Irán amenaza con cerrar el estrecho de Ormuz y dispara el petróleo: Europa, en alerta por crisis energética

La advertencia de Teherán, transmitida a través de medios estatales, sitúa al Brent al borde de los tres dígitos y dispara las alarmas en las economías de la eurozona.

Lo que más me preocupa de la amenaza de Irán no es el cierre en sí —aún improbable—, sino la velocidad con la que la diplomacia ha quedado sepultada bajo toneladas de munición. La escalada de esta semana ha sido brutal. Los bombardeos estadounidenses de la madrugada del martes al miércoles sobre las ciudades iraníes de Bushehr, Bandar Mahshahr y Bandar Abbas han dejado al menos nueve militares muertos, según fuentes de seguridad de la República Islámica. La respuesta no ha tardado: la Guardia Revolucionaria ha atacado bases militares de EE UU en Bahréin y Kuwait, y afirma haber derribado un dron MQ-9 estadounidense que intentaba interferir en la operación.

En medio de este intercambio de golpes, la televisión estatal Press TV ha lanzado esta madrugada la advertencia más temida por los mercados energéticos globales: una fuente anónima ha asegurado que Irán cerrará el estrecho de Ormuz si se producen nuevos ataques estadounidenses. La amenaza no es retórica; la Comisión de Seguridad Nacional del Parlamento iraní ya ha puesto sobre la mesa un abanico de represalias que incluye la retirada del Tratado de No Proliferación Nuclear, la modificación de la doctrina nuclear del país y el cierre del paso de Bab el-Mandeb, otra ruta marítima crucial en la desembocadura del Mar Rojo.

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«Irán cerraría el estrecho de Ormuz en caso de nuevos ataques estadounidenses.» — Fuente informada citada por Press TV, 8 de julio de 2026

Ruta vital para el crudo: por qué Ormuz enciende las alarmas de los mercados

Cada día transitan por el estrecho de Ormuz alrededor de 20 millones de barriles de petróleo, lo que representa cerca del 20% del consumo mundial diario. Además, por esta vía se mueve una parte muy relevante del gas natural licuado (GNL) que abastece a Europa y a Asia. Un bloqueo, aunque fuera temporal, bastaría para disparar el barril de Brent por encima de los 120 dólares y desatar un choque inflacionario de primera magnitud tanto en la zona euro como en Estados Unidos.

El pulso actual se produce después de que Washington revocara la autorización para la venta de petróleo iraní en los mercados internacionales y de que Irán respondiera atacando a tres embarcaciones comerciales en el propio estrecho. Los bombardeos estadounidenses de esta semana han intensificado la dinámica de ojo por ojo, y la amenaza de cerrar Ormuz es la carta más radical que puede jugar Teherán.

Choque inflacionario latente para la Fed y el BCE

Doy por sentado que los mercados monetarios van a reaccionar con aversión al riesgo y exigirán más prima por la deuda soberana. En mi opinión, el verdadero problema es que la Reserva Federal y el BCE se enfrentan a un shock de oferta justo cuando empezaban a vislumbrar el final de la batalla contra la inflación. Una subida del crudo sostenida por encima de los 100 dólares presionaría al alza los índices de precios al consumo en ambos lados del Atlántico y obligaría a los banqueros centrales a mantener los tipos altos durante más tiempo del previsto.

Para la eurozona, con un crecimiento aún renqueante, el riesgo es especialmente dañino: una inflación energética que erosione la renta disponible de los hogares y fuerce al BCE a retrasar cualquier recorte adicional de tipos. La paradoja es que la propia amenaza bélica, sin siquiera haberse materializado, ya actúa como un impuesto sobre el crecimiento.

🌍 El impacto en España y Europa

Para España y el conjunto de la eurozona, un cierre del estrecho de Ormuz supondría un golpe directo en tres frentes:

  • Euríbor e hipotecas: la expectativa de tipos altos prolongados mantendrá el Euríbor a doce meses en niveles cercanos al 4%, impidiendo que las hipotecas variables se abaraten este año.
  • Poder adquisitivo: la subida del crudo se traduciría en un encarecimiento de la gasolina y de la electricidad vinculada al gas natural, restando poder de compra a las familias españolas precisamente en la recta final del verano.
  • Seguridad energética: aunque España no depende directamente del petróleo iraní, la disrupción elevaría la prima de riesgo geopolítico en todos los contratos de suministro y dispararía los precios mayoristas del gas, afectando a la industria y al pequeño comercio.

No obstante, el grado máximo de ansiedad se concentrará en el BCE. Si la inflación repunta por el factor energético, el margen para seguir relajando la política monetaria en la reunión de septiembre se evaporaría. El siguiente hito será cualquier señal de que la diplomacia, aunque sea tras bambalinas, puede frenar la dinámica de represalias. Hasta entonces, el Brent seguirá cotizando en modo crisis.


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