Mercedes arranca en Vitoria la producción en serie de su furgoneta 100% eléctrica

La planta alavesa estrena la nueva VLE con el respaldo del lehendakari y del ministro de Industria. La automoción vasca refuerza su papel en la transición eléctrica europea.

Mercedes-Benz ha dado un salto cualitativo en su estrategia eléctrica. La planta de Vitoria-Gasteiz ha comenzado a producir en serie la nueva VLE, la primera furgoneta 100% eléctrica desarrollada desde cero por la compañía para el segmento de comerciales ligeros. El inicio de la cadena de montaje, que se ha hecho oficial este 13 de junio de 2026, convierte a la factoría alavesa en la referencia europea para la próxima generación de vehículos comerciales cero emisiones de la estrella.

Hasta ahora, las instalaciones vascas ensamblaban versiones electrificadas de modelos ya existentes, como el eVito o el eSprinter. La VLE cambia las reglas: nace sobre una plataforma modular diseñada exclusivamente para propulsión eléctrica, lo que optimiza espacio, peso y costes de fabricación. Esto permite que el vehículo ofrezca mejores prestaciones y, previsiblemente, un precio más competitivo que sus predecesores conversiones.

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Un arranque con el sello del Gobierno vasco y del Ejecutivo central

El Lehendakari, Iñigo Pradales, y el ministro de Industria y Turismo, Miquel Hereu, no han querido perderse el arranque. Pradales subrayó que “Euskadi ha de tener capacidad de sacar la cabeza ante gigantes globales”, un mensaje que resume la necesidad de no depender exclusivamente de multinacionales extranjeras. Hereu, por su parte, sentenció que “la transición al eléctrico ya no es una promesa, está ocurriendo”, y vinculó el proyecto a los fondos del PERTE VEC.

La planta vitoriana, que da empleo directo a más de 5.000 personas, ha recibido una importante inyección de capital para adaptar sus líneas. Aunque los detalles económicos no se han hecho públicos, fuentes del sector estiman que la cifra supera los 400 millones de euros, repartidos entre la instalación de robots colaborativos, nuevas estaciones de baterías y la formación de personal. Esta inversión garantiza la producción de varias decenas de miles de unidades al año y la estabilidad laboral para la próxima década.

La nueva VLE no es solo un modelo: es la prueba de que la fabricación de eléctricos puede arraigar en territorios industriales con décadas de experiencia.

Efecto dominó sobre el tejido industrial vasco

El arranque de la VLE tiene consecuencias que van mucho más allá de los muros de la fábrica. Más de 200 empresas auxiliares del sector de automoción en Euskadi dependen, en distinto grado, de la actividad de Mercedes Vitoria. La electrificación implica componentes distintos —baterías, electrónica de potencia, sistemas de gestión térmica— y eso abre un nuevo escenario para los proveedores. Los que antes suministraban piezas para motores diésel deben reinventarse o ceder terreno a nuevos actores especializados.

El clúster vasco de automoción (Acicae) ya ha puesto en marcha programas de reciclaje masivo para que mecánicos e ingenieros se adapten a los requerimiento del vehículo eléctrico. La VLE funciona como un laboratorio a escala real donde esas transiciones se están testando antes de extenderse a otras plantas del grupo en Alemania o China.

Análisis: ¿Qué lugar ocupará la VLE en el mercado europeo de furgonetas eléctricas?

El segmento de comerciales ligeros eléctricos se ha calentado en los últimos dos años. Stellantis (Peugeot e-Expert, Citroën ë-Jumpy, Opel Vivaro-e), Ford (E-Transit Custom) y Renault (Master Z.E.) ya luchan por las flotas de reparto y servicios urbanos. Mercedes no entra con una propuesta de nicho: quiere competir de tú a tú apoyándose en su reputación de durabilidad y en una red de postventa que cubre toda Europa.

El verdadero desafío no está en la tecnología del vehículo, sino en la infraestructura de recarga. Las grandes flotas necesitan cargadores ultrarrápidos en sus centros logísticos, y las administraciones públicas aún van con retraso. En España, la falta de puntos de carga públicos en polígonos puede ralentizar la demanda, aunque la entrada en vigor de las ayudas del Plan MOVES IV y del Impulso a la Cadena de Valor del Vehículo Eléctrico (ICV) —anunciado para el segundo semestre de 2026— podría acelerarlo.

Otra variable: la normativa EURO 7 y los límites de emisiones de CO2 para flotas que entrarán en vigor en 2027. Los fabricantes que no vendan un porcentaje suficiente de vehículos limpios se enfrentarán a multas millonarias, lo que podría provocar una guerra de precios y un exceso de oferta. Mercedes, con la VLE fabricada en Vitoria, asegura flexibilidad para ajustar producción según demanda real, sin acumular stock no vendido. Es una estrategia conservadora, pero que ha funcionado bien en otros segmentos.

La decisión de arrancar en España, además, no es casual. La mano de obra cualificada, los costes laborales más contenidos que en Alemania y la cercanía al mercado ibérico y norteafricano convierten a Vitoria en un activo estratégico. Si la VLE cumple con los objetivos de ventas, la planta podría captar futuros modelos de la familia eléctrica y consolidarse como el centro de gravedad de la furgoneta del mañana.


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