La Cumbre de la OTAN de 2026 ha arrancado en Ankara en un clima de máxima tensión transatlántica. El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, ha dejado claro en la primera jornada que su paciencia con los aliados europeos se agota: “Estoy muy decepcionado con la OTAN”, ha declarado. Trump exige que el gasto en defensa alcance el 5 % del PIB —muy por encima del objetivo del 3,5 % fijado el año pasado en La Haya— y ha vuelto a poner sobre la mesa su deseo de anexionar Groenlandia, territorio autónomo de Dinamarca.
La cita, que se prolongará hasta el miércoles con la sesión principal, se celebra en un momento delicado para la alianza de 77 años. A las discrepancias presupuestarias se suman el conflicto en Ucrania y la exigencia de Trump de que Europa pague más por su propia seguridad mientras él corteja al anfitrión, el presidente turco Recep Tayyip Erdogan.
Un objetivo de gasto que solo rozan cinco aliados
El nuevo umbral de gasto en defensa básica —armamento, soldados y capacidades críticas— quedó fijado en el 3,5 % del PIB, más otro 1,5 % adicional para ciberseguridad y otros conceptos ampliados. Sin embargo, los datos actualizados de la OTAN difundidos antes de la cumbre revelan que solo cinco miembros alcanzarán el objetivo básico en 2026.
- 3,5 % del PIB en gasto central es la meta, pero la mayoría de los aliados europeos ronda todavía el 2 %.
- 1,5 % adicional acordado en La Haya para partidas como ciberdefensa apenas se ha materializado en presupuestos nacionales.
- Cinco países —cuyos nombres no se detallan en el informe preliminar— cumplirán el listón del 3,5 % este año, frente a la veintena que se queda por debajo.
El secretario general de la OTAN, Mark Rutte, intervino en un foro de industria de defensa paralelo a la cumbre para exigir “planes claros, concretos y creíbles” de gasto. A su juicio, la evidencia presentada hasta ahora es “impresionante”, pero insuficiente ante un escenario en el que Rusia, China, Corea del Norte e Irán “trabajan cada vez más juntos”.
“Debemos permanecer vigilantes. Estos países están colaborando de forma creciente; la industria de defensa rusa trabaja día y noche para alimentar la guerra en Ucrania.” — Mark Rutte, secretario general de la OTAN, Ankara, 7 de julio de 2026
Análisis: la alianza más frágil desde la Guerra Fría
Lo que estoy viendo en Ankara no es una cumbre rutinaria, sino un punto de inflexión. Trump utiliza el gasto militar como palanca para redefinir la relación transatlántica. Su amenaza de no haber asistido si la reunión no fuera en Turquía y su insistencia en que Groenlandia “debería ser controlada por Estados Unidos, no por Dinamarca” muestran que la cohesión aliada ya no es un hecho garantizado. La primera ministra danesa, Mette Frederiksen, ha respondido con contundencia: “Espero que todo el mundo sepa que eso no va a ocurrir”.
El trasfondo de rearme europeo se materializa en contratos millonarios que se firman estos días. Las empresas del sector, de Rheinmetall a Indra, asisten al mayor ciclo inversor en defensa desde el final de la Guerra Fría. Pero el ritmo de ejecución sigue siendo lento y los desacuerdos sobre quién paga y quién decide la estrategia militar colectiva afloran en cada declaración.
La incógnita inmediata es si Europa asumirá el 5 % que Trump exige —una cifra que ningún gran país, salvo Estados Unidos y tal vez Polonia, está cerca de cumplir— o si la fractura se traducirá en un debilitamiento del artículo 5.
🌍 El impacto en España y Europa
El envite de Trump coloca a España en una posición incómoda. Con un gasto en defensa que ronda el 1,3 % del PIB, el país está lejos del nuevo objetivo. La presión para elevarlo hasta el 3,5 % implicaría un desembolso adicional de entre 25.000 y 30.000 millones de euros anuales, lo que exigiría renegociar el techo de gasto o recortar otras partidas. Los grandes contratos de la OTAN y el rearme europeo benefician a firmas españolas de defensa como Indra o Santa Bárbara Sistemas, pero el coste fiscal es un debate que el Gobierno aún no ha abierto.
El Euríbor, por ahora, no se ve directamente afectado. Sin embargo, una escalada de la tensión geopolítica que eleve la prima de riesgo de la deuda europea podría endurecer las condiciones financieras. La próxima reunión del BCE en Fráncfort —con los ojos puestos en la estabilidad del euro— será la primera prueba del impacto de esta cumbre en la confianza de los mercados.
La cumbre continúa el miércoles con la esperada reunión bilateral entre Trump y el presidente ucraniano Volodímir Zelenski, a quien el estadounidense ha prometido que “algo va a salir” de las negociaciones de paz con Rusia. La OTAN, mientras, intenta no romperse.




