No he podido evitar fijarme en un dato que suele pasar desapercibido en las agendas de prensa: Saint Laurent abrirá la Paris Fashion Week Men’s el 23 de junio de 2026 con una declaración de intenciones tan silenciosa como ambiciosa. Kering, su matriz, anunció durante el pasado Capital Markets Day que la maison tiene previsto más que duplicar su negocio masculino de aquí a 2030. Una promesa que, traducida a términos de colección, convierte cada desfile masculino en una potencial factoría de piezas de archivo con valor de reventa.
Saint Laurent, Celine y Givenchy: la nueva guardia de la inversión en moda masculina
El debut masculino de Michael Rider para Celine y la primera presentación masculina de Sarah Burton al frente de Givenchy son los otros dos movimientos que el inversor sofisticado no debería ignorar. Ambos desfiles representan un reinicio estético y estratégico para dos casas que, en manos de los creativos adecuados, pueden elevar exponencialmente el valor percibido —y comercial— de sus líneas de hombre. La agenda, que se extiende hasta el 28 de junio, incluye 33 desfiles y 37 presentaciones, una ligera expansión respecto a la temporada anterior.
El debut de Michael Rider en Celine o el de Sarah Burton en Givenchy no son un espectáculo: son el primer capítulo de un nuevo activo de colección cuyo valor se mide en décadas.
Saint Laurent no se limita a abrir la semana: el CEO de Kering, Luca de Meo, ha puesto cifras concretas a la ambición. La empresa calcula que los ingresos masculinos pueden más que duplicarse en seis años, lo que implica una aceleración de la producción de artículos de alta gama y, probablemente, un incremento del control sobre la distribución. Menos producto en el canal mayorista y más en boutiques propias: la receta clásica para proteger el valor de reventa de los artículos más exclusivos.
Givenchy, bajo la batuta de Sarah Burton —quien durante una década definió la estética masculina de Alexander McQueen—, podría devolver a la firma a un lugar de culto entre los coleccionistas de moda oscura y sastrería edgy. Su primera colección masculina tendrá un ojo puesto en la herencia de Hubert de Givenchy y otro en la silueta contemporánea. Para el inversor, los abrigos estructurados y los accesorios metálicos suelen comportarse como depósitos de valor más estables que las prendas de temporada.
Mientras tanto, Celine juega la carta del misterio. Michael Rider, que asumió la dirección creativa hace apenas unos meses, apenas ha dejado filtrar detalles de su lenguaje. Esta falta de referencias previas dispara la especulación y, por tanto, la prima potencial de los artículos que salgan de su primer desfile. Los bolsos y cinturones de la colección debut podrían convertirse en objetos de deseo inmediato, alimentando listas de espera que se traducen en un sobreprecio medio del 30% en reventa durante el primer año.
Qué significa para el inversor: el efecto ‘primer desfile’ y la escasez como motor de precio
En el mercado secundario de moda de colección, las piezas de las primeras colecciones de un diseñador de renombre tienden a revalorizarse cuando la narrativa de la marca se consolida. Basta recordar lo ocurrido con las chaquetas teddy de Hedi Slimane para Dior Hombre o los bolsos Classic de Phoebe Philo para Céline. Hoy, ambos alcanzan primas de entre el 200% y el 400% sobre su precio en tienda en plataformas como Vestiaire Collective o The RealReal.
La agenda de esta edición ofrece pistas adicionales. Hermès presentará su colección masculina en formato privado, sin desfile, una fórmula que limita la difusión y preserva la exclusividad. Además, el regreso de Vetements al calendario oficial —tras varios años de ausencia— y la proliferación de referencias futbolísticas vinculadas al Mundial añaden coleccionabilidad a corto plazo: las colaboraciones no programadas y las piezas con iconografía del evento suelen agotarse en horas.

Análisis: la moda masculina consolida su lugar en la asignación de activos alternativos
He seguido de cerca la evolución del mercado de moda de lujo como clase de activo durante la última década. Si hasta hace poco el foco estaba en los bolsos femeninos —el Birkin, el Chanel 2.55—, hoy la moda masculina de alto diseño empieza a mostrar patrones de retorno similares. Los abrigos de archivo de diseñadores como Raf Simons o las zapatillas de colaboraciones exclusivas de Louis Vuitton con artistas han registrado tasas de revalorización anual compuesta de dos dígitos. El factor diferencial no es la categoría, sino la narrativa del creador y la escasez inicial.
El caso de Saint Laurent es paradigmático. Al fijar un objetivo de duplicar el negocio masculino, Kering no solo apuesta por el crecimiento orgánico, sino que crea las condiciones para que las piezas de las colecciones que abren esta etapa se conviertan en las más buscadas dentro de quince años. El inversor que adquiera hoy un trench de Anthony Vaccarello con la etiqueta de la temporada primavera-verano 2027 estará comprando un fragmento de la historia de la marca. Esa lógica, bien documentada en el mercado del arte, se aplica con creciente precisión a la moda de pasarela.
Adquirir una chaqueta del primer desfile masculino de Sarah Burton para Givenchy es, en esencia, comprar una opción sobre el éxito futuro de la maison.
El horizonte temporal recomendado para este tipo de inversiones oscila entre los cinco y los siete años. La moda masculina de colección todavía carece de la liquidez inmediata de la relojería o del arte contemporáneo, pero su correlación con los ciclos económicos es baja y la barrera de entrada, en términos de precio absoluto, es más accesible. Un abrigo de pasarela de Givenchy o una chaqueta bomber de Celine pueden adquirirse por entre 2.000 y 4.000 euros, con un potencial alcista significativo si la firma consolida una nueva identidad.
💎 Veredicto Wealth
Para preservar capital, el inversor conservador debería centrarse en los accesorios de cuero —cinturones, bolsos bandolera— de las colecciones debut, cuyo valor se sostiene mejor en mercados bajistas. Quien busque revalorización agresiva a largo plazo puede apostar por las prendas de pasarela más representativas del nuevo lenguaje de Celine o Givenchy, siempre que mantenga un horizonte de al menos siete años y conserve toda la trazabilidad del artículo.



