Porcelanosa ha cerrado el ejercicio 2025 con una facturación de 863 millones de euros, según los datos a los que ha tenido acceso EL PAÍS. La cifra, prácticamente plana respecto al año anterior, esconde un cambio importante en su mix geográfico: el mercado ibérico ha compensado la caída de las ventas en Estados Unidos, golpeadas por los aranceles del 25% que la Administración Trump impuso a las importaciones de cerámica.
La empresa presidida por Héctor Colonques ha sabido pivotar hacia el mercado nacional y la construcción industrializada, dos segmentos que le han permitido mantener el volumen de negocio sin recurrir a rebajas agresivas de precios. El resultado operativo refleja esa resiliencia: el ebitda superó los 100 millones de euros, una cota que no alcanzaba desde antes de la pandemia.
Unas ventas que resisten por el mercado ibérico
La exposición internacional de Porcelanosa, que en otros momentos fue su gran fortaleza, se ha convertido en un quebradero de cabeza en un contexto de tensiones comerciales. Estados Unidos, que llegó a representar cerca del 15% de su facturación, experimentó un descenso notable en 2025. Los aranceles del 25% a la cerámica española, en vigor desde finales de 2024, encarecieron sus productos en un mercado clave y enfriaron la demanda.
Sin embargo, la compañía ha encontrado un contrapeso inmediato en la Península Ibérica. España y Portugal absorbieron el excedente de producción y, según las mismas fuentes, han sido los principales motores del ejercicio. La apuesta por la construcción industrializada —baños modulares, sistemas prefabricados— ha abierto una vía de crecimiento que no solo compensa el bache exportador, sino que mejora el margen al evitar intermediarios.
La facturación de 863 millones esconde una transformación silenciosa: Porcelanosa ya no depende tanto de las tiendas propias en el extranjero como del canal industrial ibérico.
Este giro estratégico no es casual. La dirección lleva dos años reforzando la división de obra nueva y rehabilitación en España, donde la escasez de vivienda mantiene la actividad constructora en niveles elevados. Las ventas a promotoras y estudios de arquitectura han crecido a doble dígito, compensando con creces la debilidad del retail cerámico en otros mercados.
El ebitda cruza la barrera de los 100 millones
Superar los 100 millones de ebitda es un hito para una empresa que en 2020 rozó los 60 millones. La mejora operativa se explica en parte por el control de costes y la automatización de sus plantas de Villarreal, donde la inversión en hornos de alta eficiencia ha reducido el consumo energético. La rentabilidad se ha anclado en la eficiencia productiva, un factor diferencial frente a competidores más expuestos al coste de la energía.
Pero no todo son luces. El beneficio neto se contrajo un 55% hasta los 13 millones de euros, según los datos adelantados por El Confidencial. La razón principal es un mayor desembolso en el impuesto de sociedades, fruto de ajustes contables y de la menor capacidad para aplicar deducciones tras el cambio de mix geográfico. En otras palabras: ganar más en España obliga a tributar más aquí.

Análisis: la fortaleza ibérica como escudo frente a la tormenta arancelaria
La lectura de estas cuentas va más allá de las cifras. Porcelanosa ha demostrado que una empresa mediana del sector cerámico puede sortear un shock arancelario relevante sin desangrar márgenes, siempre que disponga de un mercado doméstico robusto y sepa reinventarse. España no es solo un refugio coyuntural; se está convirtiendo en el eje de su modelo de negocio.
Ahora bien, el riesgo no ha desaparecido. La política comercial de Estados Unidos sigue siendo imprevisible, y una eventual escalada de aranceles —o su extensión a otros productos— pondría a prueba la capacidad de la compañía para seguir redirigiendo producción. Además, el ciclo de la construcción en España no es eterno: si la demanda de vivienda se enfría o los tipos de interés repuntan, el colchón ibérico se desinflaría.
Creo que la jugada de Porcelanosa es inteligente, pero no exenta de fragilidad. Atarse al ladrillo nacional es una apuesta cíclica que puede dar réditos mientras dure la inercia constructora. El verdadero desafío será ver si la empresa utiliza este margen operativo para modernizar su red comercial internacional y regresar a Estados Unidos cuando las condiciones lo permitan, o si se acomoda en un mercado ibérico que en algún momento tocará techo. Esa decisión definirá los próximos cinco años del grupo.




