El sol cae a plomo sobre la duna de Bolonia y, a sus pies, las ruinas de Baelo Claudia reciben la brisa del Atlántico con la misma dignidad de hace dos mil años. Unas decenas de metros más allá, una familia extiende las toallas sobre la arena fina mientras un grupo de surfistas observa el horizonte en busca de la ola perfecta. España concentra en sus más de 8.000 kilómetros de litoral una variedad de paisajes, climas y experiencias que convierten cada veraneo en una historia distinta. Desde las calas recónditas de la Costa Brava hasta las playas volcánicas de Canarias, el país ofrece un mosaico de destinos donde el mar es el protagonista, pero nunca el único.
Esta guía recorre seis de los enclaves más espectaculares para las vacaciones estivales en España, seleccionados por su capacidad de combinar naturaleza, cultura, gastronomía y descanso. Cada uno responde a un tipo de viajero distinto, pero todos comparten una cualidad: la de convertir una simple escapada en un recuerdo duradero.
La Costa Brava: calas secretas y pueblos con arte
Cadaqués no se parece a ningún otro pueblo del Mediterráneo español. Sus casas blancas descienden en cascada hacia una bahía que ha seducido a generaciones de artistas, desde Salvador Dalí hasta Marcel Duchamp. El aire salino se mezcla con el olor a pintura al óleo que todavía impregna los rincones de la localidad, y los barcos de pesca reposan sobre la arena gruesa como si posaran para un cuadro. La Costa Brava, que se extiende desde Blanes hasta la frontera francesa, es un litoral de acantilados escarpados, pinos que se asoman al mar y aguas de un azul intenso que nada tienen que envidiar a las postales del Caribe.
El Camí de Ronda es la columna vertebral que conecta las calas y los pueblos de este tramo gerundense. Se trata de un sendero histórico que bordea la costa y que permite acceder a pequeñas playas como Aiguablava o Sa Tuna, en Begur, donde el agua alcanza una transparencia que invita a sumergirse con gafas de bucear. La ruta completa supera los 200 kilómetros, aunque los tramos más frecuentados por los viajeros se concentran entre Sant Feliu de Guíxols y Palamós, un recorrido de poco más de siete kilómetros que se puede completar en unas dos horas a paso tranquilo.
Tossa de Mar añade a la ecuación costera un ingrediente poco habitual: una muralla medieval del siglo XII que se alza sobre la playa principal y que convierte el baño en una experiencia con telón de fondo histórico. La Vila Vella, declarada Monumento Histórico-Artístico Nacional, es la única fortificación medieval que se conserva a orillas del mar en Cataluña. El perfil amurallado recortado contra el cielo del atardecer es una de las imágenes más fotografiadas de la zona.
La oferta gastronómica de la Costa Brava pivota sobre el pescado fresco y los arroces marineros. En Palafrugell, el restaurante Tragamar, con los pies en la arena de la playa de Canadell, sirve un suquet de peix —el guiso de pescado tradicional— que resume en un plato la esencia de la cocina ampurdanesa. La DO Empordà, por su parte, aporta una carta de vinos que abarca desde blancos frescos hasta tintos estructurados, muchos de ellos elaborados por pequeñas bodegas familiares que han abierto sus puertas al turismo en la última década.





