El ether está en una situación incómoda. Ethereum tiene el 80% de su suministro en pérdidas, un nivel no visto desde el colapso de FTX en noviembre de 2022. La métrica, que mide cuánto ether se compró a un precio superior al actual, ha vuelto a zonas de capitulación, y los inversores se preguntan si el mercado ha tocado fondo o si aún queda margen de caída.
El suministro en pérdidas se acerca al nivel de la crisis de FTX
Los datos de Glassnode, la firma de análisis on-chain, apuntan a que aproximadamente un 80% de los ether en circulación están en pérdidas no realizadas. Esto significa que el precio al que esos ether se movieron por última vez en la cadena —su coste base— es superior a los 1.700 dólares a los que cotiza ahora el activo.
Cuando el indicador de suministro en pérdidas se dispara de esta manera, suele coincidir con momentos de fuerte presión vendedora. La comparación con noviembre de 2022 es inevitable: entonces, tras la quiebra de la exchange FTX, el miedo se apoderó del mercado y el ether cayó hasta mínimos de ciclo, cerca de los 880 dólares. Aquella zona se convirtió, con el tiempo, en el suelo desde el que arrancó una recuperación lenta pero sostenida.
Sin embargo, la métrica no es una bola de cristal. Un porcentaje elevado de ether bajo el agua no implica que el rebote vaya a producirse de inmediato. Lo que sí muestra es la magnitud del dolor que ya ha soportado el mercado. Cuando tantos inversores están en pérdidas, o bien continúan las ventas por pánico, o bien la oferta se agota porque los especuladores ya han salido.
Por qué un suministro bajo el agua puede marcar un suelo
En mercados financieros, las zonas de alta pérdida no realizada pueden actuar como imanes para la acumulación si los inversores con convicción empiezan a comprar. En el caso de Ethereum, el actual nivel de estrés recuerda a otros momentos de capitulación en los que el precio dejó de caer precisamente porque ya no quedaban vendedores dispuestos a malvender.
Los datos de suministro en pérdidas no anticipan el momento exacto del rebote, pero sí señalan hasta qué punto el pánico ya ha hecho su trabajo.
El verdadero termómetro será la acción del precio. Si Ethereum logra estabilizarse por encima de los 1.700 dólares y recupera niveles perdidos —como los 2.000 dólares— con un incremento de la demanda al contado, entonces la lectura del suministro bajo el agua empezará a parecer constructiva. Mientras tanto, los datos solo confirman que el miedo sigue extendido.
El contexto de 2026 es distinto: qué miran los traders
Comparar el momento actual con el colapso de FTX tiene sentido emocional, pero conviene no simplificar. En 2026, Ethereum opera en un ecosistema mucho más institucionalizado. Los ETFs spot de ether —aprobados en Estados Unidos en 2024— han abierto la puerta a flujos de capital de grandes gestoras, y la participación de fondos como BlackRock o Fidelity cambia la dinámica de liquidez. Además, la red ha completado mejoras técnicas —como Dencun en 2024 o el más reciente Pectra— que han reducido las comisiones en las capas 2. Muchos inversores institucionales han entrado en el ecosistema con una perspectiva de largo plazo, lo que podría moderar las ventas de pánico.
Aun así, el contexto macroeconómico pesa. Los tipos de interés elevados, la incertidumbre regulatoria en Europa con MiCA en plena aplicación y la competencia de otras blockchains añaden presión. El suministro en pérdidas refleja también ese escenario más amplio. Creemos que la métrica sugiere que el suelo puede estar cerca, pero sin confirmación de precio no conviene precipitarse.
El próximo movimiento del ether dirá mucho. Si el precio aguanta los 1.700 dólares y empieza a construir una base con mayor volumen al contado, la historia de acumulación ganará fuerza. Si pierde ese soporte, el suministro en pérdidas superará el 90% y la capitulación podría ser más profunda. Por ahora, los datos de cadena pintan un escenario de agotamiento vendedor que merece atención, pero no certidumbre.




