Blackstone ha refinanciado hasta 2036 los 3.124 millones de euros de deuda del vehículo Project Quasar, que agrupa los activos tóxicos procedentes del ladrillo de Banco Popular. La doble operación —conversión de deuda en préstamos participativos y extensión de vencimiento— evita la causa de disolución y permite que el auditor Deloitte mantenga el principio de empresa en funcionamiento, según las cuentas de 2025 depositadas en el Registro Mercantil.
La doble operación financiera que sostiene Quasar
El corazón de la maniobra es una combinación de reestructuración de pasivos. Por un lado, la sociedad Project Quasar Holdco —filial del vehículo principal— acordó con el acreedor Aliseda (también controlada por Blackstone) la conversión de 1.198 millones de deuda en un préstamo participativo. Esta reclasificación permite compensar el patrimonio neto negativo y eludir el riesgo de disolución legal. Por otro, la deuda remanente, que ascendía a unos 3.300 millones con vencimiento en marzo de 2026, fue refinanciada hasta abril de 2036, manteniendo al propio grupo Blackstone como principal acreedor, ahora con carácter subordinado frente a otros financiadores.
En las cuentas se detalla que el accionista (Blackstone) se compromete a adoptar las medidas necesarias en beneficio del grupo, incluyendo nuevas conversiones de deuda en préstamos participativos si fueran precisas. La operación llega después de que Blackstone adquiriese el 100% de Quasar en marzo de 2026, al comprar la participación del 49% que mantenía Santander, quien ya había reducido a cero la valoración de esa inversión en sus libros.
De 30.000 millones en libros a un agujero patrimonial de 672 millones
El origen de Quasar se remonta a 2018, cuando Santander traspasó a Blackstone la cartera de activos tóxicos heredada de la intervención del Popular en 2017. En aquel momento, los activos tenían un valor bruto en libros de 30.000 millones de euros, pero fueron tasados en 10.261 millones. Para financiar la compra, Blackstone recurrió a un préstamo sindicado que llegó a superar los 7.300 millones.
A cierre de 2025, las cuentas individuales de Project Quasar Investment 2017 muestran un patrimonio neto negativo de 93 millones de euros, mientras que en la filial Project Quasar Holdco el desfase alcanza los 672 millones negativos. Las pérdidas acumuladas de esta última suman 3.217 millones. Solo en el ejercicio 2025, las pérdidas netas fueron de 311,7 millones, lastradas por deterioros de activos (178 millones) y gastos financieros (140,2 millones).
La refinanciación, por tanto, no resuelve la hemorragia operativa, pero sí gana tiempo para seguir gestionando la cartera sin presión de vencimientos inminentes. Deloitte firma las cuentas bajo el principio de empresa en funcionamiento, subrayando que los administradores han formulado los estados financieros en ese contexto, lo que otorga un respiro temporal al vehículo.
La refinanciación convierte a Blackstone en acreedor subordinado, pero mantiene a flote un vehículo con pérdidas acumuladas de 3.217 millones de euros.
Blackstone refuerza el control total y el impacto del cambio de política en Sareb
Con la adquisición del 49% de Santander, Blackstone ha consolidado el dominio absoluto sobre Quasar y su servicer, Aliseda. Este movimiento le permite decidir sin fricciones la estrategia de gestión de los activos —compuestos por adjudicados, participaciones inmobiliarias y créditos fallidos— y también asumir como propio el riesgo de un posible deterioro adicional.
En paralelo, Aliseda se enfrenta a un revés comercial: en 2025, la Sareb paralizó la comercialización de sus activos residenciales, que el Gobierno ha traspasado a la sociedad Casa 47 para crear un parque público de vivienda asequible. Como compensación, en octubre de 2025 Sareb alcanzó un acuerdo con Aliseda para restablecer el equilibrio económico, cuyos detalles no han sido revelados. Además, Aliseda acaba de renovar en 2026 el contrato de servicer de la cartera de Sareb, esta vez con un nuevo rol enfocado a ayudar en la liquidación de la entidad pública a partir de 2027.
📊 Las Claves para el Inversor
- Qué vigilar: La evolución de los deterioros de activos en los próximos trimestres y si Blackstone realiza nuevas conversiones de deuda en préstamos participativos para mantener a Quasar fuera de causa de disolución.
- Reacción del valor: Al no cotizar Quasar, el impacto para Blackstone es indirecto. Sin embargo, el desempeño del vehículo lastra la rentabilidad de la estrategia de crédito distressed del fondo y puede influir en la captación de nuevos mandatos.
- Precedente sectorial: La operación es un ejemplo de cómo los fondos de capital privado manejan carteras heredadas de crisis bancarias. El caso Sareb, que encara su extinción en 2027, muestra un camino de gestión pública que contrasta con la aproximación privada de Quasar.





