El recibo de la luz se convierte en la peor noticia del mes para millones de hogares. El precio medio mayorista de la electricidad en el mercado diario se ha disparado este miércoles 7 de agosto hasta los 176,1 euros por megavatio hora (MWh), según los datos publicados por Red Eléctrica de España. Un nivel que, según los primeros cálculos del sector, eleva la factura mensual de un consumidor acogido al PVPC en un 80% respecto a la factura de julio, un incremento que apenas tiene precedentes fuera de los meses de crisis energética de 2022.
La escalada ha pillado a contrapié a un Gobierno que, tal y como avanza ABC, descarta activar nuevas ayudas directas o prorrogar la excepción ibérica a pesar del fuerte repunte. La vicepresidenta tercera y ministra para la Transición Ecológica, que hasta ahora había desplegado un abanico de bonificaciones, se remite a los instrumentos ya existentes. El Ejecutivo argumenta que el mercado eléctrico se encuentra en una situación de normalidad y que los precios actuales, aunque elevados, no justifican un desembolso extraordinario.
El PVPC se sincroniza con el ‘pool’ y marca diferencias de hasta 337 euros en un mismo día
El Precio Voluntario para el Pequeño Consumidor (PVPC), la tarifa regulada que indexa directamente el coste de la energía al mercado mayorista, refleja con crudeza la volatilidad de la jornada. Durante la noche, el precio se mantiene por encima de los 170 euros/MWh, pero la verdadera sacudida llega en la franja de máxima demanda. Entre las 21:00 y las 22:00 horas, el coste para el consumidor alcanza los 337,26 euros/MWh, el valor más alto de la serie diaria y un nivel que evoca las peores sesiones de la guerra de Ucrania.
Paralelamente, el mercado mayorista —el denominado ‘pool’— ofrece un paisaje casi surrealista. A la misma hora en que los hogares pagan 337 euros, las centrales eléctricas casan la energía a 215,13 euros. La diferencia la explican los peajes, los cargos y el coste de los servicios de ajuste, pero también revela la desconexión que sufre el pequeño consumidor: mientras al mediodía el ‘pool’ cae a 7,76 euros/MWh (el precio más bajo del día, entre las 13:00 y las 14:00), el PVPC apenas baja de los 49 euros.
La causa profunda de esa brecha está en la estructura de la tarifa y en la escasa penetración del autoconsumo en los segmentos de renta más ajustada. Quien no tiene batería ni tejido solar propio paga la energía justo cuando más cara se vuelve. El resultado es una factura que, para un hogar medio con 4,6 kW de potencia y un consumo de 270 kWh al mes, podría superar los 95 euros en agosto, según las estimaciones que manejan las asociaciones de consumidores.
El gas se encarece un 50% y añade presión a los hogares con calefacción de gas natural
La electricidad no viaja sola. El precio del gas natural, otra pata esencial del recibo energético, suma un alza del 50% en agosto respecto al mes anterior. La Tarifa de Último Recurso (TUR) de gas, que protege a 1,6 millones de clientes, se revisa trimestralmente pero el precio mayorista del gas TTF, que sirve de referencia para los nuevos contratos del mercado libre, ha repuntado con fuerza en las últimas semanas. El encarecimiento impacta de lleno en los hogares que aún calientan el agua o cocinan con gas, y lo hace en pleno mes de vacaciones, cuando el consumo suele ser menor pero la revisión de tarifas golpea de golpe.
Este doble embate —luz y gas— tiene un efecto demoledor sobre la capacidad adquisitiva de las familias. La suma de ambas subidas puede disparar el gasto energético mensual de un hogar tipo por encima de los 140 euros, un incremento de casi 50 euros respecto a junio, según cálculos conservadores. Un mordisco que llega tras un año en el que la inflación subyacente apenas ha cedido y en el que los salarios pactados en convenio han crecido un 3,1%, insuficiente para absorber este tipo de sobresaltos.
El Ejecutivo insiste en que la excepción ibérica no es una opción viable y que cualquier nuevo desembolso carece de soporte presupuestario.
El Ejecutivo de coalición se enfrenta a un dilema político de primer orden. Durante la crisis de 2022, la denominada ‘excepción ibérica’ —un tope al precio del gas que alimenta las centrales de ciclo combinado— permitió contener la factura eléctrica en España y Portugal durante varios meses. Aquella herramienta, que contó con el aval de Bruselas, supuso un desembolso de 8.400 millones de euros entre los años 2022 y 2023. Ahora, con el Brent en torno a los 85 dólares y el TTF superando los 42 euros/MWh, las condiciones de mercado son distintas pero la factura doméstica vuelve a ser un problema de primer orden.
No obstante, el Ministerio de Hacienda ha trasladado en privado que no hay margen fiscal para reeditar aquel mecanismo. La senda de déficit comprometida con Bruselas y la reactivación de las reglas fiscales hacen inviable cualquier paquete de ayudas masivas. Fuentes del Ejecutivo consultadas por este medio insisten en que el bono social eléctrico —que ya cubre a 1,4 millones de hogares vulnerables— es el único paraguas previsto, y recuerdan que sus beneficiarios tienen la factura congelada desde enero.
La paradoja es que, precisamente ahora, ese bono social deja fuera a las rentas medias que han visto cómo su factura se encarecía un 80% sin compensación alguna. Un colectivo que agrupa a buena parte del electorado y que, en pleno ecuador de la legislatura, no está dispuesto a normalizar los 95 euros de recibo como un peaje estacional.
Análisis: sin red de protección y con el otoño a la vuelta de la esquina
Más allá del impacto inmediato, la decisión de no intervenir comporta riesgos que van más allá de la mera coyuntura estival. El mercado eléctrico español sigue siendo estructuralmente dependiente del gas en los picos de demanda. A pesar de que la potencia instalada renovable supera el 60% del mix, las horas sin viento y con baja insolación siguen demandando el respaldo de los ciclos combinados. Y cuando el precio del gas se tensa —como ha ocurrido estas semanas por la mayor demanda asiática y los recortes de suministro de Noruega— el precio de la luz se dispara de forma casi mecánica.
La ausencia de un mecanismo de cobertura para el pequeño consumidor contrasta con los instrumentos de los que sí disponen las empresas electrointensivas, que en muchos casos tienen contratos bilaterales a largo plazo a precios fijos. El hogar medio, en cambio, sigue expuesto a la montaña rusa del ‘pool’, sobre todo desde que la reforma del PVPC de 2024 vinculó la tarifa al mercado diario sin los suavizados que introducía la anterior fórmula.
El calendario tampoco juega a favor del Gobierno. Tras un agosto de máximos, septiembre suele traer una reactivación de la demanda industrial y un mayor consumo residencial por el fin de las vacaciones. Si las condiciones meteorológicas no aflojan —y los pronósticos de AEMET no anticipan grandes vientos—, los precios podrían mantenerse en niveles elevados durante todo el mes. A pesar de de que las interconexiones con Francia han mejorado, la capacidad de importación sigue siendo limitada y no alcanza a amortiguar picos de demanda como los vividos este 7 de agosto.
La baza del Ejecutivo es que el precio medio del mercado diario en lo que va de año, en torno a los 90 euros/MWh, no ha saltado todavía las costuras del discurso oficial. Pero los promedios no pagan facturas. La pregunta que flota en el sector es si, en caso de que los 176 euros se conviertan en la nueva normalidad otoñal, el Gobierno podrá mantener su actual posición o se verá obligado a rectificar. El precedente de 2022, cuando el tope al gas se aprobó in extremis tras semanas de protestas, aconseja no descartar nada.




