Too Good To Go como idea es enormemente potente: «salva la buena comida del desperdicio», reza su eslogan. Y nada más lejos de la realidad. Para quienes ya conocen la plataforma, esa frase tiene mucho sentido. Para quienes aún no la han utilizado, en resumidas cuentas, significa que Too Good To Go permite comprar a precio reducido los excedentes de comida que los comercios no han vendido al final del día, convirtiéndose en una solución ejemplar para combatir el desperdicio alimentario. Sin embargo, en España opera bajo otra premisa adicional: salvar sus beneficios del fisco español.
La aplicación no ha dejado de crecer desde su llegada a España. Los últimos datos de la compañía reflejan cerca de 7 millones de usuarios, mientras que los ingresos avanzan a un ritmo vertiginoso. En 2020, Too Good To Go facturaba en nuestro país 3,4 millones de euros. Apenas dos años después, en 2022, la cifra se disparó hasta los 7,9 millones, y en 2023 superó los 11,1 millones de euros. Al cierre de 2024, la maquinaria no frenó y la compañía alcanzó su récord histórico en el mercado español con 12,6 millones de euros en ingresos.
Una idea sólida, un negocio que funciona —como demuestra la evolución de la facturación— y una aplicación eficiente. Cualquiera diría que los beneficios de Too Good To Go también navegarían con viento a favor, pero nada más lejos de la realidad. Si en 2023 la empresa declaró unas ganancias de 312.817 euros, en 2024 esa cifra cayó a más de la mitad, hasta registrar unos modestos 155.846 euros de beneficio neto. ¿Cómo es posible? La respuesta es más sencilla de lo que parece: gran parte de las ganancias terminan desplazándose hacia Dinamarca, donde se encuentra la matriz de la compañía y donde la carga fiscal resulta mucho más favorable.
¿Cómo ‘evapora’ el dinero Too Good To Go?
La clave de todo el proceso tiene un punto de origen: Too Good To Go ApS, la matriz del grupo con residencia en Dinamarca y una clasificación muy concreta dentro de su estructura corporativa: «Distribuidor de Riesgo Limitado» (Limited Risk Distributor). Se trata de un caso clásico de ingeniería fiscal y operativa que aprovecha las normas contables aplicables a los llamados precios de transferencia.
En pocas palabras, la matriz danesa asume todo el riesgo tecnológico, de marca y de desarrollo de la aplicación de Too Good To Go. A cambio, a la filial española solo se le permite retener un margen operativo mínimo y garantizado por desarrollar la actividad comercial sobre el terreno.
La principal tubería por la que el dinero sale de España y llega a Dinamarca son los llamados «otros gastos de explotación». Así, si en 2023 esta partida se disparó hasta los 4,51 millones de euros frente a los 1,72 millones registrados en 2022, en 2024 volvió a crecer hasta alcanzar los 5,91 millones de euros.
Además, si se analiza el desglose de las cuentas de Too Good To Go, los «servicios profesionales independientes» pasaron de 751.366 euros a 3,5 millones de euros únicamente en 2023. Por si fuera poco, la propia memoria de la compañía ya confirmaba la estrategia al señalar que los gastos facturados por la matriz a la filial española ascendieron a 3,39 millones de euros en 2023, frente a apenas 411.189 euros en 2022.
Pero los otros gastos de explotación no constituyen la única vía de salida del dinero. Existe una segunda herramienta: los préstamos intragrupo. Además de transferir recursos mediante estas facturas de gastos, las cuentas de 2024 revelan otra maniobra relevante. Too Good To Go España mantiene 2,62 millones de euros bajo el concepto de «inversiones a corto plazo en empresas del grupo», lo que implica que la filial española presta sus excedentes de caja acumulados a sus propietarios daneses.
Too Good To Go aprovecha la legislación fiscal danesa
La operativa parece impecable, pero existe un detalle llamativo. España aplica un tipo general del Impuesto sobre Sociedades del 25%, mientras que Dinamarca lo sitúa en el 22%. En otras palabras, la diferencia es demasiado reducida para justificar por sí sola una estructura internacional tan sofisticada. Sin embargo, cuando se analiza el funcionamiento global del grupo, la explicación aparece con claridad.
La clave reside en que Dinamarca ofrece un régimen fiscal especialmente atractivo para las empresas tecnológicas, permitiendo deducir incluso por encima del 100% determinados gastos vinculados a actividades de investigación y desarrollo. Además, contempla reembolsos en efectivo cuando la matriz registra pérdidas fiscales derivadas de estos costes de innovación.
Por ello, la propia compañía explica que la filial española no soporta gastos de desarrollo. Toda la aplicación, el algoritmo, los servidores y la propiedad intelectual se desarrollan de forma centralizada en la matriz danesa, concentrando allí tanto los costes como los incentivos fiscales asociados.
Al final, la jugada resulta especialmente eficiente. Al estructurar la salida de dinero como un «gasto por servicios profesionales» —incluido dentro de los otros gastos de explotación— y no como un dividendo, la compañía consigue que esas cantidades sean fiscalmente deducibles en España. De este modo, reduce la base imponible sobre la que tributa en territorio español antes de pasar por la Agencia Tributaria, desplazando buena parte del beneficio hacia Dinamarca.
Una vez allí, la matriz recibe esos ingresos y puede compensarlos con los elevados costes de desarrollo tecnológico de la plataforma. Como resultado, el beneficio consolidado del grupo termina tributando a tipos efectivos muy reducidos dentro de una estructura completamente legal. Toda una lección de una compañía que ha demostrado ser eficiente no solo en la lucha contra el desperdicio alimentario, sino también en materia de planificación fiscal.




