Moeve ha cerrado el primer semestre de 2026 con un beneficio neto de 641 millones de euros, lo que supone multiplicar por 2,7 las ganancias del mismo período del año anterior. La cifra ajustada, que descuenta la volatilidad del petróleo, alcanza 458 millones, un 41% más que en el primer semestre de 2025. El resultado llega acompañado de una decisión estratégica de calado: el grupo energético arrancará el próximo 17 de septiembre las obras de la primera fase del Valle Andaluz del Hidrógeno Verde, un megaproyecto que prevé movilizar 1.000 millones de euros de inversión y 300 MW de capacidad en Huelva, y que aspira a convertirse en el mayor complejo de hidrógeno renovable de Europa.
Inversión récord en transición energética: el 69 % del gasto ya es verde
Las inversiones del primer semestre ascendieron a 605 millones de euros, un 20% más que en el mismo lapso de 2025, con una cifra récord del 69% de sus inversiones destinado a proyectos de transición energética. Según los datos presentados por Moeve, este empuje inversor se alinea con su plan estratégico Positive Motion, cuyo norte es “liderar la producción de moléculas verdes desde el sur de España”.
El flujo de caja operativo alcanzó los 762 millones de euros, lo que, según la empresa, le permite combinar disciplina financiera con el despliegue acelerado de una cartera de proyectos que pivotan sobre el hidrógeno, los combustibles sintéticos y la electrificación.
“Hemos obtenido un resultado financiero sólido a la par que hemos impulsado unas inversiones sin precedentes para la compañía en materia de transición energética, incluida la construcción del mayor proyecto de hidrógeno verde de Europa”, afirmó Maarten Wetselaar, consejero delegado de Moeve.
Un megaproyecto con fecha: el 17 de septiembre
La primera fase del Valle Andaluz del Hidrógeno Verde arrancará el 17 de septiembre con una ceremonia de colocación de la primera piedra que simboliza la materialización de varios años de tramitación. El proyecto contempla 300 MW de electrólisis alimentados por plantas solares y eólicas, con una inversión total de 1.000 millones de euros y la previsión de generar hidrógeno verde y sus derivados —como metanol renovable— para descarbonizar sectores de difícil electrificación, como el marítimo y el químico.
El giro de Moeve no es incremental: con el 69% de la inversión verde, la petrolera abandona el refino tradicional y se juega su futuro a un vector energético que todavía busca clientes.

Fusión con Galp y el nuevo mapa energético ibérico
En paralelo, las conversaciones con la portuguesa Galp para fusionar determinados negocios del negocio downstream —refino, comercialización y distribución— “siguen avanzando de forma constructiva”, según el propio Wetselaar. Ambas compañías mantienen la intención de firmar un acuerdo vinculante durante el segundo semestre de 2026, una operación que crearía dos grandes plataformas con capacidad para capear la transformación del sector y que reforzaría el peso ibérico en la descarbonización.
El escenario es de una urgencia estratégica. Las tensiones geopolíticas —desde Oriente Medio hasta la guerra de Ucrania— han vuelto a poner de manifiesto la dependencia europea de los combustibles fósiles importados. A eso se suman los fenómenos meteorológicos extremos que alimentan la presión regulatoria y social para acelerar la transición. En ese tablero, el hidrógeno verde producido en el sur de España a precios competitivos aspira a ser una baza industrial y una fuente de autonomía energética para la UE.
Sin embargo, la apuesta no está exenta de riesgos. El hidrógeno verde sigue siendo un mercado emergente: la demanda firme de los grandes consumidores (acerías, navieras, refinerías que buscan descarbonizarse) apenas ha comenzado a cristalizar. Moeve está invirtiendo en capacidad productiva antes de que existan contratos de compra a largo plazo en volumen suficiente, lo que la expone a un riesgo de ejecución si la regulación europea no acompaña con mandatos claros de consumo o si los sobrecostes de producción no se trasladan al precio final.
Otro factor de incertidumbre es la integración con Galp. Aunque ambas partes destacan el “importante valor estratégico” de la operación, los precedentes de fusiones en el sector energético ibérico muestran que los procesos de integración pueden alargarse y consumir recursos directivos en un momento en el que la agilidad es clave. No obstante, si el acuerdo se cierra, la nueva entidad podría convertirse en uno de los mayores jugadores de productos petrolíferos y renovables de la península, con economías de escala en la producción de hidrógeno.
La cuenta atrás para el 17 de septiembre ya ha empezado. Ese día, Moeve pondrá la primera piedra del Valle Andaluz del Hidrógeno y, con ella, sellará su apuesta más ambiciosa. Mientras tanto, los mercados y la competencia miden cada movimiento de una empresa que ha decidido jugarse su futuro en el tablero del hidrógeno verde.




