El IPC de Estados Unidos ha sorprendido a la baja en junio, situándose en el 3,5% interanual, y Bitcoin ha reaccionado con una subida que lo ha llevado por encima de los 64.000 dólares. La cifra queda muy por debajo del 3,8% que esperaba el mercado y da alas a quienes apuestan por un giro en la política de la Reserva Federal.
Los datos publicados por la Oficina de Estadísticas Laborales mostraron que el IPC general cayó un 0,1% en junio respecto al mes anterior, arrastrado sobre todo por el abaratamiento de la gasolina, que se desplomó cerca del 10%. Sin embargo, la inflación subyacente, que excluye energía y alimentos, se mantuvo en el 2,9%, aún por encima del objetivo del 2% de la Fed. Ese dato de fondo deja margen para que el banco central no cante victoria demasiado pronto.
La reacción de los mercados fue inmediata. Los rendimientos de los bonos del Tesoro retrocedieron, el dólar cedió terreno frente a las principales divisas y las bolsas se tiñeron de verde. El oro también sumó ganancias. Bitcoin, que llevaba una semana presionado por liquidaciones de posiciones apalancadas y tensiones geopolíticas, encontró el pretexto perfecto para rebotar con fuerza: pasó de cotizar en torno a 61.600 dólares a superar los 64.000, una subida cercana al 4% en pocas horas.
La lógica detrás de este movimiento es sencilla. Una inflación más débil de lo esperado allana el camino para que la Fed recorte los tipos de interés o, al menos, ponga fin a las subidas. Unos tipos más bajos reducen el coste de oportunidad de tener un activo que, como bitcoin, no paga intereses ni dividendos. Por eso, cada vez que se enfría el IPC, el mercado cripto respira.
Pero no todo es viento de cola. El presidente de la Reserva Federal tiene previsto testificar esta misma semana, y sus palabras serán examinadas con lupa por los inversores. Las actas de la última reunión ya dejaron entrever que la demanda energética ligada a la inteligencia artificial se ha convertido en un nuevo foco de inflación, una variable que puede complicar cualquier hoja de ruta hacia recortes de tipos. Además, el factor gasolina que tanto ha ayudado en junio podría evaporarse rápidamente si el petróleo vuelve a repuntar, algo que no es descartable tras la reactivación del bloqueo naval de Estados Unidos a los envíos iraníes y la tensión en el estrecho de Ormuz.
El crudo ya ha recuperado los 80 dólares por barril. Una escalada sostenida de los precios energéticos alimentaría de nuevo la inflación que la Fed lleva meses combatiendo, y eso obligaría a mantener una política monetaria restrictiva durante más tiempo. Bitcoin, en ese escenario, perdería uno de los principales apoyos que hoy lo sostienen.
El bitcoin sigue siendo un activo que baila al son de la macro, sin despegarse realmente de lo que marcan los bancos centrales.
El rango de Bitcoin y la fatiga de los ETF
El precio de Bitcoin ha pasado la última semana moviéndose en una horquilla estrecha, entre los 61.600 y los 64.700 dólares. Había tocado máximos cerca de 64.400 el 10 de julio, para luego desinflarse hasta el soporte de los 61.600 el día 13. La sorpresa del IPC lo ha devuelto a la zona media de ese rango, pero sin conseguir romperlo con claridad.
Un elemento que está perdiendo fuelle es la demanda de los ETF al contado, que tanto empuje dieron a bitcoin durante el último año. Los flujos netos medios de los últimos 30 días llevan en terreno de salidas desde mediados de mayo de 2026, según datos de analistas consultados por Bitcoin Magazine. Aunque los reembolsos diarios han bajado de 193 millones de dólares a principios de junio a los 88,9 millones actuales, la tendencia aún no ha encontrado un suelo firme. Esa fatiga deja a bitcoin más expuesto a los vaivenes de la macroeconomía, justo lo que estamos viendo.
Próximas citas: resultados bancarios y la Fed
Esta semana no solo trae el dato de inflación. Gigantes como JPMorgan, Goldman Sachs, Wells Fargo y Bank of America presentan sus resultados del segundo trimestre, un termómetro de la salud del sistema financiero que puede marcar el apetito por el riesgo. Y en dos semanas llegará la decisión del Comité de Mercados de la Fed (FOMC) para julio, probablemente la cita más relevante del mes.
Los mercados de futuros descuentan dos tercios de posibilidades de que la Fed mantenga los tipos en la horquilla del 3,5%-3,75% y un tercio de una subida de un cuarto de punto. La báscula se moverá según los próximos datos y, sobre todo, según el tono que adopte el banco central en su comunicado. Para bitcoin, un mensaje más dovish (proclive a aflojar) sería oxígeno; uno hawkish, un jarro de agua fría.
Leer el IPC más allá del titular
Lo que este episodio deja claro es que bitcoin no ha roto su correlación con los activos de riesgo. Sigue moviéndose al compás de lo que dictan los bancos centrales y los datos de inflación. Eso no es necesariamente malo: le da un ancla comprensible para el gran público, pero también lo hace vulnerable a cualquier sorpresa macroeconómica que cambie las expectativas sobre los tipos de interés.
Mientras tanto, el contexto geopolítico añade una capa extra de incertidumbre. Un repunte del petróleo por el bloqueo a Irán podría reavivar la inflación y retrasar los recortes de tipos, justo lo que no quiere el mercado. Bitcoin, que ha demostrado cierta resiliencia en los últimos meses, se enfrenta al mismo dilema: la esperanza de una política monetaria más laxa choca con la realidad de un mundo todavía tenso y con precios energéticos al alza.
Por ahora, el rebote tras el IPC es una señal de que el mercado sigue hambriento de buenas noticias. Pero conviene no perder de vista que, como en otras ocasiones, el camino desde un dato de inflación puntual hasta un cambio duradero en la política monetaria está lleno de curvas. Y en ese recorrido, bitcoin seguirá oscilando entre el optimismo y la cautela, con la mirada puesta en cada palabra que salga de la Fed.




