La desaceleración de la corriente atlántica potenciará ríos atmosféricos en California, según ‘Nature Communications’

La investigación, liderada por la Universidad de California en Riverside, alerta de que el freno de la AMOC multiplicará la potencia de los ríos atmosféricos que azotan la costa oeste americana. El fenómeno también reducirá la capa de nieve en Groenlandia, según los modelos climá

La gran correa oceánica que templa el clima europeo se está ralentizando. No es una novedad en la comunidad científica, pero sí lo es el efecto que tendrá sobre los ríos atmosféricos que castigan California. Un estudio de la Universidad de California en Riverside, publicado en Nature Communications, muestra que el debilitamiento de la circulación de retorno meridional del Atlántico (AMOC, por sus siglas en inglés) intensificará las tormentas extremas en la costa oeste de Estados Unidos. Y lo hará mientras reduce la nieve en Groenlandia, dos cambios climáticos que pueden parecer distantes pero que están cosidos por un mismo océano.

La AMOC funciona como una cinta transportadora planetaria: arrastra agua cálida y salada desde el trópico hacia el norte, libera calor en la atmósfera —suavizando los inviernos del norte de Europa— y luego se hunde en las profundidades para regresar al sur. El problema es que el deshielo de Groenlandia y el calentamiento global están inyectando enormes cantidades de agua dulce en esa ruta, lo que ralentiza el motor.

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La cinta transportadora oceánica se frena

La circulación de retorno meridional del Atlántico (AMOC) es, en esencia, la máquina que regula el clima de medio planeta. Mueve un volumen de agua equivalente a 20 veces el caudal de todos los ríos del mundo juntos y su colapso —que algunos estudios sitúan a mediados de siglo como una posibilidad no descartada— tendría consecuencias planetarias. Para este nuevo trabajo, los investigadores modelaron cómo responde el sistema atlántico a distintos escenarios de emisiones. Descubrieron que, aunque la AMOC no se detenga del todo, su debilitamiento es suficiente para redibujar los patrones de precipitación en el Pacífico norte.

Los modelos climáticos ya anticipaban que una ralentización de la cinta transportadora modificaría la posición de la corriente en chorro, la gran autopista de vientos que gobierna las borrascas. Ahora, el equipo de la UCR añade un eslabón crítico: la intensificación de los ríos atmosféricos que apuntan a California. No se trata de una tormenta más, sino de autopistas de humedad que viajan miles de kilómetros desde los trópicos y descargan cantidades de agua capaces de desbordar presas e inundar ciudades.

Ríos atmosféricos en California: más lluvia, más riesgo

Un río atmosférico maduro puede transportar hasta 15 veces el caudal del Misisipi en su desembocadura. Es una pluma de vapor de agua que se enrosca en la circulación global y, cuando choca contra las montañas de la costa oeste, se convierte en un diluvio. El estudio de Nature Communications revela que, con una AMOC debilitada, estos fenómenos ganan fuerza debido a un mayor contraste de temperatura entre el océano y la atmósfera, inducido por los cambios en la circulación atlántica.

Los autores proyectan un incremento significativo en la frecuencia de ríos atmosféricos de categoría extrema en California durante las próximas décadas. Las simulaciones apuntan a que las lluvias torrenciales que hoy ocurren una vez cada varios años podrían volverse más habituales, afectando a una región que ya sufre sequías crónicas y una infraestructura hidráulica tensionada. “La señal emerge con claridad en todos los escenarios de emisiones que hemos probado”, explicó el investigador principal, según el comunicado de la Universidad de California en Riverside.

cambio climático California

Groenlandia, la otra víctima del debilitamiento

Mientras California se prepara para más tormentas, en el extremo opuesto del sistema climático, Groenlandia pierde una de sus reservas blancas. El mismo mecanismo que desvía los ríos atmosféricos hacia el oeste americano reduce el transporte de humedad hacia la gran isla ártica, lo que se traduce en menos nevadas. El estudio cifra esa pérdida en una disminución de la capa de nieve que, a largo plazo, podría acelerar la fusión del hielo continental.

La nieve fresca actúa como un escudo reflectante para la capa de hielo. Cuando cae menos, el albedo (la capacidad de reflejar la luz solar) disminuye y el hielo absorbe más radiación, lo que retroalimenta el calentamiento. No es un dato menor: Groenlandia ya pierde unos 270 mil millones de toneladas de hielo al año, según el Panel Intergubernamental sobre Cambio Climático (IPCC). Si a ese goteo se le suma una menor reposición invernal, el escenario se complica.

Un océano Atlántico más lento no solo enfría Europa: también redirige las tormentas del Pacífico, con consecuencias tan dispares como una inundación en California y un invierno menos nevado en Groenlandia.

Un mecanismo que une dos océanos

La conexión entre el Atlántico y el Pacífico a través de la circulación atmosférica global es un rompecabezas que los climatólogos llevan años recomponiendo. Este estudio aporta una pieza nueva: demuestra que la ralentización de la AMOC no solo modifica el clima en su entorno inmediato, sino que dispara teleconexiones que llegan hasta la otra cuenca oceánica. El mecanimsmo —la palabra va sin tilde, un lapsus que delata la prisa del redactor— es sutil: al debilitarse la AMOC, el océano Atlántico norte retiene más calor en superficie, lo que altera los gradientes de presión y desplaza la trayectoria media de las borrascas del Pacífico.

Aun así, los propios autores reconocen que los modelos climáticos tienen limitaciones para capturar la variabilidad natural en escalas de décadas. La proyección de más ríos atmosféricos extremos es robusta en el conjunto de simulaciones, pero la magnitud exacta del cambio dependerá de cómo evolucione realmente el deshielo de Groenlandia y de cuánto se ralentice la AMOC en la realidad. La buena noticia es que la red de observación oceánica, con boyas como las del programa RAPID, permite vigilar la cinta transportadora casi en tiempo real.

La próxima década será determinante. Los sistemas de detección, los satélites y los nuevos modelos de alta resolución ofrecerán una validación observacional que hoy aún está en construcción. Hasta entonces, la ciencia recuerda que el Atlántico y el Pacífico no son dos océanos separados: comparten el mismo latido climático. Y cuando ese pulso se altera, California y Groenlandia lo notan a la vez.

🔬 Ficha del Descubrimiento

  • Qué se ha descubierto: El debilitamiento de la circulación atlántica (AMOC) intensifica los ríos atmosféricos en California y reduce las nevadas en Groenlandia, según modelos climáticos.
  • Dónde: El fenómeno afecta a la costa oeste de Estados Unidos (California) y a Groenlandia, con implicaciones globales.
  • Institución responsable: Universidad de California en Riverside, con financiación de la Fundación Nacional de Ciencias de EE.UU.
  • Cuándo: Publicado en Nature Communications en julio de 2026.
  • Impacto a futuro: Las proyecciones apuntan a un aumento de las inundaciones extremas en California y a una pérdida adicional de masa de hielo en Groenlandia si la AMOC continúa ralentizándose.

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