A 11 millones de años luz: James Webb desvela el corazón oculto de Centaurus A

La imagen, obtenida por el telescopio James Webb en su cuarto aniversario, muestra con una nitidez sin precedentes el agujero negro central y los chorros de partículas que emergen del núcleo. El hallazgo permite estudiar cómo la actividad del núcleo influye en la evolución de la

Un velo de polvo cósmico, denso como la pez más negra del universo, ya no puede esconder lo que sucede en su interior. El telescopio James Webb acaba de desvelar el corazón oculto de Centaurus A, una de las galaxias activas más enigmáticas del firmamento, situada a 11 millones de años luz. La imagen, la más nítida jamás obtenida de su núcleo, llega justo cuando se cumple el cuarto aniversario del observatorio espacial más potente construido por la humanidad.

El ojo infrarrojo que atraviesa el polvo

Centaurus A, también conocida como NGC 5128, es una galaxia elíptica peculiar: un disco de polvo interestelar cruza su centro, ocultando un agujero negro supermasivo que engulle material y expulsa colosales chorros de plasma. Hasta ahora, las imágenes en el visible y el infrarrojo cercano, como las tomadas por el Hubble, apenas insinuaban la estructura del motor central. El James Webb, con su Cámara de Infrarrojo Medio (MIRI), ha penetrado la cortina de polvo y ha mostrado, con un detalle exquisito, el disco de acreción y los nudos de radiación que se arremolinan a apenas unas horas luz del horizonte de sucesos.

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La resolución de Webb revela filamentos de gas ionizado y grumos de plasma que trazan líneas de campo magnético, dibujando la arquitectura invisible que canaliza los chorros de plasma polvo y gas a velocidades relativistas. Cada pixel de la imagen abarca una región del tamaño de nuestro sistema solar, una proeza técnica que deja obsoletas todas las fotografías anteriores. “Es como si hubiéramos quitado una venda de los ojos”, ilustró en la nota de prensa el equipo de la NASA y la ESA.

Cuatro años de luz infrarroja

El 12 de julio de 2022, el mundo vio la primera imagen científica de Webb. Hoy, cuatro años después, el telescopio no solo ha mapeado la atmósfera de exoplanetas o fotografiado las galaxias más lejanas del universo temprano; también ha regresado a nuestro vecindario cósmico para escrutar las entrañas de una galaxia activa con una precisión comparable a leer un libro desde una ciudad a otra. 11 millones de años luz nos separan de Centaurus A, una distancia que, en la escala del cosmos, la convierte en la galaxia activa más cercana a la Vía Láctea. La luz que captó Webb esta semana partió de allí cuando los primeros homínidos bípedos apenas comenzaban a diversificarse en África oriental; en el momento de la captura, el polvo y el plasma ya llevaban millones de años danzando alrededor del agujero negro.

galaxia activa

La nueva imagen, procesada en falso color para resaltar las emisiones del polvo caliente (rojo) y del gas excitado por los potentes chorros (azul), permite a los astrofísicos medir por primera vez la tasa de acreción del agujero negro con datos directos, sin depender de modelos indirectos. Según la agencia espacial estadounidense, el núcleo de Centaurus A alberga un agujero negro de aproximadamente 55 millones de masas solares, comparable al de la galaxia gigante M87 pero mucho más activo en términos de retroalimentación.

Once millones de años de viaje para que una mota de polvo nos cuente cómo se enciende el motor de una galaxia entera.

Una ventana a la evolución galáctica

La astronomía de galaxias activas ha tenido que desenvolverse durante décadas con pinceladas gruesas. Los modelos teóricos predecían que la acreción sobre el agujero negro central y los chorros de partículas —relativistas, colimados, capaces de extenderse cientos de miles de años luz— debían ser los responsables de regular la formación estelar en toda la galaxia, un proceso conocido como feedback. Pero hasta esta imagen no se había podido observar la zona de transición, los pocos parsecs centrales donde la materia cae y la energía se dispara al medio intergaláctico.

La nitidez de Webb no solo confirma las predicciones del modelo estándar de núcleos activos, sino que añade un matiz nuevo: los grumos de gas y polvo no caen de forma homogénea, sino en estructuras filamentarias que parecen formarse por inestabilidades en el disco. Esta granularidad podría explicar por qué la luminosidad de Centaurus A varía en escalas de tiempo de apenas unos días, un parpadeo que los telescopios en tierra ya detectaban pero nunca habían podido atribuir a un origen físico concreto. Eso sí, los investigadores advierten que se trata de una sola instantánea; harán falta varias observaciones a lo largo de los próximos meses para confirmar si esa estructura filamentaria es permanente o efímera.

El hallazgo, además, abre la puerta a campañas de observación coordinadas con el Event Horizon Telescope y con futuros instrumentos como el SKA, que podrán captar las emisiones de radio de los chorros a distintas escalas. Comprender cómo un agujero negro de 55 millones de soles regula el destino de una galaxia entera no es solo un ejercicio de física extrema: es la llave para desentrañar cómo las galaxias como la Vía Láctea dejaron de formar estrellas y adoptaron su aspecto actual.

La imagen de Centaurus A también sirve como tarjeta de aniversario. Cuatro años después de desplegar sus espejos dorados en el punto de Lagrange L2, el telescopio James Webb ha superado todas las expectativas de vida útil y sigue mostrando que mirar al polvo —y a través de él— es la mejor manera de ver lo invisible. Mientras, el núcleo de esta galaxia sigue emitiendo radiación que viajará otros once millones de años hacia otros ojos, quizá futuros, en alguna otra orilla de la Vía Láctea.

🔬 Ficha del Descubrimiento

  • Qué se ha descubierto: La imagen más detallada del núcleo activo de la galaxia Centaurus A, mostrando por primera vez la estructura filamentaria del disco de acreción y los chorros de plasma.
  • Dónde: En la constelación de Centauro, a 11 millones de años luz de la Tierra, en el núcleo de la galaxia Centaurus A.
  • Institución responsable: NASA, ESA y el equipo del telescopio espacial James Webb, con procesamiento de imágenes por el Space Telescope Science Institute.
  • Cuándo: Publicada el 9 de julio de 2026, coincidiendo con el cuarto aniversario del lanzamiento y puesta en marcha del telescopio.
  • Impacto a futuro: Por primera vez se puede estudiar con precisión el proceso de acreción y retroalimentación en una galaxia activa cercana, un paso clave para entender la evolución galáctica y la formación de estructuras a gran escala.

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