Merz advierte: la UE no puede competir con la manipulación cambiaria china y pide diálogo monetario

El canciller alemán considera que la ventaja competitiva de Pekín por la gestión del yuan lastra a las empresas europeas y propone negociar la libre flotación de la divisa. La intervención se produce en un momento de creciente tensión comercial entre Bruselas y Pekín.

He seguido con especial interés la intervención del canciller alemán, Friedrich Merz, en la inauguración de la Adenauer School of Government en Colonia. Su advertencia ha sido tan directa como inusual en un líder europeo: la Unión Europea no puede ganar la partida comercial a un competidor que manipula artificialmente su moneda. La solución que propone Merz tampoco es la típica retórica proteccionista, sino abrir un diálogo monetario directo con China para lograr que el yuan flote libremente en los mercados de capitales.

La declaración, realizada este lunes 13 de julio de 2026, llega en un momento de creciente tensión entre Bruselas y Pekín, con aranceles, investigaciones antisubvenciones y disputas tecnológicas de por medio. Pero Merz ha puesto el foco en un terreno más sutil y potencialmente más explosivo: la política cambiaria.

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El trasfondo de una moneda gestionada

China mantiene desde hace décadas un sistema de flotación administrada del yuan (o renminbi), en el que el banco central fija diariamente una banda de fluctuación y puede intervenir para evitar movimientos bruscos. Para muchos analistas, esta práctica equivale a una manipulación cambiaria encubierta, ya que permite a Pekín mantener su divisa artificialmente débil, abaratando sus exportaciones y encareciendo las importaciones para sus socios comerciales. La Unión Europea, primer destino de las mercancías chinas, lleva años acumulando un déficit comercial que roza los 400.000 millones de euros anuales.

Merz ha puesto cifras y nombres a esa inquietud. «No se puede competir en igualdad de condiciones con un socio que tiene la capacidad de devaluar su moneda a voluntad», vino a decir, y su receta es un foro bilateral donde la UE exija a China compromisos verificables de libre flotación. La propuesta no es menor: implicaría que Pekín renunciara a uno de los pilares de su modelo exportador, justo cuando la economía china se enfrenta a una desaceleración interna y a las presiones arancelarias de Estados Unidos.

Análisis: ¿diálogo o presión asimétrica?

Lo que me parece más relevante de este movimiento es que Berlín, tradicionalmente el motor económico y la voz dovish en las relaciones con China, asume ahora un tono mucho más exigente. No es la primera vez que un responsable europeo menciona la cuestión cambiaria, pero sí es la primera en que un canciller alemán la coloca como condición para una competencia leal. La pregunta, sin embargo, es si Pekín aceptará siquiera sentarse a hablar de liberalizar su divisa. El yuan se ha internacionalizado muy lentamente, y los controles de capital siguen siendo férreos. Ceder en este punto sería el equivalente a desmantelar una de las herramientas macroeconómicas que el Partido Comunista considera irrenunciables.

Además, el momento no es el más propicio. La guerra comercial iniciada por EE.UU. ha llevado a China a reforzar su estrategia de autosuficiencia y a responder con medidas de represalia. Bruselas, atrapada entre Washington y Pekín, corre el riesgo de que su exigencia de liberalización cambiaria sea vista como una concesión a la administración estadounidense, lo que restaría margen de maniobra diplomático. El precedente de la administración Trump, que designó a China como manipulador cambiario sin lograr avances tangibles, tampoco invita al optimismo.

«Estamos intentando orientar el diálogo con China hacia una solución… un intento de persuadir a China para que permita que su propia moneda flote libremente, también en el contexto de la competencia en los mercados de capitales.» — Friedrich Merz, Canciller de Alemania, Adenauer School of Government, Colonia, 13 de julio de 2026

🌍 El impacto en España y Europa

Para España y la eurozona, la iniciativa de Merz tiene dos caras. Si el diálogo fructificase y el yuan se apreciara, las exportaciones europeas ganarían competitividad frente a los productos chinos, algo que beneficiaría especialmente a sectores como el textil, el calzado y los componentes industriales, donde la competencia asiática es feroz. Sin embargo, un yuan más caro también encarecería las importaciones de componentes y materias primas que muchas empresas europeas —incluidas las españolas— incorporan a sus cadenas de suministro. A corto plazo, el Euríbor y las hipotecas variables no se verían directamente afectados, porque el tipo de cambio euro-yuan no es una variable clave para el BCE. Pero una escalada de tensiones comerciales sí podría repercutir en el crecimiento de la eurozona y, con ello, en la senda de tipos de Fráncfort. Por ahora, la propuesta de Merz es solo un globo sonda, pero refleja un cambio de actitud en Berlín que Madrid y el resto de capitales europeas deberán seguir muy de cerca.


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