CZ propone congelar Bitcoin de Satoshi Nakamoto ante el riesgo cuántico: ¿es la solución?

La comunidad debate si bloquear los 1,1 millones de BTC de Satoshi Nakamoto es una medida de seguridad necesaria o una violación de los principios de la red. Un error cuántico podría poner en jaque las claves expuestas de direcciones inactivas.

Changpeng Zhao, conocido como CZ, el fundador del mayor exchange de criptomonedas del mundo, Binance, ha lanzado al debate una idea que toca los cimientos mismos de Bitcoin. Propuso que, si las direcciones que atesoran los 1,1 millones de BTC minados por el misterioso Satoshi Nakamoto no se mueven en un plazo de un año después de una futura actualización de seguridad, la comunidad debería congelarlas. La razón: el avance imparable de los ordenadores cuánticos.

La propuesta no fue un plan personal de CZ, sino una pregunta abierta a la comunidad durante el podcast Galaxy Brains, junto a Alex Thorn, jefe de investigación de Galaxy Digital. El fundador de Binance aclaró más tarde en redes sociales que jamás congelaría él mismo los fondos y que distinguir las carteras de Satoshi de otros mineros pioneros es una tarea casi imposible.

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Una hoja de ruta que ya existía: el BIP-361

La idea de CZ no surge de la nada. Resucita la propuesta BIP-361, firmada por el desarrollador Jameson Lopp y otros cinco expertos. Ese texto técnico plantea un mecanismo en dos fases: unos tres años después de su activación, se bloquearían los envíos a direcciones que usen firmas digitales antiguas; y dos años más tarde, esas firmas quedarían completamente invalidadas.

El BIP-361 cita incluso al propio Satoshi para defender su lógica. “Los tokens perdidos solo hacen que los tokens de los demás valgan un poco más. Piensa en ello como una donación para todos”, escribió el creador anónimo. La propuesta convierte esa donación involuntaria en una decisión consciente: si no las movemos, las bloqueamos para que ningún atacante cuántico pueda apoderarse de ellas.

El dedo en la llaga: claves expuestas y la amenaza cuántica

El temor no es teórico. En marzo de este año, Google Quantum AI publicó una investigación que estima que un ataque cuántico podría necesitar menos de 500.000 cúbits y ejecutarse en minutos, mucho más deprisa de lo que se creía. El peligro está en que muchas direcciones de Bitcoin, especialmente las antiguas, tienen sus claves públicas visibles en la cadena.

Un ordenador cuántico lo suficientemente potente podría derivar la clave privada a partir de esa clave pública y vaciar la cartera. Más de un tercio del suministro total de Bitcoin ya había mostrado su clave pública on-chain meses atrás, lo que deja expuesta una fortuna colosal. Solo los 1,1 millones de BTC de Satoshi valen cerca de 70.000 millones de dólares a precios de mercado recientes.

No mover las monedas expuestas podría significar, en el mejor de los casos, donarlas a la red; en el peor, cederlas a un ladrón cuántico.

El eterno pulso entre seguridad y descentralización

Aquí se abre la brecha filosófica. Cualquier bloqueo forzado de monedas, por muy técnica que sea la justificación, choca con el principio fundacional de Bitcoin: nadie puede tomar los bitcoins de otra persona. Para muchos, sería una confiscación disfrazada de actualización de red. El propio CZ admitió que no hay una respuesta perfecta y que no hacer nada podría ser el peor desenlace de todos.

El debate también tiene un frente judicial. Un demandante anónimo y dos empresas de Wyoming reclaman en un tribunal de Nueva York la propiedad de 39.069 direcciones inactivas, incluidas las de Satoshi. Aunque Galaxy Research duda de que prospere, el caso evidencia que el destino de esos fondos titánicos es cualquier cosa menos indiferente para el ecosistema.

Mientras la computación cuántica avanza, Bitcoin se enfrenta a su mayor dilema de gobernanza desde los bloques de la guerra de tamaño en 2017. Congelar las monedas de Satoshi sería tan drástico como ver cómo un actor estatal o un laboratorio privado las captura sin que nadie pueda impedirlo.


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