Shell y TotalEnergies son de las principales compañías expuestas a los retrasos que está sufriendo el desarrollo de las tecnologías de captura y almacenamiento de carbono (CCS) en Europa. No por nada, el último informe de la consultora Wood Mackenzie apunta a una realidad incómoda que atraviesa la Unión Europea y es que para 2030 no llegará al objetivo de las 50 millones de toneladas de CO2 almacenadas, sino que se quedaría un 35% por debajo del objetivo, ya que solo se llegará hasta los 32,5 millones de toneladas anuales de capacidad de almacenamiento.
Europa sufre un problema de coordinación que afecta a toda la captura de carbono
Datos de la consultora estiman que el problema de la captura de carbono en suelo europeo no se debe a la falta de recursos geológicos en la fragmentación de la cadena de valor que hace posible esta tecnología, ya que mientras algunos proyectos avanzan a un ritmo adecuado otro proyectos siguen a la espera de la financiación o de decisiones finales. Todo un proceso que castiga a las infraestructuras de transporte, que tampoco avanzan en un mismo ritmo uniformado, dando pie a una situación de interdependencia de proyectos por el cual ningún proyecto acaba de ser viable económicamente.
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Este es un panorama que castiga especialmente a las compañías, como es el caso de Shell y TotalEnergies, debido a que muchos de sus proyectos podrían quedarse sin acceso a infraestructuras críticas de transporte de carbono. Datos de Wood Mackenzie apuntan a que existen alrededor de 11 millones de toneladas de iniciativas de CCS que corren el riesgo de quedar infrautilizadas e incluso prácticamente inviables, lo que se traduce en pérdidas millonarias para empresas que cuentan con estos activos.

En este sentido, entre las compañías con una mayor exposición a esta falta de conexión en la cadena de valor de la captura de carbono, destaca Shell, con proyectos clave como Porthos, en el puerto de Rotterdam, considerado una de las iniciativas de captura y almacenamiento de carbono más importantes de Europa. Toda una iniciativa que pretende recoger emisiones industriales procedentes de refinerías, plantas químicas e instalaciones energéticas para transportarlas y almacenarlas en antiguos yacimientos de gas agotados bajo el Mar del Norte.
Shell y TotalEnergies se enfrentan a un problema en la cadena de valor de la captura de carbono
A esto se le suma que, Shell también participa en otros desarrollos vinculados al almacenamiento de carbono en aguas británicas y neerlandesas, apostando por una nueva línea de negocio centrada en la gestión de emisiones. Sin embargo, si las industrias emisoras retrasan sus proyectos de captura o si la infraestructura de transporte no se desarrolla con la rapidez prevista, las instalaciones de almacenamiento podrían operar por debajo de su capacidad durante años, reduciendo su rentabilidad.
TotalEnergies por su parte mantiene una estrategia similar, con proyectos como Northern Lights en Noruega, uno de los desarrollos más avanzados del continente para el transporte y almacenamiento transfronterizo de CO2. Esta iniciativa busca crear una red capaz de recibir emisiones capturadas en distintos países europeos para posteriormente almacenarlas bajo el lecho marino del Mar del Norte.

Además, TotalEnergies participa en varios proyectos industriales de captura y transporte de carbono repartidos por Europa, donde la compañía espera aprovechar la creciente necesidad de descarbonización de sectores difíciles de electrificar, como el cemento, el acero o la industria química. No obstante, el informe de Wood Mackenzie señala que la escasez de proyectos maduros de captura, junto con los retrasos regulatorios y la incertidumbre sobre la demanda futura, podrían limitar el volumen de CO2 disponible para estas infraestructuras.
Sin embargo, este no el el único problema identificado por parte de los analistas ya que a pesar de que el Sistema Europeo de Comercio de Emisiones (ETS) encarece progresivamente las emisiones de carbono, Wood Mackenzie considera que los precios actuales no son suficientes para garantizar retornos atractivos en muchos proyectos CCS sin ayudas públicas adicionales. Es decir, son una serie de proyectos que difícilmente puede ser beneficiosos por si mismos para empresas como Shell o TotalEnergies, que tienen exposición a este sector, debido a la elevada inversión inicial, los largos plazos de desarrollo y la incertidumbre regulatoria, que siguen siendo barreras significativas para atraer capital privado.
Por lo que, en definitiva, para Shell y TotalEnergies, se abre un escenario muy complicado al menos en el corto plazo, ya que tienen que combinar las elevadas inversiones de estos proyectos con una poca rentabilidad, castigando a su caja por una falta de coherencia en los tiempos de desarrollo de las infraestructuras críticas que hacen posible el almacenamiento del carbono. No obstante, desde la consultora también dan pie a un escenario ligeramente más positivo en el largo plazo, donde las instituciones europeas debido a la urgencia de cumplir los objetivos climáticos podrían impulsar nuevas subvenciones, mecanismos de apoyo e incentivos regulatorios para acelerar el desarrollo de tecnologías CCS.
Aún así, sabiendo los ritmos que tiene Europa para promover esta clase de medidas y su aplicación, Shell y TotalEnergies tendrán que esperar muchos años hasta ver sentido y rentabilidad en sus proyectos.




