Volotea busca su tercera reestructuración de deuda con la SEPI y los bancos acreedores

La aerolínea da mandato a FTI Consulting para negociar con el organismo público y la banca un pasivo que suma 315 millones. Las pérdidas acumuladas desde 2019 superan los 500 millones y la negativa de la SEPI a aceptar quitas complica cualquier solución.

Volotea ha dado mandato a FTI Consulting para negociar la tercera reestructuración de su deuda en cuatro años, con la SEPI y la banca acreedora como interlocutores. La aerolínea, que recibió 200 millones de euros del fondo de solvencia público en 2022, busca aliviar un pasivo de 315 millones que incluye un préstamo participativo de vencimiento bullet en 2029. El movimiento confirma que los números rojos acumulados desde 2019 siguen lastrando la viabilidad financiera de la compañía.

La tercera reestructuración en cuatro años

La operación se activa con la contratación de FTI Consulting, firma especializada en reestructuraciones complejas con experiencia en el trato con la SEPI, y la inminente firma de un despacho de abogados. Fuentes financieras indican que la banca también ha contactado con asesores para dar mandatos durante este mes de julio. La aerolínea con sede en Asturias busca recalendarizar el pago de su deuda con la entidad pública y sus acreedores privados por tercera vez, después de dos acuerdos previos que solo sirvieron para aplazar vencimientos sin resolver el desequilibrio de fondo.

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El historial de renegociaciones es revelador. En el verano de 2024 consiguió retrasar el pago de 36,9 millones de euros, correspondientes a capital e intereses que vencían ese año y el siguiente. Del total, solo 14,5 millones quedaron para 2025, mientras que los 22,4 millones restantes se difirieron al periodo 2026-2028. La segunda recalendarización, firmada a mediados de 2025, aplazó 15,4 millones en intereses de julio de 2025 a abril de 2026 y un desembolso de capital de 10,9 millones, que se repartió entre 2026 y 2028. A pesar de esos parches, las obligaciones para este 2026 ascienden a 31,3 millones, según las últimas cuentas depositadas.

El laberinto de la deuda con la SEPI

La dificultad principal radica en la naturaleza del préstamo de la SEPI. A diferencia de los créditos con aval del ICO, el préstamo participativo público se considera crédito público en las reestructuraciones. Eso significa que el organismo dependiente del Ministerio de Hacienda se niega a cualquier quita de deuda y solo acepta recalendarizaciones con límites estrictos. Pero la banca privada y los fondos acreedores rechazan asumir pérdidas sin que la SEPI comparta el sacrificio, lo que ha provocado situaciones en las que se pactan reestructuraciones privadas al margen de la entidad estatal.

El préstamo principal, de 200 millones de euros inyectados en 2022 a través del Fondo de Ayuda a la Solvencia de Empresas Estratégicas, tiene un vencimiento bullet en 2029. Hasta entonces, la deuda con la SEPI y la banca acumula 315 millones, de los cuales 42 millones vencen en 2027, una cantidad similar en 2028, y el grueso —más de 200 millones— en 2029. Los dos ejercicios inmediatos, 2026 y 2027, concentran pagos de 31,3 y 42 millones, respectivamente.

Volotea SEPI

Las anteriores reestructuraciones estuvieron condicionadas a una ampliación de capital mediante un préstamo participativo convertible en acciones. En aquella ocasión, fue la aerolínea griega Aegean, junto al fondo PAR Capital y el equipo directivo encabezado por el fundador y CEO Carlos Muñoz, quienes inyectaron 71 millones de euros. Sin embargo, el mercado dudó entonces de la solidez del plan y la propia tentativa de salida a bolsa de Volotea quedó aparcada por esas mismas incertidumbres.

Pérdidas acumuladas y un ebitda que no convence

Las cuentas oficiales conocidas no ofrecen tregua. Desde 2019, Volotea ha depositado pérdidas en todos los ejercicios cerrados. El último disponible, el de 2024, arroja unos números rojos acumulados que rondan los 500 millones de euros. La compañía no ha hecho públicos aún los datos de 2025, aunque en octubre de ese año —cuando quedaban tres meses para el cierre— anticipó un incremento del ebitda del 29% y una facturación de aproximadamente 840 millones, un 4% superior, y calificó ese ejercicio como «el mejor resultado financiero de su historia». El comunicado no especificó si la última celda de la tabla de resultados sería finalmente positiva.

Con más de 500 millones de pérdidas acumuladas, la mejora del ebitda en 2025 es un alivio, pero no resuelve la asfixia de una deuda que exige salidas de caja inmediatas.

La aerolínea basada en Asturias opera en un entorno de costes elevados y fuerte competencia, donde Ryanair y otras low cost presionan los precios. Volotea ha aprovechado el repliegue de algunas rutas de la irlandesa para aumentar su oferta en España en un 16%, pero ese crecimiento no basta para equilibrar un balance lastrado por un servicio de deuda que se come la generación operativa. La incógnita de si 2025 fue realmente un año de beneficio neto será clave para la credibilidad ante los acreedores.

El presidente Ejecutivo de Volotea, Carlos Muñoz, se enfrenta a la paradoja de una aerolínea con vuelos llenos pero incapaz de transformar la ocupación en beneficios sostenibles. La necesidad de una tercera reestructuración en solo cuatro años muestra la fragilidad de una estructura de capital que ni las ampliaciones de capital ni los aplazamientos han conseguido enderezar.

Análisis: un rescate con trampa

El caso de Volotea es un ejemplo de cómo los rescates públicos de la pandemia, lejos de ser una solución definitiva, pueden convertirse en un cepo cuando la empresa no recupera la rentabilidad. La protección del crédito SEPI impide reestructuraciones profundas y disuade a inversores privados de entrar en el capital. La entrada de Aegean y PAR Capital en 2024 fue una tabla de salvación temporal, pero el dinero fresco se evaporó en pagar vencimientos en lugar de financiar una transformación operativa. La realidad contable —pérdidas continuadas desde 2019— erosiona la tesis de que se trata de un problema de calendario.

Si los números de 2025 no muestran un giro real en la rentabilidad neta, será difícil que bancos y fondos acepten otro aplazamiento sin contrapartidas más duras. Y si la SEPI se mantiene intransigente, la aerolínea podría abocarse a un escenario en el que la reestructuración se fragmente, con acreedores privados forzados a un acuerdo a sus espaldas. El precedente de casos como Losán o Duro Felguera, en los que FTI ya intervino, demuestra que el desenlace puede ser largo e incierto.

📊 Las Claves para el Inversor

  • Qué vigilar: La evolución de las negociaciones con la banca y la SEPI durante el verano de 2026, y si la aerolínea publica las cuentas de 2025 antes de septiembre. Sin ese dato, la reestructuración carece de anclaje.
  • Reacción del valor: Al no cotizar en bolsa, el termómetro es la capacidad de atraer nuevos inversores. Si la SEPI sigue sin aceptar quitas, será muy complicado que entre capital fresco.
  • Precedente sectorial: El rescate de Air Europa con la SEPI en 2021 acabó en una integración en Iberia tras no lograr viabilidad autónoma. Volotea, sin un socio industrial del mismo peso, afronta un camino más estrecho.

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