El shore power es una tecnología nueva que podría revolucionar el transporte marítimo cara a la descarbonización de este medio, ya que permite conectar un buque a un puerto y que este recibe electricidad desde la red terrestre. Una alternativa respetuosa con el medio ambiente ya que no requiere el uso de combustibles fósiles para reponer los motores auxiliares de las embarcaciones.
No obstante, si bien es una medida que agiliza gran parte del problema endémico que tiene el transporte marítimo en materia de transición energética, desde DNV insisten en que sigue siendo una alternativa altamente minoritaria, ya que apenas cerca del 4% de la flota mundial dispone actualmente de conexiones de este tipo. A ello se suma que solo alrededor del 3% de los puertos del mundo cuentan con la infraestructura necesaria para suministrar electricidad a los buques durante su estancia en puerto.
El shore power: una tecnología con potencial
El sistema de shore power permite apagar los motores auxiliares que normalmente permanecen en funcionamiento mientras el barco está atracado para alimentar sistemas esenciales como iluminación, climatización, ventilación o equipos de carga y descarga. Al sustituir esa generación eléctrica a bordo por energía procedente de la red terrestre, se reduce de forma significativa el consumo de combustible y, por tanto, las emisiones de gases de efecto invernadero. Además, disminuyen otros contaminantes especialmente perjudiciales para la salud, como los óxidos de nitrógeno (NOx), los óxidos de azufre (SOx) y las partículas en suspensión.
Los beneficios no se limitan al plano medioambiental, el último informe de DNV plantea que la conexión eléctrica desde tierra también reduce el ruido y las vibraciones generadas por los motores auxiliares, un aspecto especialmente relevante en puertos situados cerca de núcleos urbanos. Asimismo, permite disminuir las tareas de mantenimiento de los equipos de a bordo, ya que estos permanecen apagados durante las escalas.

Aún la tecnología está verde
Sin embargo, la implantación masiva del shore power se enfrenta todavía a importantes obstáculos. El principal es económico. Tanto los puertos como las navieras deben acometer inversiones relevantes para adaptar sus instalaciones y embarcaciones. En el caso de los puertos, es necesario desplegar sistemas de transformación eléctrica, cableado, equipos de gestión y, en muchos casos, reforzar la capacidad de la red eléctrica. Por su parte, los armadores deben instalar equipos específicos a bordo para poder recibir y gestionar la energía procedente de tierra.
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A ello se añade lo que los expertos de DNV denominan el problema del “huevo y la gallina”. Muchos puertos son reacios a invertir en estas infraestructuras mientras no exista una demanda suficiente por parte de los buques, mientras que las navieras dudan a la hora de adaptar sus flotas si no tienen la certeza de que encontrarán instalaciones disponibles en sus rutas habituales. Esta falta de coordinación ha ralentizado la expansión de una tecnología que, pese a estar plenamente madura desde el punto de vista técnico, sigue sin alcanzar una escala global significativa.

La situación podría cambiar durante los próximos años gracias al impulso regulatorio. La Unión Europea se ha convertido en uno de los principales motores de esta tecnología mediante iniciativas como FuelEU Maritime y el Reglamento sobre Infraestructuras para Combustibles Alternativos (AFIR), que obligarán progresivamente a determinados puertos y buques a disponer y utilizar sistemas de suministro eléctrico desde tierra. China y el estado de California también han puesto en marcha normativas similares para acelerar su adopción.
Según las estimaciones de DNV, si esta tecnología alcanzara una implantación generalizada en los buques de más de 5.000 toneladas de arqueo bruto, podría reducir alrededor de un 3,5% el consumo mundial de combustible del transporte marítimo y evitar la emisión de cerca de 29 millones de toneladas de CO₂ al año. Una cifra que evidencia que el shore power no resolverá por sí solo el reto de la descarbonización marítima, pero sí puede convertirse en una de las herramientas más eficaces para reducir las emisiones asociadas a las escalas portuarias.




