La probabilidad de que España alcance en 2030 el 81% de generación eléctrica renovable que marca el Plan Nacional Integrado de Energía y Clima (PNIEC) es de apenas un 9%. Así lo revela un estudio que ha lanzado esta semana la Barcelona School of Economics (BSE) y el Institut de Recerca en Energia de Catalunya (IREC), tras ejecutar 10.000 simulaciones Monte Carlo sobre el sistema eléctrico ibérico.
Los investigadores, cuyo trabajo aparece en la revista Energy for Sustainable Development, construyeron un modelo probabilístico del mercado eléctrico ibérico calibrado con datos horarios entre 2020 y 2024. Sobre él lanzaron miles de proyecciones que incorporan las incertidumbres reales del sistema: ritmo de despliegue renovable, evolución de la demanda, precios de combustibles, meteorología y desarrollo del almacenamiento. El resultado medio del escenario base es un 73,75% de generación renovable, lejos del objetivo.
Cinco escenarios para medir la viabilidad de la transición
El modelo evaluó cinco situaciones distintas: un escenario base, otro con prolongación de las nucleares más allá de 2030, uno optimista con mayor almacenamiento y renovables, un cuarto con efectos del cambio climático reduciendo la hidroeléctrica y aumentando la refrigeración, y un quinto sin desarrollo de baterías. Los resultados no dejan lugar al optimismo oficial.
En el escenario base, la probabilidad de alcanzar el 81% renovable se queda en el 9,06%. Incluso en el mejor de los casos —más baterías, más flexibilidad y despliegue acelerado— apenas sube al 14,5%. El conteo es claro: la inmensa mayoría de los futuros posibles no cumplen con el PNIEC.
El problema se agrava con las nucleares. Si los 7,1 GW actuales siguen operando después de 2030, el sistema eléctrico español obtiene los precios mayoristas más bajos (61,5 €/MWh de media) y las emisiones más reducidas (3,81 millones de toneladas de CO₂). Sin embargo, la cuota renovable cae al 70,07% y la probabilidad de éxito es exactamente del 0%. Los reactores, por su inflexibilidad, desplazan la eólica y la fotovoltaica en los momentos de mayor generación, reduciendo el espacio para integrarlas.
Mantener las nucleares garantiza precios bajos y menos CO₂, pero hace imposible alcanzar la meta renovable. La transición española se enfrenta a una disyuntiva de hierro.
El almacenamiento importa, pero no es la panacea

La investigación también midió qué ocurre si se eliminan los sistemas de almacenamiento con baterías (BESS). La cuota renovable bajaría al 72,75% y la probabilidad de éxito apenas rozaría el 4,5%. Además, los vertidos de energía solar y eólica se dispararían y la volatilidad de precios crecería al desaparecer la capacidad de guardar los excedentes del mediodía para la punta de la tarde. Pero los autores subrayan que, aunque el almacenamiento ayuda, no es el factor decisivo.
El escenario de cambio climático, con menos agua para hidroeléctrica y más demanda de refrigeración en verano, reduce la cuota renovable al 71,2%, dispara el precio medio a casi 80 €/MWh y hunde la probabilidad de éxito hasta el 3,8%. A pesar de estos números, el estudio destaca que ningún escenario compromete la seguridad de suministro: los ciclos combinados de gas siguen como respaldo y los indicadores LOLE y EENS permanecen en cero.
Más megavatios, no menos incertidumbre: el despliegue lo es todo
El análisis descubre que las diferencias entre los escenarios que logran el objetivo y los que no dependen casi exclusivamente del volumen de nueva potencia renovable instalada. Las simulaciones exitosas alcanzan una media de 65,8 GW de fotovoltaica y 57,5 GW de eólica, frente a los 51,1 GW y 50,9 GW de los escenarios fallidos. En cambio, variables como el precio del gas, el coste de los derechos de emisión o el crecimiento de la demanda apenas alteran las probabilidades.
Así, el cumplimiento del PNIEC dependerá mucho más de que el despliegue de nuevas renovables llegue al extremo más optimista de las previsiones. Cualquier retraso en la tramitación administrativa, la conexión a la red o la ejecución de los proyectos reduciría aún más unas probabilidades que ya de por sí son bajas, advierten los autores.
La planificación energética española, entre el realismo y el deseo
El estudio de la BSE y el IREC no es un ataque a las energías limpias ni un manifiesto pronuclear. Es una llamada de atención sobre los supuestos con los que se construyen las hojas de ruta oficiales. El PNIEC asume un despliegue de renovables que, según los investigadores, solo ocurrirá si todo sale excepcionalmente bien. Pero en el mundo real hay retrasos burocráticos, conflictos con el territorio, volatilidad financiera y cuellos de botella industriales. La historia reciente de la fotovoltaica y la eólica en España, con parones y acelerones, no invita al optimismo lineal.
Al mismo tiempo, el dilema nuclear es real y tiene consecuencias. Prolongar los reactores más allá de 2030 ofrecería un colchón de potencia firme y bajas emisiones, pero estrangularía el hueco para que las renovables crezcan hasta el 81%. Es un trade-off que obliga a decidir: ¿queremos más renovables o preferimos un sistema descarbonizado pero con menos presencia renovable? El PNIEC dice que los dos a la vez no son posibles, y ahora la ciencia lo confirma con datos.
La buena noticia es que la seguridad del suministro no está en juego. Incluso en el escenario más adverso, los ciclos combinados de gas garantizan el respaldo. Eso da margen para ser ambiciosos en el despliegue renovable. Pero la ambición debe traducirse en proyectos reales, no en documentos.
Alcanzar el 81% renovable en 2030 es un objetivo ambicioso y, según este estudio, improbable si no se acelera el despliegue. Las nucleares no ayudan; tampoco el cambio climático. Pero tampoco son un peligro. La transición, en realidad, se juega en los despachos de las administraciones que tramitan los proyectos y en las fábricas que producen paneles y aerogeneradores. Ahí está la clave.




