James Webb detecta un exoplaneta gigante orbitando una enana blanca a 12.000 años luz, anticipando el futuro de Júpiter

El hallazgo, liderado por el Instituto Max Planck, muestra atmósfera con hidrocarburos en un mundo que sobrevivió a la fase de gigante roja de su estrella. La observación proporciona una ventana al destino final de los gigantes gaseosos como Júpiter cuando el Sol muera.

El telescopio espacial James Webb ha captado por primera vez la atmósfera de un planeta gigante que orbita los restos de una estrella muerta. La enana blanca WD 1856+534, situada a apenas 80 años luz en la constelación de Draco, alberga un mundo ligeramente más grande que Júpiter que sobrevivió a la violenta fase de gigante roja de su sol. El hallazgo, publicado esta semana en Nature, anticipa con una nitidez insólita el destino que aguarda a los gigantes gaseosos de nuestro propio sistema cuando el Sol se apague dentro de miles de millones de años.

Un planeta siete veces mayor que su estrella muerta

El sistema WD 1856+534 alberga una enana blanca del tamaño de la Tierra que comprime en su interior una masa similar a la del Sol. Junto a ella gira WD 1856b, un planeta con un radio de 0,9 veces el de Júpiter y una masa que, según las estimaciones, oscila entre 4,3 y 10,9 masas jovianas. La desproporción es tan extrema que el planeta es siete veces más ancho que su estrella, un contraste imposible de imaginar en nuestro vecindario cósmico. Descubierto en 2020 por los telescopios espaciales TESS y Spitzer, este mundo se ha convertido ahora en el primer planeta en tránsito alrededor de una enana blanca del que se analiza su envoltura gaseosa.

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“La mayoría de las estrellas, incluido el Sol, terminarán sus días como enanas blancas —explica Ryan MacDonald, astrónomo de la Universidad de St Andrews y autor principal del estudio—. Sin embargo, apenas estamos empezando a comprender cómo afecta ese proceso a los planetas que las orbitan”. Hasta ahora, los candidatos planetarios detectados en torno a cadáveres estelares confirmaban que algunos mundos pueden resistir el colapso de su sol, pero nadie había conseguido leer la composición química de su atmósfera.

La huella química que Webb desveló

El instrumento NIRSpec del James Webb apuntó hacia WD 1856b durante varios tránsitos y detectó las firmas inconfundibles de hidrocarburos, en especial metano, y de aerosoles formados por pequeñas partículas en suspensión. Además, los datos revelaron emisión térmica procedente del lado nocturno del planeta, lo que permitió calcular una temperatura atmosférica de entre 390 y 412 kelvin (unos 117-139 °C), muy por encima de los 160 K esperados para un gigante gaseoso alejado de su estrella. “Es la primera vez que vemos una atmósfera en un planeta que transita una estrella muerta”, subraya Victoria Boehm, de la Universidad de Cornell.

Ese calor extra desconcierta a los investigadores. Una explicación plausible es que el planeta migró hacia el interior del sistema entre 3.000 y 5.500 millones de años después de que la estrella se convirtiera en enana blanca. Al acercarse al campo gravitatorio extremo del cadáver estelar, el rozamiento de marea habría calentado el planeta hasta temperaturas superiores a las actuales, y desde entonces se estaría enfriando lentamente. La hipótesis casa con la idea de que WD 1856b comenzó su vida en una órbita amplia, lo bastante lejos como para esquivar la expansión de la estrella durante su fase de gigante roja.

Por primera vez, un telescopio nos permite mirar hacia adelante en el tiempo para atisbar el futuro de los planetas exteriores de un sistema solar parecido al nuestro.

Los modelos barajan dos caminos para explicar cómo el planeta acabó donde está hoy. “Una posibilidad es que la estrella moribunda engullera al planeta y éste consiguiera sobrevivir en su interior —detalla Christopher O’Connor, de la Universidad Northwestern—. La otra es que la migración fuera provocada por la influencia gravitatoria de otros cuerpos del sistema”. WD 1856+534 forma parte de un sistema estelar triple; las compañeras estelares bien pudieron alterar la trayectoria del gigante gaseoso y precipitarlo hacia la enana blanca.

James Webb

Lo que este mundo nos dice sobre el futuro del Sistema Solar

Dentro de aproximadamente 5.000 millones de años, el Sol agotará el hidrógeno de su núcleo y se hinchará hasta convertirse en una gigante roja más de cien veces mayor que ahora. Mercurio, Venus y, con toda probabilidad, la Tierra serán destruidos durante esa expansión. El destino de los planetas exteriores, en cambio, sigue siendo una incógnita. Júpiter y Saturno, situados mucho más lejos, tienen altas probabilidades de sobrevivir, pero nadie sabe en qué condiciones quedarían sus atmósferas tras el cataclismo. El caso de WD 1856b proporciona la primera verificación observacional de que un gigante gaseoso puede conservar una envoltura rica en metano y aerosoles después de la muerte de su estrella.

“Estamos acostumbrados a mirar hacia atrás en el tiempo con los telescopios, pero esta es la primera ocasión en que podemos asomarnos a lo que podría ocurrirles a los planetas en torno al remanente de una estrella similar al Sol —afirma MacDonald—. Es como usar una máquina del tiempo para espiar el futuro lejano de nuestro propio sistema planetario”. La comparación con Júpiter no es exacta: la enana blanca de Draco es mucho más masiva que el futuro cadáver solar y la arquitectura de ambos sistemas difiere. Sin embargo, la firma química detectada demuestra que los hidrocarburos pueden mantenerse estables incluso bajo la radiación ultravioleta y los vientos de partículas que emite una enana blanca.

El estudio, publicado en Nature con el título “Aerosols and hydrocarbons in the atmosphere of a white dwarf planet”, deja preguntas abiertas. Los autores ya han programado cuatro tránsitos adicionales con el Webb para profundizar en la química atmosférica y refinar la temperatura. También queda por determinar cuál de las dos teorías migratorias —supervivencia dentro de la estrella o interacción gravitatoria con las compañeras— es la correcta. Mientras tanto, la imagen de un mundo gaseoso abrazando un rescoldo estelar del tamaño de la Tierra se consolida como la estampa más nítida del futuro que la Vía Láctea reserva a los gigantes como Júpiter.

🔬 Ficha del Descubrimiento

  • Qué se ha descubierto: La atmósfera de WD 1856b, un exoplaneta gigante que orbita una enana blanca, con presencia confirmada de metano y aerosoles.
  • Dónde: En el sistema WD 1856+534, a 80 años luz en la constelación de Draco.
  • Institución responsable: Equipo liderado por la Universidad de St Andrews, con participación de Cornell y Northwestern, usando el telescopio James Webb.
  • Cuándo: El hallazgo se publica esta semana (julio de 2026) en la revista Nature.
  • Impacto a futuro: Proporciona la primera ventana observacional al destino de Júpiter cuando el Sol muera dentro de 5.000 millones de años.

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