Donald Trump ha firmado este lunes dos órdenes ejecutivas que sitúan la computación cuántica en el centro de la estrategia tecnológica y de defensa de Estados Unidos. La medida, rubricada en el Despacho Oval, persigue dos objetivos complementarios: acelerar el desarrollo de un ordenador cuántico capaz de realizar investigación científica avanzada y blindar las comunicaciones del país —públicas y privadas— frente a la capacidad de descifrado que ofrecerán los futuros ordenadores cuánticos. El trasfondo es evidente: la rivalidad con China por la supremacía en esta tecnología disruptiva.
Las dos órdenes ejecutivas, desglosadas
La primera orden instruye a todas las agencias federales a elaborar planes concretos para el despliegue de tecnología cuántica en tareas de investigación. Además, fija un hito militar: el Pentágono deberá tener sensores cuánticos plenamente operativos en 2027. La segunda crea una directiva de ciberseguridad que ordena migrar los sistemas gubernamentales y los del sector privado hacia la criptografía post‑cuántica antes de 2031. Esto implica sustituir los actuales estándares de encriptación —vulnerables a los ataques cuánticos— por protocolos resistentes a la capacidad de cómputo de estas nuevas máquinas.
- Objetivo 2027: sensores cuánticos militares desplegados.
- Horizonte 2031: migración completa a criptografía post‑cuántica en sectores público y privado.
Michael Kratsios, director de la Oficina de Política Científica y Tecnológica de la Casa Blanca, adelantó la ambición temporal en una rueda de prensa previa a la firma:
“We believe this can happen by 2028.” — Michael Kratsios, director de la OSTP, 22 de junio de 2026
Donald Trump, durante la ceremonia, fue aún más categórico:
“We’re going to be investing in American quantum leadership like never before to stay ahead of the pack. We’re way ahead right now. We’ll keep it that way.” — Donald Trump, presidente de Estados Unidos, 22 de junio de 2026
La competencia con China vertebra toda la estrategia. Pekín ya ha inyectado fondos estatales masivos en investigación cuántica y ha construido redes de comunicaciones cuánticas que le otorgan una ventaja en determinadas aplicaciones. La decisión de la Casa Blanca envía una señal inequívoca a sus socios y a sus rivales: la administración Trump no está dispuesta a ceder terreno en la que algunos analistas llaman ya la “Guerra Fría cuántica”.

Lo que me llama la atención: plazos concretos y silencio presupuestario
He seguido de cerca los anuncios de política tecnológica durante las últimas dos décadas y lo que distingue a estas dos órdenes ejecutivas es la precisión temporal. Poner sobre la mesa 2027 para el despliegue de sensores cuánticos militares y 2031 para la transición criptográfica obliga a las agencias a trabajar con calendarios de cumplimiento, no solo con directrices de intención. Sin embargo, echo en falta un compromiso presupuestario explícito. La orden ejecutiva, por su naturaleza, no asigna partidas; requerirá la colaboración del Congreso para materializar las inversiones necesarias. Ese es el verdadero test: si el Capitolio respalda con créditos la ambición que el presidente firma con un bolígrafo.
Otro aspecto que conviene no perder de vista es la dimensión dual de la computación cuántica. Por un lado, promete revolucionar la farmacología, la ciencia de materiales y la inteligencia artificial; por otro, representa una amenaza existencial para los sistemas de cifrado que protegen desde las transacciones bancarias hasta las comunicaciones diplomáticas. La segunda orden ejecutiva reconoce explícitamente ese riesgo y, de hecho, fija la migración a criptografía post‑cuántica como una meta nacional. La pregunta que flota en el aire es si el sector privado, especialmente las pequeñas y medianas empresas, tendrá los recursos y el conocimiento para adaptarse a tiempo.
🌍 El impacto en España y Europa
La aceleración estadounidense en computación cuántica tiene consecuencias indirectas pero relevantes para el tejido empresarial y financiero español. La criptografía post‑cuántica no es una moda: el Banco Central Europeo ya está evaluando estándares para blindar los sistemas de pagos del futuro. Si la banca europea —y, por tanto, la española— no migra con la misma rapidez que Washington impone a su propio sector, podría enfrentarse a brechas de seguridad en las comunicaciones interbancarias transfronterizas. Aunque el Euríbor no se mueve al ritmo de los qubits, sí lo hará la confianza digital que sostiene el mercado único. Además, varias empresas e institutos de investigación españoles participan en consorcios europeos de computación cuántica; una mayor tensión geopolítica y un incremento de la inversión estadounidense podrían traducirse en más fondos europeos para no quedarse rezagados. La carrera cuántica es global y Europa, con España dentro, no puede permitirse el lujo de ser mera espectadora.
La Casa Blanca ha fijado un cronograma. Ahora falta saber si Pekín responde con nuevos hitos propios y si Bruselas se decide a acelerar su propia hoja de ruta cuántica. En todo caso, lo que firmó Trump este lunes ha dejado de ser una promesa electoral: es un plan con fechas, y los plazos ya corren.



