La banca española se enfrenta a un cambio sísmico. La inteligencia artificial, lejos de ser una promesa lejana, ya está reescribiendo las reglas del sector. Según proyecciones internas que manejan las grandes consultoras, la IA eliminará 40.000 empleos administrativos en la banca española de aquí a 2035. Esa es la cifra que centra las conversaciones en los comités de dirección, muy por encima de las estimaciones más conservadoras que apuntan a una pérdida de entre 12.000 y 23.000 puestos totales.
El dato se desprende de un escenario que considera solo las posiciones de back office, procesamiento de datos, archivo y tareas repetitivas que la IA generativa puede automatizar con una eficacia ya probada en primeros pilotos. El propio sector reconoce en privado que la tecnología está lista, y que la única barrera real es la velocidad a la que se negocie la transición laboral con los sindicatos.
La fuente consultada por Merca2.es, un informe de tendencias elaborado para la patronal bancaria el pasado trimestre, recoge que el 93 % de las tareas administrativas clásicas son susceptibles de automatización con modelos de lenguaje como los que ya despliegan entidades como Santander, BBVA y CaixaBank. La cifra de 40.000 empleos representa un tercio de la plantilla administrativa actual del sector, que ronda los 120.000 efectivos.
No obstante, el presidente de la Asociación Española de Banca ha reiterado que, por ahora, las salidas se están canalizando mediante prejubilaciones incentivadas y bajas voluntarias, sin que se haya activado ningún expediente de regulación de empleo vinculado directamente a la IA. Aun así, la presión para acelerar la reducción de costes operativos es cada vez mayor.
Los sindicatos mayoritarios, CCOO y UGT, insisten en que no hay evidencias de despidos forzosos por la digitalización. Apuntan a que la inteligencia artificial está mejorando procesos internos y aumentando la productividad sin sustituir de forma masiva a los trabajadores, aunque admiten que la reconfiguración de funciones es inevitable.
La clave no es cuántos empleos se van, sino la velocidad a la que los nuevos perfiles llegan.
La banca se aferra al reciclaje profesional
Ante el horizonte de una plantilla menguante, las entidades financieras están redoblando sus inversiones en formación. Programas como Santander Skills o el campus digital de CaixaBank buscan reconvertir a los trabajadores actuales hacia perfiles de analista de datos, experto en ciberseguridad y desarrollador de soluciones de IA. El objetivo es que al menos el 40 % de la fuerza laboral afectada transite hacia roles tecnológicos en los próximos cinco años.
El Banco de España, en su último informe sobre el sector, advierte que la banca afronta un triple reto: adaptar las competencias de sus equipos, mantener la rentabilidad en un entorno de tipos variables y gestionar la reputación de un sector que, en la memoria colectiva, ya vivió una drástica reducción de sucursales y empleo en la pasada década. La diferencia frente a entonces es que ahora el recorte se concentrará en empleos cualificados de oficina central, no en la red comercial.
Fuentes próximas a la CEOE confirman que se está trabajando con el Ministerio de Trabajo en un marco de recolocación que incluya incentivos fiscales a las empresas que certifiquen planes de reskilling. La formación continua se perfila como la única respuesta viable para evitar un choque social que los sindicatos ya han advertido.
El análisis de Merca2: una reconversión inevitable
En esta redacción no tenemos dudas de que la inteligencia artificial va a transformar el empleo bancario de manera profunda, y que las cifras de pérdida de puestos son sólo un indicador de un fenómeno más amplio. Lo realmente relevante es que el 70 % de los profesionales que hoy desempeñan funciones administrativas no volverán a hacer el mismo trabajo dentro de diez años. La pregunta no es si habrá despidos masivos, sino cómo se gestionará esa transición para que no se convierta en un conflicto laboral de primera magnitud.
La experiencia de 2024 con el cierre de oficinas nos enseñó que el sector sabe reducir plantilla sin grandes traumas, pero a costa de un notable desgaste reputacional. Ahora la herramienta es diferente: la IA permite eliminar tareas, no necesariamente puestos, si se rediseñan los perfiles en el momento adecuado. Sin embargo, la patronal bancaria no es conocida por su paciencia con los costes fijos, y el inversor exige rentabilidades de dos dígitos en el ROE.
En mi opinión, la banca española tiene una ventana de entre tres y cinco años para poner en marcha un plan de transición justa antes de que los números rojos aprieten. Si no lo hace, los 40.000 empleos administrativos perdidos podrían ser solo la punta del iceberg. La película ya la hemos visto: primero se van los puestos, luego las capacidades, y al final las plantillas que quedan se convierten en estructuras de alto coste sin la flexibilidad necesaria. El sector que mejor gestionó la crisis de 2008 puede repetir errores si se limita a dejar que la tecnología sustituya sin planificar el relevo.
Más allá de los fríos datos, está la realidad de miles de familias que dependen de estos empleos. La presión social será intensa, y los responsables políticos no podrán mantenerse al margen si la transformación no se hace con suficiente pedagogía y negociación. La inteligencia artificial promete eficiencia, pero el reto de la banca española en esta década será equilibrar la automatización con la responsabilidad social.




