La NASA acaba de seleccionar una misión diseñada para desvelar cómo las turbulencias de la atmósfera inferior de la Tierra alimentan el clima espacial que amenaza satélites y astronautas. DAPHNE, acrónimo de Dynamic Atmosphere-Ionosphere Explorer, lanzará dos satélites gemelos para cartografiar de forma simultánea los vientos neutros, la temperatura y la composición química de la termosfera, la fina capa donde el aire se convierte en plasma y donde se manifiestan las tormentas geomagnéticas que pueden dejar inútiles sistemas de GPS o comunicaciones. El coste de la misión, sin contar el lanzamiento, no superará los 250 millones de dólares y su despegue no se producirá antes de 2029, según confirmó ayer la agencia espacial estadounidense.
Dos satélites gemelos para cazar los vientos de la termosfera
DAPHNE accederá ahora a la Fase B de desarrollo, que incluye la planificación detallada del vuelo y las operaciones. Lo que hace singular a esta misión es su estrategia de observación coordinada: dos satélites idénticos volarán en formación para realizar mediciones multipunto de la dinámica atmosférica superior. Hasta ahora, la inmensa mayoría de las sondas habían analizado la ionosfera y la termosfera desde un único punto, lo que impedía distinguir los cambios espaciales de los temporales.
La científica principal, Aimee Merkel, del Laboratorio de Física Atmosférica y Espacial de la Universidad de Colorado en Boulder, lidera un equipo que tratará de incorporar la energía procedente de la atmósfera baja —tormentas, ondas de gravedad o corrientes de marea— en los modelos de predicción del clima espacial. El objetivo es ambicioso: “proporcionar datos que ayuden a predecir y mitigar los efectos del clima espacial en satélites de órbita baja, sistemas de navegación y futuras misiones tripuladas más allá de la protección magnética de la Tierra”, en palabras de Nicky Fox, administradora asociada de la Dirección de Misiones Científicas de la NASA.
Imagina la termosfera como la piel de una manzana —apenas un suspiro gaseoso de menos de 500 kilómetros que rodea el planeta— sometida a la furia impredecible del Sol y a los susurros mecánicos que suben desde el suelo. Los satélites de DAPHNE sobrevolarán esa región recogiendo datos con la misma precisión con la que un cardiólogo coloca electrodos en un pecho para leer las arritmias del corazón.
La cúpula invisible que protege (y amenaza) a los astronautas
La termosfera y la ionosfera forman un escudo activo donde la atmósfera neutra de la Tierra da paso al plasma espacial. Allí, el bombardeo de rayos X y ultravioleta solar, junto con las sacudidas del viento solar, generan corrientes eléctricas que calientan y expanden el gas, aumentando la fricción que sufren los satélites en órbita baja. Comprender cómo la actividad solar y los fenómenos meteorológicos cotidianos modulan esa región es, por tanto, una cuestión de seguridad cotidiana y de exploración interplanetaria.
La misión se someterá a una revisión de confirmación en 2027, un hito que evaluará el progreso técnico y la disponibilidad presupuestaria antes de cerrar el diseño definitivo. El pasado 18 de junio, la NASA dio el primer paso al seleccionar DAPHNE entre varias propuestas presentadas a la convocatoria DYNAMIC (Dynamical Neutral Atmosphere-Ionosphere Coupling), un anuncio de oportunidad lanzado en 2022 y gestionado por el programa de Sondas Solares Terrestres del Centro Goddard.

En paralelo, las previsiones de la NOAA indican que el actual ciclo solar 25 alcanzará su máximo a finales de 2025, aunque la actividad geomagnética elevada puede prolongarse durante todo 2026. Precisamente por eso resulta tan oportuno que una misión como DAPHNE reciba luz verde ahora: cuando los datos que recopile dentro de unos años lleguen a los centros de predicción, la humanidad estará ya inmersa en la fase de retorno a la Luna con el programa Artemis y planificando los primeros viajes tripulados a Marte.
Cada perturbación en la termosfera puede traducirse en un apagón de navegación o en una desviación de la trayectoria de una nave hacia la Luna.
Por qué DAPHNE llega en el momento justo
El clima espacial sigue siendo uno de los grandes puntos ciegos de la meteorología operativa. Las erupciones solares y las eyecciones de masa coronal pueden tardar entre uno y tres días en alcanzar la Tierra, pero sin una comprensión fina del acoplamiento entre la atmósfera baja y la alta, los modelos solo ofrecen alertas genéricas y con márgenes de error enormes. DAPHNE busca romper esa barrera midiendo a la vez los vientos neutros y la composición química, dos variables que hasta ahora se habían tratado por separado.
No obstante, la misión no está exenta de riesgos. Volar dos satélites en formación exige un control orbital exquisito y una calibración cruzada continua. Además, la financiación máxima de 250 millones de dólares solo cubre el desarrollo y las operaciones; el lanzamiento deberá contratarse por separado o aprovechar un cohete compartido dentro del programa de Vehículos de Lanzamiento de la NASA. Si la revisión de 2027 detecta retrasos o sobrecostes, el calendario podría deslizarse más allá de 2029.
Aun así, la selección de DAPHNE envía una señal clara: la heliofísica ha dejado de ser la hermana menor de la exploración planetaria para convertirse en una prioridad estratégica. Las tormentas solares no solo amenazan la electrónica espacial; también pueden inducir corrientes en redes eléctricas terrestres y aumentar la radiación que reciben las tripulaciones a bordo de la Estación Espacial Internacional. En un momento en que la economía digital depende de cada vez más constelaciones de satélites, anticipar el tiempo en el espacio es casi tan vital como pronosticar la lluvia en la Tierra.
La NASA financia y supervisa DAPHNE a través del programa de Sondas Solares Terrestres del Centro Goddard en Greenbelt, Maryland. La próxima cita en el calendario es la revisión de confirmación de 2027; a partir de ahí, si todo marcha según lo previsto, los ingenieros comenzarán a montar los dos satélites gemelos que, algún día no antes de 2029, se separarán en órbita para escuchar el latido invisible de la termosfera y contarnos, por fin, qué ocurre cuando el viento del espacio sopla sobre la Tierra.
🔬 Ficha del Descubrimiento
- Qué se ha descubierto: La NASA ha seleccionado la misión DAPHNE para estudiar el acoplamiento entre la atmósfera baja y la alta y mejorar la predicción del clima espacial.
- Dónde: La misión operará en la termosfera y la ionosfera terrestres, entre unos 80 y 600 kilómetros de altitud.
- Institución responsable: Laboratorio de Física Atmosférica y Espacial de la Universidad de Colorado en Boulder, bajo financiación de la NASA (Programa de Sondas Solares Terrestres del Centro Goddard).
- Cuándo: Selección el 18 de junio de 2026; revisión de confirmación en 2027; lanzamiento no antes de 2029.
- Impacto a futuro: Permitirá modelar con mayor precisión los efectos del clima espacial en satélites, sistemas de navegación y astronautas, reforzando la seguridad de las misiones Artemis y las constelaciones de comunicaciones.




