kering con Gucci en 2016. Esta estrategia presiona a los licenciatarios tradicionales, obligándoles a reorientar su negocio hacia la gafa graduada, el deporte y el segmento premium contemporáneo.
El caso de Safilo es paradigmático: perdió Gucci, luego Celine y luego Dior, pero ha respondido con una diversificación del portafolio que ya empieza a dar frutos. En el primer trimestre de 2026, sus ventas netas alcanzaron 272,9 millones de euros, un 0,4% más a tipos de cambio constantes, apoyadas por la solidez de la demanda de gafas graduadas en todas las geografías principales. “Más que verlo como un desafío, lo aprovechamos para rediseñar nuestra estrategia y reforzar nuestra posición competitiva”, explica Michele Melotti, CFO del grupo italiano.
La pérdida de las licencias de Gucci, Celine y Dior empujó a Safilo a diversificarse hacia las gafas graduadas y deportivas. La jugada ha permitido mantener un crecimiento orgánico modesto pero positivo en plena tormenta del lujo.
En paralelo, el apetito corporativo no cesa. A finales de 2025, la aseguradora óptica estadounidense VSP Vision adquirió el fabricante italiano Marcolin, propietario de la licencia de Tom Ford y de otras marcas como Zegna y Max Mara. La operación refuerza la tendencia hacia la concentración en un sector donde la escala y la integración vertical resultan cada vez más determinantes para proteger los márgenes.
La perspectiva del inversor: ¿es el eyewear un refugio en un sector a la baja?
Conviene no dejar que el brillo de los titulares ofusque los riesgos reales. La volatilidad arancelaria sigue siendo una amenaza para los fabricantes demasiado dependientes de China, y los retrasos regulatorios en la Unión Europea en torno al cumplimiento de la inteligencia artificial están frenando el despliegue de las gafas inteligentes. Sin embargo, la naturaleza híbrida del producto —un bien que es a la vez moda, dispositivo médico y soporte tecnológico— le confiere una resistencia que pocas categorías del lujo pueden igualar.
Los inversores que analizan el sector desde la óptica del capital paciente encuentran aquí un activo defensivo con capacidad de generar flujos de caja recurrentes. La clave no está tanto en perseguir el último lanzamiento de moda como en identificar a los operadores que controlan la fabricación, la distribución y el vínculo directo con el consumidor. En mi opinión, quienes asignen capital a este segmento deben fijarse más en la integración vertical y en la digitalización de la experiencia de compra —incluida la prueba virtual— que en el crecimiento explosivo a corto plazo.
💎 Veredicto Wealth
Para el inversor con visión de largo plazo, las compañías que integran diseño, tecnología y distribución de eyewear representan una vía de diversificación defensiva dentro del lujo. El horizonte temporal razonable para evaluar el desempeño no es trimestral: hay que mirar el quinquenio 2026-2030, cuando la explosión de las gafas inteligentes redefina el mercado.





