El capital privado español atraviesa su mayor fuga de talento en dos décadas. Según estimaciones de SpainCap y de firmas de cazatalentos como Korn Ferry, aproximadamente un centenar de gestores ha cambiado de firma o ha dejado el sector en los últimos doce meses. Los nombres que han protagonizado las últimas salidas dibujan un patrón inequívoco: Andrés Rebuelta dejó Permira en abril, Gonzalo Fernández-Albiñana y Juan Entrecanales saldrán de Ardian este verano, y Gonzalo Boada ya había abandonado H.I.G. Capital para levantar la oficina de Andera Partners en Madrid. Y la lista no se ha cerrado.
El éxodo responde a dos fuerzas que empujan en la misma dirección. La primera es estructural: los grandes fondos internacionales han pivotado hacia operaciones de más de 200 millones de euros, un tamaño que apenas existe en España. Aquí, el grueso del pastel se mueve en Tickets de entre 20 y 100 millones. “Si tu estrategia exige tickets de 200 millones, te queda un mercado súper reducido”, explica Loreto González, socia de Korn Ferry. España es, en definitiva, un país de mid-caps, y quienes no han sabido adaptarse están perdiendo a sus mejores ejecutivos.
Donde el deal grande adelgaza y el mid-market engorda
Las cifras oficiales de la patronal SpainCap confirman esa lectura con matices. En 2025, el capital privado invirtió 7.015 millones de euros y protagonizó el mayor número de operaciones de su historia. Pero el dato es engañoso: ese crecimiento lo sostuvo casi en solitario el venture capital, que financió startups y se disparó un 73%, mientras que el private equity puro —el que compra compañías— cayó un 2%. Donde el diagnóstico se vuelve más revelador es en el deal grande: las operaciones de más de 100 millones retrocedieron un 17%, y el capital medio invertido en cada una se desplomó de 286 a 187 millones. En el mismo ejercicio, Estados Unidos, Reino Unido, Francia y Alemania vivían un año boyante en megaoperaciones.
En respuesta, los gigantes que quieren seguir jugando en el mercado mediano europeo han tenido que reinventarse. CVC levantó el año pasado Catalyst, un vehículo de 2.000 millones para tickets de hasta 250 millones —una fracción de los 26.000 millones de su fondo insignia— y Cinven se puso a captar otros 2.000 millones para un fondo mid‑market. Permira, que no dio ese paso, ejecutó su última operación relevante desde Madrid en 2023 con Altamar, y arrastra meses de negociación para vender Neuraxpharm. En ese contexto se marchó Rebuelta. Ardian, por su parte, ha trasladado al mercado que en su nueva etapa se centrará en Francia, Italia y Alemania, y que en España será muy selectiva —justo la estrategia con la que su responsable para el país no comulgaba—.
El resultado práctico es un mercado de ejecutivos de alto nivel que se queda sin terreno de juego. Los que se van no buscan necesariamente un salario más alto; buscan un lugar donde puedan hacer deals. Y ese lugar es, cada vez más, el lower mid‑market o las gestoras locales que aún están compitiendo por activos de 20 a 80 millones.
El verdadero negocio ya no está en las grandes operaciones, sino en el mid-market, donde los precios de entrada son razonables y el retorno es real.

200.000 millones atrapados y un relevo generacional que no llega
La segunda fuerza es doméstica. Los fundadores que levantaron el private equity español hace dos décadas no sueltan ni el poder ni el capital, y la generación que debía sucederles se está marchando. Los casos de éxito existen, pero son los menos. Magnum ha pasado el testigo a Alberto Bermejo, Guillermo García y Jorge Santiago; en Corpfin, la salida de Carlos Lavilla dejó la gestora en manos de socios directores más jóvenes. Artá y Buenavista han seguido un patrón similar. Pero donde el relevo naufraga, se notan las bajas.
Portobello, el mayor fondo del mid‑market español, ha visto cómo en los últimos años se marchaban directivos de la generación intermedia como Raúl Cánovas —fichado por PAI Partners— o Joan Llansó, y fuentes del sector apuntan a más salidas “por el tapón que hay en la cúpula”. Nazca tuvo que precipitar el cambio a principios de 2026: los propios partícipes empujaron para que Celia Pérez‑Beato asumiera la CEO, mientras el cofundador Álvaro Mariátegui quedaba apartado de la primera línea ejecutiva. Alantra está en plena transición y, según fuentes del sector, las decisiones de inversión del nuevo fondo ya recaen en los managing directors de la generación joven: Fernando Ortega, Juan Luis Torres y Ángel Manotas.
A este atasco generacional se suma un problema de liquidez que tiene al sector congelado. El private equity arrastra su peor sequía de desinversiones en años: las compañías compradas en el ciclo anterior no encuentran comprador, los fondos las retienen más de una década y, para ganar tiempo, recurren a vehículos secundarios que recompran sus propias participadas. El experto Javier Recuenco calcula que en España y Portugal hay del orden de 200.000 millones de euros atrapados. Unos inversores que no recuperan lo puesto no vuelven a comprometer capital, y el fundraising se endurece hasta extremos desconocidos. Las desinversiones marcaron su mejor cifra en una década, 4.563 millones, pero no porque la situación sea la ideal, sino por la necesidad de rotar cartera y devolver dinero a unos inversores impacientes. Y la vía de salida más frecuente fue asumir pérdidas, en 147 de las 381 operaciones del año. Mientras, las gestoras españolas acumulan un máximo histórico de casi 7.800 millones esperando a ser invertidos, pero los precios de entrada se han disparado. “En las subastas más disputadas se llega a pagar trece, catorce o quince veces EBITDA”, apunta González.
Análisis: El capital riesgo español se rearma en las trincheras del mid‑market
La foto no es halagüeña, pero contiene la semilla de una reconversión que puede dar frutos. Las casas que están capeando mejor el temporal son aquellas que han elegido nichos o se han especializado en originación bilateral. Inveready opera con vehículos a medida; Nexxus Iberia nació enfocado en el mid‑market; Khemia invierte con la calma que da manejar el patrimonio de un solo family office. El perfil más cotizado ya no es el financiero que cuadra un Excel, sino el que es capaz de ganarse al empresario dos años antes de que decida vender.
La dinámica tiene una lectura generacional y comercial. Mientras que fondos como CVC o Cinven crean brazos medianos para adaptarse, otros se quedan en tierra de nadie. Y los profesionales que salen están explorando dos vías: fichar por esos brazos medianos, o montar su propia firma. El exsocio de Alantra David Santos ha lanzado Aleos Capital junto a Héctor Ciria, y Álvaro Pasquín ha creado con Andbank un vehículo que aplica la filosofia del capital riesgo a cotizadas pequeñas. Es una tercera vía de escape para quienes no ven hueco arriba.
El sistema de private equity español creció deprisa y ahora debe afrontar su propia sucesión generacional y un redimensionamiento forzoso. La salida de talento es el síntoma. La cura pasará por una combinación de gestoras que sepan soltar el poder a tiempo y por un mercado que, con menos ruido de megaoperaciones, vuelva a encontrar valor en las compañías modestas. Como en muchas crisis, quien lo entienda antes se llevará la mejor herencia de las que queden en el camino.





