Más allá de la energía, y especialmente bajo este panorama de negociaciones en torno a la apertura del estrecho de Ormuz, las interrupciones están poniendo en jaque a múltiples sectores como es el caso del de la industria de los materiales y el transporte marítimo. Según sostienen los analistas de Fidelity, debido a que por este punto estratégico circula una parte crítica del comercio mundial de petróleo, gas y materias primas, cualquier bloqueo (como el que estamos viviendo recientemente en los últimos meses) genera un shock de oferta, encarece costes y altera las cadenas globales de suministro.
Ormuz: mucho más que un punto crítico para el petróleo
La guerra ya está teniendo un impacto medible en la industria de materiales y química. Según recoge la firma de inversión, cerca del 30% de la urea comercializada a nivel mundial y casi el 45% del suministro de azufre transitan habitualmente por el estrecho, dos insumos fundamentales para la producción de fertilizantes. Por ello, la interrupción del flujo ha generado tensiones en el abastecimiento global, con países que ya tienen dificultades para importar estos productos en los volúmenes necesarios, dando pie a que, los precios de los fertilizantes nitrogenados casi se han duplicado respecto a los niveles previos al conflicto, trasladando presión inflacionaria a toda la cadena agrícola.

Este encarecimiento no solo se limita a los productos básicos, sino que afecta a toda la cadena de valor. En este sentido, el informe destaca cómo el aumento de costes se está filtrando rápidamente hacia bienes intermedios y de consumo: los precios de envases alimentarios han superado incrementos del 50%, mientras que productos como las pinturas registran recargos de entre el 10% y el 20%. Este fenómeno refleja un efecto en cascada típico de los shocks de oferta, donde la escasez inicial de materias primas termina impactando en múltiples sectores industriales.
Los analistas describen además una evolución en tres fases en caso de que se prolongue estas negociaciones más de la cuenta. En un primer momento, las compañías con cadenas de suministro menos expuestas aprovechan la escasez para ampliar márgenes. Posteriormente, emerge una fase de destrucción de demanda, en la que los altos precios y la incertidumbre macroeconómica llevan a los clientes a reducir inventarios y compras. Y finalmente, incluso tras una hipotética reapertura del estrecho, la normalización no es inmediata: se estima un retraso de alrededor de cuatro meses hasta que el crudo vuelva a transformarse en materias primas utilizables para la industria química.
El transporte marítimo: menos buques pero más distancia recorrida
En paralelo, el transporte marítimo vive una situación interesante, ya que la disrupción del estrecho de Ormuz reduce los volúmenes de tráfico, pero con el desvío de rutas se está incrementando de forma significativa las distancias recorridas. De hecho, según sostiene Fidelity, en algunos casos, los trayectos se han duplicado, especialmente en rutas entre Oriente Medio y Asia que ahora pasan por alternativas más largas como Estados Unidos o el mar Rojo.
De esta forma se ha impulsado con fuerza las tarifas de flete, beneficiando a operadores de petroleros y reforzando la actividad de los astilleros.

Además, el bloqueo ha dejado buques atrapados en el Golfo Pérsico y ha reducido el tráfico en tránsito, intensificando aún más la presión sobre la oferta de transporte disponible. A medio plazo, el informe apunta a que la necesidad de diversificar rutas y reforzar inventarios energéticos, especialmente en Asia, podría sostener una demanda estructuralmente más alta para el transporte marítimo, consolidando un cambio en los flujos comerciales globales.
En definitiva, el estrecho de Ormuz no solo es un punto crítico para la energía, sino un nodo sistémico de la economía global, debido a que su cierre prolongado está revelando la fragilidad de las cadenas de suministro y acelerando tendencias como la relocalización de materias primas o la búsqueda de mayor autosuficiencia industrial, con implicaciones que podrían extenderse mucho más allá del conflicto actual. No obstante, estas siguen siendo previsiones, y habrá que estar a la espera si el borrador redactado entre Teherán y Estados Unidos se hace realidad con una reapertura definitiva, o caerá en papel mojado.




