Un bar ha cobrado 3,45 euros por una Coca-Cola y la justificación del hostelero ha encendido el debate en redes. El empresario defiende que gana solo un euro por refresco, pero la letra pequeña de sus números revela un margen mucho más alto. Mientras, en el lineal de Mercadona la misma marca ronda los 0,85 euros la lata. El episodio deja al descubierto el diferencial de precios entre la hostelería y el supermercado y obliga a preguntarse qué paga realmente el consumidor cuando pide una bebida en un bar.
El desglose del hostelero: 3,45 euros y un supuesto beneficio de un euro
Sebas Gontoro, el hostelero que se ha hecho viral, ha grabado un vídeo para explicar los costes que, según él, convierten los 3,45 euros de una Coca-Cola en poco más que calderilla. Su cuenta es la siguiente: 45 céntimos se los lleva el Estado en impuestos; a ello suma el IVA, que según su cálculo es del 21% y eleva la factura fiscal a casi un euro. Añade el limón, el hielo, el vaso, el lavavajillas, el producto de limpieza, el camarero y la Seguridad Social. Conclusión del hostelero: el coste real le sale por unos 2 euros y gana un euro neto por refresco servido. “Rico no me hago con un euro”, remata.
La explicación, sin embargo, se topa con dos errores de bulto que los usuarios han señalado de inmediato. El más evidente es el tipo de IVA: en hostelería no se aplica el 21% sino el 10%. El segundo es la confusión entre precio de venta y base imponible: los impuestos se calculan sobre el precio sin IVA, no sobre el precio final que paga el cliente. Ambas imprecisiones hinchan la parte fiscal de sus cuentas y minimizan el beneficio real.
El IVA de la hostelería es del 10%: el error que cambia todas las cuentas
Una Coca-Cola de 3,45 euros con IVA del 10% deja una base imponible de 3,13 euros. Si el bar paga la lata a unos 0,85 euros (precio de venta al público en supermercado, aunque la hostelería suele conseguir tarifas algo más bajas por volumen), el margen bruto antes de otros costes ronda los 2,28 euros. Descontando los insumos (limón, hielo, vaso) y una imputación razonable de lavado y personal, el margen neto por refresco se sitúa entre 1,50 y 2 euros, no en el euro que defiende el hostelero.
El tipo de IVA aplicable a la restauración es del 10%, no del 21% como asegura el hostelero, lo que reduce la carga fiscal real y dispara el margen por cada refresco servido.
Para que el beneficio real bajara a un euro, el coste total por servicio tendría que superar los 2,45 euros, una cifra difícil de sostener con los precios de mercado de los insumos. Las cuentas no cuadran ni aplicando el convenio de hostelería medio.
Del lineal del súper a la mesa del bar: la comparativa de precios
📊 La comparativa de un vistazo
| Opción | Precio | Lo que incluye |
|---|---|---|
| Lata de Coca-Cola en Mercadona | 0,85 euros | 333 ml, consumo en casa |
| Coca-Cola en el bar (sin IVA) | 1,13 euros (aprox.) | Vaso, hielo, servicio en mesa |
| Coca-Cola en el bar (precio final) | 3,45 euros | IVA 10% incluido |
El salto de 0,85 euros a 3,45 euros multiplica el precio por cuatro. Una parte de la diferencia se explica por los costes del servicio (personal, local, suministros), pero aun así el margen que queda en manos del hostelero es muy superior al que el propio empresario admite.
Lo que paga de verdad el consumidor: servicio, ambiente y conveniencia
Conviene no simplificar el debate. El precio de un refresco en hostelería no es solo el líquido dentro del vaso: incluye el derecho a ocupar una mesa, la climatización del local, la limpieza, el hielo y la atención del camarero. Son costes reales que el supermercado no asume. El problema no es que la hostelería cobre más que el súper —es su modelo de negocio—, sino la falta de transparencia cuando se intenta justificar un margen con números que no se sostienen.
El hostelero, además, desgrava el IVA soportado en sus compras: los 0,10 euros de IVA que paga por cada lata los recupera en su declaración trimestral. No es un coste real, sino un flujo de caja a corto plazo. Sumando este detalle, el margen neto se acerca aún más a los 2,50 euros por refresco.
La guerra de precios que no llega a la barra
El episodio conecta con una tendencia de fondo: la creciente brecha entre los precios del gran consumo y los de la restauración. Mientras cadenas como Mercadona y Lidl libran una guerra de precios en refrescos y marcas blancas que mantiene la lata por debajo del euro, la hostelería opera con otra lógica. El comensal paga por el contexto tanto como por el producto. Sin embargo, la comparativa directa es inevitable en un momento en que el consumidor mira cada euro.
Lo relevante no es tanto si 3,45 euros es caro o barato —cada bar fija sus precios en función de su ubicación, su clientela y su estructura de costes—, sino la distancia entre la narrativa del hostelero y los números reales. La defensa habría sido más sólida si hubiera dicho: “Cobro 3,45 euros porque mi local, mi equipo y mi servicio lo valen”, en lugar de lanzar un desglose que no resiste un cálculo con el IVA correcto.
La próxima vez que pidas un refresco fuera de casa, recuerda que el precio no lo fija solo el coste de la lata, sino lo que el hostelero cree que estás dispuesto a pagar por estar ahí sentado. Esa es la variable que ninguna factura desglosa.
🛒 El Veredicto de Compra
- Compara el contexto, no solo el producto: Un refresco en un bar cuesta más porque pagas también el servicio, el local y el ambiente; si solo necesitas hidratarte, el súper es imbatible.
- Desconfía de los desgloses caseros: Cuando un hostelero desmenuza sus costes, comprueba que los tipos impositivos y la base imponible sean los correctos —el IVA de la hostelería es del 10%, no del 21%.
- El precio del lineal es tu vara de medir: Sabiendo que en Mercadona la misma lata ronda los 0,85 euros, puedes decidir con criterio si pagar cuatro veces más por el servicio te compensa o prefieres tomarla en casa.




