Rusia prohíbe la exportación de diésel tras los ataques a sus refinerías: el golpe que encarece el combustible en Europa

El Kremlin reconoce que la oleada de drones ucranianos ha forzado una reducción de la producción y obliga a importar derivados por primera vez. La prohibición total de las exportaciones elimina un volumen clave del mercado global en pleno verano.

He estudiado la orden firmada ayer por el Kremlin: Rusia prohíbe la exportación de diésel para frenar el desabastecimiento interno que han provocado los ataques ucranianos con drones contra sus refinerías. La medida, anunciada por el viceprimer ministro Alexánder Nóvak durante una reunión con Vladímir Putin, entra en vigor de inmediato y busca redirigir todo el diésel disponible al mercado doméstico.

Los ataques a las refinerías y la respuesta de emergencia del Kremlin

Los drones ucranianos han multiplicado su efectividad en los últimos meses. El pasado lunes lograron alcanzar la refinería de Omsk, en Siberia, a unos 2.700 kilómetros del frente. Antes ya habían golpeado los puertos exportadores del Báltico en marzo y abril, y la refinería de Moscú en dos ocasiones durante la semana del 23 de junio. El impacto acumulado ha reducido de forma forzada la producción de combustible y ha obligado a Rusia a adoptar medidas extraordinarias.

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La situación en el mercado interno, según Nóvak, ‘se ha estabilizado parcialmente pero sigue siendo difícil’. Los datos que maneja el Gobierno ruso son elocuentes:

  • Más de 80 regiones han impuesto restricciones a la venta de combustible.
  • La demanda de gasolina y diésel ha aumentado un tercio por el cambio de rutas logísticas.
  • Rusia ha comenzado este mes de julio a importar derivados del petróleo de otros países, algo impensable para uno de los mayores productores de crudo del mundo.
  • El Gobierno ha extendido un año más la exención de aranceles para los productos petrolíferos y aditivos importados y permite adquirir combustible con estándares ambientales más bajos.

‘Hoy se ha introducido una prohibición a las exportaciones de diésel, lo que permitirá aumentar su suministro al mercado interno.’ — Alexánder Nóvak, viceprimer ministro del Gobierno ruso, reunión del 8 de julio de 2026

Putin, por su parte, calificó la crisis de ‘temporal’ y acusó a Ucrania de querer ‘crear nerviosismo en la sociedad rusa’ durante la temporada de vacaciones, aunque aseguró que ‘el margen de seguridad de la red eléctrica es muy alto’. Lo cierto es que la combinación de ataques, escasez y restricciones ha generado largas colas en las gasolineras y un repunte de precios en amplias zonas del país.

Un shock de oferta que tensa el mercado global del diésel

Más allá de la crisis doméstica, la prohibición supone un nuevo shock de oferta para un mercado mundial que ya navegaba con estrecheces. Antes de la invasión de Ucrania, Rusia era el principal proveedor de diésel de la Unión Europea: más del 40 % de las importaciones europeas llegaban de refinerías rusas. Aquel flujo se cortó en febrero de 2023 con el embargo de la UE, pero el diésel ruso siguió fluyendo hacia otros mercados. Ahora, la restricción total de las exportaciones elimina también esos volúmenes, presionando al alza los precios internacionales.

Los futuros del gasóleo en el mercado de Londres ya reflejaban esta mañana subidas superiores al 2 %, en una sesión dominada por la incertidumbre. Lo que veo aquí es un encarecimiento añadido de los costes logísticos y de transporte en pleno verano, cuando la demanda de diésel para maquinaria agrícola y transporte vacacional suele repuntar en el hemisferio norte.

🌍 El impacto en España y Europa

Para el consumidor español, la prohibición rusa tiene un canal de transmisión casi directo. Aunque España ya no importa diésel de Rusia, los precios mayoristas del gasóleo cotizan en mercados internacionales, y cualquier estrechamiento de la oferta global se traduce en céntimos adicionales en los surtidores de la Península. El diésel representa más del 60 % del parque automovilístico español y alimenta la columna vertebral del transporte profesional. Un encarecimiento sostenido añadiría presión a la inflación subyacente y elevaría los costes de distribución de alimentos y mercancías.

La medida también complica la ecuación energética europea. Las refinerías del Viejo Continente operan ya a plena capacidad para cubrir el hueco que dejó el crudo ruso. Si la sequía de exportaciones se prolonga, las primas de los spreads del gasóleo podrían dispararse y forzar a los gobiernos a revisar las ayudas al combustible, tal y como ocurrió durante el pico de precios de 2022.


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